Escribir a mano podría hacernos más sensibles e inteligentes

La escritura manual supone grandes beneficios y un gran estímulo para el desarrollo del aprendizaje. Pese a ello, ante la revolución tecnológica, su práctica está cada vez más en desuso en las aulas de clases, sobre todo en las universitarias.

“Hoy no se escribe, se anota. La escritura manual ha perdido su carácter utilitario. En el colegio se sigue escribiendo, pero cuando se llega a la Universidad se pierde”, admitió la calígrafa Anna Coll en un informe del diario El Mundo de España.

Juan Antonio Núñez, profesor de Desarrollo de Habilidades Lingüísticas y Lectoescritura y coordinador del Centro de Escritura de la Universidad Autónoma de Madrid, opina que la caligrafía debería convertirse en una estrategia didáctica, no sólo en primaria, sino en secundaria y en la universidad.

“Escribir en papel favorece la transformación del conocimiento, porque de esta forma hay que procesar, sintetizar, reflexionar, analizar y categorizar. Hablamos de un proceso de abstracción donde se está continuamente tomando decisiones”.

Lo que Voltaire consideró “la pintura de la voz” pareciera ser cosa del pasado ante el avance tecnológico. Foto Web.

Al respecto el psicólogo educativo Antonio Labanda señala que cuidar la coordinación visomotora que se genera con esta práctica “es fundamental no solo para el desarrollo neurológico, también para mantener una atención insustituible con la que poder evitar faltas de ortografía viendo al instante lo que se está haciendo cuando hay que darle más rapidez a la escritura”.

Numerosos estudios apoyan cada una de estas afirmaciones. Uno de los que más han dado de qué hablar es el publicado en 2012 por Karin Harman James, investigadora del Departamento de Ciencias Cerebrales y Psicológicas de la Universidad de Indiana (Estados Unidos) y experta en esta materia desde el punto de vista neurológico.

Se realizó escáneres cerebrales a niños que aún no sabían leer ni escribir para comprobar qué regiones se activaban al pedirles que reprodujeran una letra de tres maneras: dibujándola en un papel, trazándola sobre una línea de puntos y mecanografiándola.

Los resultados desvelaron que los niños que la escribían a mano alzada mostraban una mayor actividad cerebral en tres áreas del cerebro que se activan en los adultos cuando leen y escriben: el giro fusiforme izquierdo, el giro frontal inferior y la corteza parietal posterior.

Los resultados desvelaron que los niños que la escribían a mano alzada mostraban una mayor actividad cerebral. Foto Web.

En esa línea, Anna Pujol, neuróloga del Instituto Oliver & Ayats en el Centro Médico Teknon de Barcelona, apunta que el hecho de que el volumen de activación sea mayor y que la escritura manual ponga en marcha habilidades que conectan el hemisferio izquierdo con el derecho hace que “tejamos redes más complejas que en el teclado y sentemos las bases de nuevos aprendizajes” que permiten generar más ideas y conceptos.

De ahí que educadores como Juan Antonio Núñez insistan en que el dominio de la caligrafía va siempre ligado al conocimiento. Esta idea contrasta con la decisión adoptada en 2016 por Finlandia (país con uno de los sistemas educativos más avanzados de Europa, según el informe PISA de la OCDE) de que sus niños dejarán de aprender por obligación la letra manuscrita cursiva para enfocarse en la mecanografía de cara al futuro profesional.

En España, ese mismo año, Ipsos publicaba el estudio “Vuelve a escribir”, en el que revelaba que un 75% de los españoles había dejado de escribir a mano. A su vez, en una encuesta realizada por Samsung a 1.001 españoles se desprendía que lo hacemos únicamente para temas selectivos como redactar la lista de la compra (80% de los encuestados) o corregir textos (75%).

Nada de esto podría imaginarse en un país como China, donde su escritura, inventada en tiempos del emperador Huangdi (2695-2598 a.C.), es considerada como un arte que apenas ha variado desde entonces. La profesora de caligrafía, pintura y lengua china de la Universidad Pompeu Fabra y de Casa Asia, Hsiao Lin Liu, señala la importancia que se le sigue dando allí al igual que a la artesanía.

Expertos de la buena letra como Núñez, Coll o Padilla siguen poniendo el acento en la caligrafía para que sus beneficios vayan más allá de la infancia.  Foto Web.

“Escribir a mano está muy interiorizado. Supone un camino hacia la meditación porque para hacerlo necesitas estar tranquilo”. A la vez que recuerda las dos horas diarias de caligrafía que recibía durante su niñez en Taiwán. Liu remarca que, pese a que allí también ha perdido fuerza en los últimos años y a que la simplificación de trazos ha provocado que nuevas generaciones tengan problemas para leer obras antiguas, sigue habiendo un gran respeto por sus valores y ventajas.

En cualquier caso, en esta era digital en la que se envían más de 269 millones de e-mails al día según un estudio de Racicati Group, expertos de la buena letra como Núñez, Coll o Padilla siguen poniendo el acento en la caligrafía para que sus beneficios vayan más allá de la infancia. Ya sea por mejorar nuestro aprendizaje, por afición, por terapia, por respeto a quien nos lee o quizá sólo por conservar lo que el filósofo Voltaire consideraba “la pintura de la voz”.

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