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    Santiago, Estadio Víctor Jara, sábado 12 de julio. Chile una sociedad de contradicciones dicen algunos. Prefiero señalar que se trata de una sociedad de mentiras, de engaños, de cinismo, de atropellos y de falsedad. Aquí se puede decir de todo mientras no se escuche, aquí se permite todo mientras no se haga nada que afecte a la autoridad. Aquí una marcha nazi es autorizada y circula por el Paseo Ahumada de Santiasko. Un jarro de agua arrojado sobre un alguien es una ofensa mortal, un periodismo complaciente y servil es lo que la mayoría acepta, una representación de la normalidad es lo que todos compran y abrazan en sus tiernos sueños. Tres bandas hablando de dolor, de rabia, de violencia, de mentiras, del paso del capitalismo al canibalismo actual y de la muerte de los pueblos oprimidos pueden hacerlo, mientras lo hagan circunscritos a un espacio reducido, sin salida masiva de sus contenidos y bajo la atenta mirada del Estado represor.
    Por eso mismo llegan menos de los que pensaba, por eso algunos prefieren no ir y decir: “ellos ya son parte del sistema”. Eso pareciera ocurrir. La supuesta aceptación de las reglas que el poder le exige a la existencia de estos recitales los enmarca dentro de una supuesta oficialidad que aleja a aquellos que prefieren el no transar y mantenerse en el ámbito más underground.
    Por eso que un grupo con 23 años de rock combativo a cuestas, como los argentinos de Todos tus Muertos, venga y presente gran parte de sus éxitos, que se recogen en su nuevo disco “Greatest Hits” (2008), no cumple a cabalidad sus efectos. Sólo los allí presentes recuerdan y experimentan que la actual formación recoge se hace cargo de ser  considerados un emblema del rock combativo y social, con su música que fusiona el punk con el reggae, raggamuffin, hip hop, hardcore, ska y ritmos de raíz afrolatina. Dentro de lo presentado, los trasandinos ofertaron al comienzo de la noche, entre otras, “Lehenbiziko bala”, “Todo lo daría”, “El camino real”, “Rasta vive”, “Tu alma mía-Adelita” -aquella que Los Miserables también registraron-, “Los Envidiosos” y la nueva “Sea lo que sea”. Luego de seguir con varios de sus registros más conocidos, Todos tus Muertos cerró su noche haciendo un recorrido por “Ándate”, “Mate”, “Dale aborigen” y “Trece”, que no solo hacen vibrar y bailar a los asistentes, sino que significan y reflejan el contraste de los universos paralelos que se logran construir tras unas paredes, y que luego vuelven a desaparecer al enfrentar la calle y ver esos rostros enfermos que se enfundan tras los uniformes.


    Mundos o espacios que esa noche se habían comenzado a indagar desde el trabajo de las bandas BBS Paranoicos y Fiskales Ad Hok. La primera que mezcló sus temas clásicos con algunos de su disco Antídoto (2007), en un género que los ha distinguido desde sus inicios y que se puede catalogar como un hardcore melódico, no tan ruidoso, y que confía en riffs bien marcados, base rítmica acelerada, composiciones breves. Una banda efectiva, con fuerza y actitud. Los segundos presentaron en menos de 45 minutos, doce canciones, que mezclaron las distintas épocas de la banda. A pesar de lo corto y como ha sido una constante en sus años de trabajos y presentaciones en vivo, es posible desprender de estas varias lecturas (sociales, culturales, estéticas), que el auditor puede tomar o no, pero que muchas veces quedan solo como golpes enérgicos de guitarras agudas, acordes mínimos, melodías más o menos pegajosas, y letras cargadas de urgencia.
    Tal como se ha dicho los auditores recibieron esa noche una carga de ideas, contenidos, frases elaboradas, estéticas, palabras sueltas, emociones, sonidos e imágenes que se instalan por algunos minutos, que se disfrutan, que sacan otras expresiones, que liberan el cuerpo y la mente, y que luego se pierden, se enfrían en la noche, se desparecen como los grupos de caminantes que se dispersan en la noche de la ciudad, siempre bajo la atenta mirada del controlador.

    Texto: Jordi Berenguer

    Fotos: Eve Cazenave

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