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    Paula Ilabaca, es una de las poetas que en los últimos años ha llamado la atención por su trabajo, siendo considerada una de las voces más interesantes entre quienes comenzaron a publicar a contar del año 2000. Licenciada en Letras con mención en Lengua y Literaturas hispanoamericanas, ha publicado sus poemas en la antología Círculo infinito (Al Margen Editores) y en las revistas Mercado Negro, Matadero, Derrame y Rocinante. En el año 2003, publica el libro Completa (Editorial Contrabando del bando en contra). En el año 2004 aparece en el disco Oscilación, que reúne poesía y música electrónica. Perteneció al dúo performancístico Antifaz, desarrollado junto a Héctor Hernández Montecinos. Además es coautora y actriz principal en diversos y pequeños registros en video que se congregan en La Cinemateca (1999-2001). En el 2006 publica la ciudad lucía (Editorial Mantra). Una tarde de otoño, conversamos con ella en el Café Colonial. En tus comienzos, participaste en el dúo performancístico “Antifaz” junto a Héctor Hernández ¿Qué relación ves entre la poesía y una perfomance? ¿Cuál sería el aporte? Eso comenzó en el Campus Oriente, cuando estudiaba Letras. Pienso que las lecturas están obsoletas, en el sentido que las conocemos. Asiste escaso público, y generalmente es el mismo que va leer, diez o quince personas que leen cinco o quince minutos cada uno. Por eso me interesa hacer perfomance, porque es más llamativo y cautiva al auditorio. Aunque también he participado en lecturas donde sólo he leído, pues la mayoría de ellas se estructuran de la manera que te comentaba. ¿Podrían quitar lectores estas puestas en escena? Te lo pregunto pensando en que el público se acostumbre a las perfomance y las prefiera antes de leer un libro. Puede ser. Cuando publiqué la ciudad lucía, con el disco, unas personas me comentaron que era mucho mejor porque así se podían llevar la voz de la poeta. Que al texto solo, le faltaba algo. También está la experiencia del disco “Oscilación”, que reunió a poetas y músicos para combinar lectura con música electrónica. A la gente le gusta este tipo de combinaciones. Entre la publicación de Completa y la ciudad lucía, hay una búsqueda que apunta hacia la prosa poética ¿Cómo se desarrolla ese cambio? En Completa, eran poemas como se entienden los poemas, con un título y luego un desarrollo sintético, pero en la ciudad lucía comencé a trabajar, no sé si prosa poética, sino más bien un ritmo. Me he dado cuenta de que he ido trabajando ritmos, son los ritmos del lenguaje los que me motivan. En Completa el lenguaje era quizá demasiado opaco, enredado, que a mí me decía mucho. Pero no sé si al receptor le decía lo mismo. En la ciudad lucía existe un cierto distanciamiento de lo que estaban escribiendo poetas de tu generación ¿Existe algún intento de desprendimiento respecto a esa generación? No. Solamente es algo mío, soy súper caprichosa para escribir, me dejo llevar por lo que quiero hacer, y más que nada por lo que me gustaría leer. Quizá suene un poco extraño, pero pienso: esto me gustaría leer y escribo en base a eso. En todo caso, que no se entienda este proceso como una especie de vanidad, es simplemente un impulso, una necesidad. Sobre el nuevo libro que preparas, La perla suelta ¿Qué nos puedes decir? Hace muy poco tiempo que lo venía trabajando, un año exactamente, muy poco tiempo en relación a Completa o la ciudad lucía, y este año me decidí a terminarlo y publicarlo. Apareció la posibilidad de sacar la segunda edición de la ciudad lucía en Lima, Perú. Entonces yo le plantee al editor que tenía un nuevo trabajo, se lo envié y me respondió que le había interesado y por lo tanto lo publicaría quizás a fin de este año o principio del próximo. Apareces en la antología Cantares de Raúl Zurita, que reúne a poetas de las últimas generaciones y provocó controversias ¿Crees que la antología tendrá la trascendencia que se supone tendría que tener? Pienso que sí. Porque es un libro que en el poco tiempo que lleva publicado se ha movido harto. Mucha gente conoció a poetas que habían tenido escasa difusión y se enteró de lo que estaba pasando en la poesía más joven. Es un libro importante en ese sentido. Antologías de este tipo son siempre apuestas en el tiempo ¿Qué porcentaje de lo que se incluyó crees que quedará? Yo creo que un sesenta por ciento. Hay escritores muy jóvenes de los que no escuché más. Aunque puede que obedezca a que hay escritores más públicos que otros. También existen los que aparecen en una antología y luego no vuelven a escribir ni publicar. Respecto a la crítica ¿Consideras que en Chile hay crítica seria, por decirlo de algún modo? No. Yo creo que los espacios de crítica seria están en las universidades, pero en los medios de prensa, en general, sucede mucho que a un libro no lo presentan de una manera conmovedora, rebelde, llamativa. La crítica más comprometida en el análisis riguroso y también en discursos más arriesgados, en los que se mezcla una nueva forma de leer los libros, lo digo pensando por ejemplo en la crítica que ejerce Patricia Espinosa, a quien admiro y respeto muchísimo, se da en los espacios académicos. Por otro lado, está el problema de que existe también, mucha crítica que suele caer en discursos crípticos que muy pocas personas entienden. Eso hace aparecer a la poesía como algo demasiado elitista, lo que provoca más el alejamiento de la lectura que su incentivo. Un día un amigo me dijo: cuándo publique un libro quisiera que esté en todos los hogares de Chile. Y qué lindo sería que eso sucediera con nuestros libros, en el sentido de que se planteara una nueva forma de leer, de vivir un libro, de confundirlo con las vivencias propias o ajenas, de sufrirlo, de odiarlo o amarlo. Tú participaste en el evento llamado Poquita Fe, que fue quizá una manera de buscar o tomarse espacios a través de la poesía, que de alguna manera eran negados. En ese sentido ¿Crees en el compromiso social del escritor? Sí, por supuesto. Pero sí creo que, en este momento, tenemos un compromiso de abrir más vías de comunicación a través de la poesía en el sentido de la estética. La poesía social no es solamente el panfleto, como se tiende a pensar, aunque necesario en su momento. Por ejemplo, a través de la estética que desarrollan los poetas Diego Ramírez y Héctor Hernández, también se puede hablar de lo que nos está pasando a nosotros como jóvenes, cómo nos relacionamos con lo que está sucediendo a nuestro alrededor. El evento Poquita Fe además permitió el contacto con poetas de las regiones y pudimos empaparnos de otras realidades de nuestro país. Santiago no es Chile. Es importantísimo para un poeta leer a otros poetas que escriben sobre realidades distintas a la de uno. Asimismo, hacer grandes amigos de otros países, pienso por ejemplo en mis queridos Rodrigo Flores y Alejandro Tarrab, ambos de México o mi amiga Roxana Crisólogo, Giancarlo Huapaya y Harold Alva, de Perú, todos escritores a quienes quiero y recuerdo y me comunico lo más seguido que puedo con ellos. ¿Crees que los poetas leen lo suficiente? No todos. No quisiera hablar de escritores malos o buenos, pero me parece que cuando un poeta no tiene muy desarrollada una voz poética, uno se da cuenta enseguida de que no ha leído mucho. Siempre va a existir una relación entre la cultura de un poeta y su propuesta discursiva. ¿Qué piensas de quienes se desviven por ser Él Poeta, algo que muchos anhelan? Lo encuentro un poco ridículo, o inocente quizá. Es un desgaste innecesario, terrible. La fama no es el objetivo de la poesía, lo importante es aprender y tratar de escribir cada día mejor. Aprender es relacionarse con otras artes como un complemento. Coquetear con los registros de la pintura, la fotografía, el cine, la música, es internarse en mundos necesarios y que nos dejan un conflicto artístico, maravilloso. Un poeta no puede ensimismarse, debe conocer las manifestaciones de la sociedad. Hay algunos, por ejemplo, que dicen yo no voy a una disco porque soy poeta e ir es frívolo. O que una poeta no puede ser glamorosa y pintarse los labios. No voy a andar con bigotes. Hay muchas poses absurdas. Hoy vivimos la era del Internet ¿Consideras que esto es un impedimento para que la gente se acerca más al libro, para que compre más libros? Siempre existirá gente que quiera el libro como fetiche. No creo que muera el libro a causa del Internet. Es fabuloso navegar y encontrar libros y poder bajarlos, sobre todo los que no llegan a Chile, pero el amor por el libro como objeto y las bibliotecas existirá siempre. Tu generación se desarrolla durante la llamada transición ¿Cómo se manifiesta la parte social en tu poesía? Tal vez lo más notorio, sería la presencia de la mujer en espacios cotidianos o en espacios ficcionales o voces que pueden ser deseos de mujeres. O grandes dolores en la transformación de la sociedad que se produce en los años noventa. Es el caso de la ciudad lucía, por ejemplo, donde trabajé una puesta en escena de interrelaciones de género femenino entre una madre y su hija. ¿Encuentras legítimo el uso de la poesía con la intencionalidad de provocar cambios en la sociedad? Por supuesto que sí, sobre todo en la libertad de pensamiento, que es la que conduce a provocar los cambios necesarios en una sociedad. El libro es importante como un transmisor de cultura, pero la poesía como acto, como performance que rompe un transcurso cotidiano y rutinario, es también súper importante. Atrae al público, lo despierta, lo encanta. O puede ser que también lo confunda. Sin embargo, es fundamental el riesgo y, por qué no decirlo, el ideal es llegar a todos los ámbitos de la sociedad. ¿Cómo llevas tu trabajo poético en el día a día? ¿Trabajas o sólo te dedicas a escribir? Desde que salí de la Universidad y como soy Profesora de Castellano, siempre he trabajado. He estado en ambientes de trabajo muy amables y otros bastante disonantes, pero que me ayudaron a madurar, a no creer que soy la última revelación del mundo; que me enseñaron a valorar también los espacios de libertad que la escritura me entrega. El trabajo que más me ha robado el corazón, ha sido enseñar en la Escuela de Investigaciones Policiales, donde comencé como profesora del área de Comunicación y ahora trabajo ahí a tiempo completo; pues además de dar clase, me encargo del Área Cultural. Pienso que es estrictamente necesario que un escritor o escritora se relacione con la sociedad, que intente compartir, y no imponer, nuevas miradas, discursos, que se esfuerce y trabaje por una comunidad que comprenda que la libertad está en los libros, en el cine, el teatro, en la música; o que pueda darle un giro al tipo de programas que estamos viendo día a día en la televisión tanto chilena como mundial, y vea en ellos cómo somos; en fin, no abocarse sólo a la literatura, si no que también amar todas las expresiones artísticas y callejeras, y realizar un cúmulo de actos extraños y bellos que nos hagan recordar nuestra vida como algo valioso, algo que valió la pena vivir. O juntar historias para contarles a nuestros nietos, como siempre decíamos con mi amigo Héctor Hernández, después cada una de las crípticas e hilarantes performances que hicimos juntos. Por Alejandro Lavquén

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