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    Van a empezar más o menos puntuales, ya que son muchos ‘monos’ me dice un conocido unas horas antes de empezar la tocata. Y tiene razón en que son muchos, en lo otro se equivoca un poco. La pregunta es ¿cómo parar a seis intérpretes en una tocata sin que se alargue demasiado y cada uno pueda mostrar su trabajo? La solución es simple, cada uno va a tocar tres o cuatro temas, sin derecho a replica, lo que en algunos casos resultan una pena, y en otros una generosidad.
    El río corría como telón de fondo, cargado con aguas de deshielo. Un sillón antiguo, una mesa con una jarro de agua y un vaso, un lámpara de pie por iluminación, más al alfombra son la escenografía-escenario que espera para su set acústico a los ‘monos’ de mi amigo. Rompe el hielo de la noche el porteño Diego Peralta, se para y se da con tres temas al hilo, que suenan muy iguales y nerviosos. Apurado, sin definirse aún que quiere comunicar, pero encaminando sus pasos hacia algo que aún no tiene un tinte propio. Se desmarca “Liso oscuro”.
    La siguiente en la noche es Camila Moreno. Y el salto que se genera es muy cuantitativo, y no sólo por Peralta, sino que ella construye un momento que queda dando vuelta todo el resto de la velada. El propio Fernando Milagros se hace parte del público y la escucha, así como también, el compañero de ella en Caramelitos, Tomás Preus, que desde una tercera fila va adelantando los temas, va describiendo cuando ella dejará la guitarra y acompañara su voz con las palmas, y la acompaña desde su asiento. Pero sus cuatro temas, tres ya digeridos desde la web -“Siempre que hago algo”, “Ay” y “Antes que”-, para aquellos que recibimos el dato de su existencia, son una demostración de fuerza, de notable construcción, de entrega y ganas de hacerte sentir aires de bellezas y verdad, más un poco de rabia.
    Sin sus chalas, con los pies cruzados sobre el sillón, y apretando los dientes Camila dice lo justo, y logra tras esos pocos minutos tener a varios rendidos, y los deja enredados en la sencillez abrasadora de sus acordes, de las letras y de su voz.
    Dan ganas de pedir más, pero ya está sobre el living inventado sobre el puente, Matías Cena. Carga su guitarra -el instrumento de la noche- y su armónica. Va de frente con sus temas, cruza ironías y bromas que no son de fácil lectura colectiva, y que se pueden mal interpretar, mientras despliega sus temas, que tienen en “Reclamos del consumidor”, lo más logrado de su paso de pie frente a los asistentes, algo que fue como dice su tema, una “Canción sobre la marcha”. Luego Mowat, que le baja aún más lo decibeles y la calma a la jornada. Se saca su reloj, lo deja en la mesita, se sienta, e inicia una emotiva y expresiva entrega. La primera tiene unos tintes de algunas piezas de Pedro Aznar, luego en inglés -incomodado por un celular en el bolsillo-, y cierra a medías con Javier Barría, con el tema “Asirse”, una búsqueda distinta a lo mostrado.
    El mismo Barría es el eslabón que viene. Otro que lo hace de pie, y sin esperar a que uno lo distancie de lo realizado recién junto a Mowat, aborda sus piezas. En ellas destacan “Envases” y “Té”, donde los engranajes parecen bien aceitados, pero muy planos, por lo menos en las versiones presentadas.
    El cierre corresponde al mencionado Milagros, que carga con la espera, y lo confirma al decir que ya está todo dicho, y que solo queda desintoxicarse de guitarra. Pero lo de él enriquece la intoxicación, se sienta en el sillón y le da matices a la noche, la construye con confianza, con seguridad en su aporte, con piezas variadas, con dejos de blues de carne y alma, con una voz que se arrastra y atrapa, y que a la vez traiciona los tópicos del género. Se acomoda, se une con la guitarra, se curva con la música, y a la carga con una “Nadadora” chilota y folk,  con un “Song of Judas” que ratifica lo expresado, y con aquella “Reina japonesa” que ya de entrada embruja y capta la atención. Para cerrar junto a Leo Quinteros (el séptimo en cuestión), interpretando a Atahualpa Yupanqui. ¿Algo más?

    Fernando Milagros, Camila Moreno, Mowat, Javier Barría, Matías Cena y Diego Peralta.
    Jueves 23 de octubre
    Teatro El Puente.
    $ 3.000

    Por Jordi Berenguer

    Fotos de Cristóbal Edwards

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