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    Alma Ata trazó un horizonte respecto a la necesidad de garantizar la salud como un derecho social universal y humano. A entender la salud como un proceso de producción de bienestar integral y no sólo de administración de la morbilidad. A concebir a los equipos de salud interdisciplinarios, unidos y entrenados para responder a las necesidades de la comunidad. A prestar servicios de promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación de manera integral e integrada. A enfrentar la inequidad y entender el rol de la salud como un elemento importante en el desarrollo socioeconómico de un país y sobre todo a entender a la atención primaria como la estrategia más eficiente para aspirar a una salud para todas y todos.

    A 40 años de este ideario nos encontramos con una salud individual dicotomizada entre derechos de acceso a la asistencia y bienes de consumo, que instala la lógica perversa de una salud para ricos y otra para pobres. Con un sistema estatal insuficiente que no logra garantizar del todo los derechos en salud de manera universal y que además subsidia al sector privado, con un financiamiento estatal precario de la salud y en particular de la Atención Primaria en Salud.  Y con un seguro de salud que pese a declararse mixto, termina fortaleciendo el lucro de las Isapres.

    Del mismo modo nos encontramos con un mercado incapaz de regular precios en medicamentos e insumos fortaleciendo oligopolios, aumentando el gasto del bolsillo en salud. Con una enseñanza superior en salud mayoritariamente funcional a la lógica de mercado y poco a las necesidades de las comunidades. Con una ley de participación en salud que no es vinculante y que tiende más a la burocratización que a los cambios que las comunidades demandan. Una política laboral, que reduce a los trabajadores como subalternos y no como equipos cogestores o productores de salud. Y  con un sistema asistencial fragmentado, basado en la preeminencia del modelo biomédico, que prioriza los procesos de tratamiento y en menor medida la prevención y promoción de la salud.

    Si bien en gran medida le debemos este sistema de salud a la dictadura y la derecha, las reformas  de la Concertación no fueron capaces de resolver el desafío de garantizar derechos en salud de manera universal, realizando cambios cosméticos al sistema, legitimando directa o indirectamente el modelo neoliberal a través de la administración de la crisis de la Salud Pública y en particular de la Atención Primaria.

    En este último punto los gobiernos locales han tenido que administrar la salud primaria sin los recursos suficientes para garantizar derechos, poniendo en tensión cruzada los intereses de la administración municipal, los trabajadores y la comunidad. Esta tensión es la expresión de la imposibilidad de garantía de derechos, que pone al gobierno local en una posición potencial de transformación y tensión con el gobierno central para una salida democrática a la crisis de la Salud Pública.

    Crisis que no puede seguir siendo administrada acríticamente, requiere del  desarrollo de políticas tipo “upstream” o contra la corriente, conectadas con las necesidades de las comunidades y los territorios. Requiere la repolitización de las políticas públicas y comprender que los gobiernos locales pueden ser facilitadores de procesos emancipatorios más que de administración del status quo y por tanto de la inequidad en salud.

    En este contexto desde Valparaíso, la alcaldía ciudadana ha diseñado una planificación sanitaria en conexión con la planificación de ciudad, que entiende que producir salud es producir ciudad. Con una ética política que entiende a los trabajadores y ciudadanos en general como productores de salud y por tanto co-gestionadores y corresponsables de ello. Con una práctica sanitaria que no siendo asistencialista ni clientelar se pone al servicio de las necesidades de las comunidades.

    Con una política de intervención en la economía local que interviene en el mercado y pone coto al lucro en salud, a través de su red de farmacias y óptica popular. Con una política de participación que incorpora a los sindicatos y consejos de salud en el proceso de planificación y gestión. Con una alianza con las universidades públicas locales, que permiten la producción de salud en los territorios y en la gestión. Y lo fundamental, con una noción colectiva de la salud, comunitaria, solidaria, participativa, cooperativista e integral que entiende la diversidad de prácticas y saberes en esta materia y que no se reduce al modelo biomédico tecnocrático institucionalizado.

    De este modo y reivindicando la declaración de Alma Ata, la alcaldía ciudadana se propuso en materia de salud, convertir a Valparaíso en una ciudad saludable, equitativa y feliz, con el propósito de contribuir a mejorar las condiciones de vida y bienestar social subjetivo de los habitantes de Valparaíso, a través de la entrega de cuidados integrales de calidad y la participación de la ciudadana en la producción de salud.

    Para lograr este desafío nuestra planificación comunal se ha propuesto avanzar en la construcción cogestionada de una salud para todos y todas, a la altura del Valparaíso y del Chile del Siglo XXI, tal como  lo fue esta consigna hace 40 años!!

    Por Alejandro Escobar Lobos

    Director del Área de Salud de la Corporación Municipal de Valparaíso y miembro de la Cooperativa de Ideas Vía Porteña.

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