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    El carbón es la forma más antigua y sucia de generación eléctrica. En Chile existen 27 termoeléctricas a carbón, todas ellas localizadas en sólo 5 comunas: Tocopilla, Mejillones, Huasco, Puchuncaví y Coronel, llamadas zonas de sacrificio por los altos índices de contaminación local, lo que ha obligado a la autoridad a decretar las 5 comunas como zonas saturadas y elaborar Planes de Descontaminación.

    El principal impacto de la generación eléctrica en base a carbón es la emisión de contaminantes atmosféricos, como: material particulado (PM10), dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx), y metales pesados (mercurio, vanadio y níquel), los que afectan gravemente a la salud de la población y los ecosistemas locales. Adicionalmente, emiten altos niveles de dióxido de carbono (CO2) que incide fuertemente en el calentamiento global.

    Las carboneras dominan hoy el mercado eléctrico generando el 44 por ciento de la energía de la matriz. Un estudio realizado por Kas Ingeniería detectó cuales son las más contaminantes por su factor de emisión de Dióxido de Carbono (CO2); las peores son las siguientes:

    Los estudios y proyección de generación eléctrica y emisiones muestra que el parque de 27 centrales carboneras existentes en Chile, son responsables del 91% de las emisiones de dióxido de carbono, del 88 por ciento de las emisiones de material particulado, del 97 por ciento de las emisiones de dióxido de azufre, y del 91 por ciento de las emisiones de óxidos de nitrógeno de todo el parque eléctrico nacional. Si las cerráramos el país quedaría con una matriz eléctrica limpia.

    Por ello la importancia de la descarbonización de la matriz eléctrica en Chile. El cierre de las carboneras permitiría cumplir con los Planes de Descontaminación y mejorar visiblemente la salud y calidad de vida de los habitantes de las zonas de sacrificio. Además podríamos cumplir nuestros compromisos de reducción de emisiones de CO2 en el marco del Acuerdo de París.

    Hoy es el momento propicio para cerrar las carboneras y erradicar la energía sucia, pues tenemos un parque generador de electricidad que duplica las necesidades de consumo del país. Chile cuenta con una capacidad instalada de 22.045 MW, mientras que la demanda energética sólo requiere 10.344 MW. ¿Por qué seguir pagando por centrales ociosas y sucias?

    Esta situación de sobre oferta eléctrica contradice todas las excusas que las empresas generadoras han utilizado para no cerrar las antiguas y contaminantes termoeléctricas a carbón, a pesar de sus graves impactos sobre la salud de la población local y el medioambiente. Estamos en el momento preciso, ahora es cuando el nuevo gobierno debe ponerse las pilas y establecer la mesa de trabajo comprometida para el cronograma de cierre de las centrales carboneras en el país.

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