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    El pasado 11 de abril, el Tribunal Oral en lo Penal de Iquique dio a conocer la sentencia para los cuatro ex funcionarios de Carabineros condenados por la detención ilegal de José Vergara, joven de 22 años que padecía esquizofrenia y que fue llevado por la policía uniformada desde su domicilio el 13 de septiembre de 2015, luego de acudir por un llamado de la familia al verificar que experimentaba una crisis producto de su enfermedad.

    El tribunal estableció una sentencia de 300 días de presidio menor en su grado mínimo para Carlos Valencia. En tanto, Abraham Caro y Ángelo Muñoz fueron sancionados con 200 días de presidio menor en su grado mínimo, mientras que para Manuel Carvajal se dictaron 41 días de presidio en su grado máximo. Sin embargo, ninguno pasará por la cárcel, debido al tiempo que estuvieron en prisión preventiva durante la investigación.

    A raíz de la decisión del tribunal, la familia ha manifestado su descontento, incluso durante la lectura del veredicto, debido a la impunidad de los acusados y al incierto destino del joven que fue abandonado en el desierto, según confesaron los mismos imputados.

    Cristina Vergara Espinoza, hermana de José, expuso en el portal de Radio Villa Francia el malestar de la familia con la decisión judicial. “Me siento mal, pasada a llevar por toda la justicia chilena. Comienzo a convencerme de que la justicia no vale nada, hay inocentes en las cárceles mientras los ladrones y asesinos están en libertad”, sostiene en un escrito de su autoría publicado por el sitio web.

    Ella piensa que su hermano “ya no está en esta tierra”, pero las mentiras han impedido el esclarecimiento del caso, como cuando dijeron que “dos funcionarios de la fiscalía de Santiago habían visto a mi hermano en Bolivia y que él les había pedido un cigarro o un pito. Yo me pregunto, si sabían que hay una orden de búsqueda internacional por José y son funcionarios del Estado ¿Por qué no se lo trajeron?”.

    Incluso relacionó esta tesis con el caso de las 14 niñas violadas y asesinadas en Alto Hospicio. “Algunas eran mis compañeras de curso. Con ellas pasó lo mismo, los pacos dijeron que se habían arrancado de la casa porque eran pobres, que las habían visto en Perú prostituyéndose, cuando la verdad era que todas habían sido violadas y asesinadas aquí, en la pampa”.

    “Culparon de todo al sicópata y nunca dijeron que los carabineros de Hospicio usaban las patrullas para llevarse a las estudiantes el colegio Eleuterio Ramírez – donde estudiaban seis de las adolescentes asesinadas – a las fiestas que hacían en el patio de la comisaría, donde bailaban y bebían alcohol con niñas de entre 12 y 17 años”, añadió Cristina Vergara.

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