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    Utilizando una antena de radio compacta que tomó 10 años en fabricarse, unos investigadores han encontrado pruebas de los soles más antiguos en el universo conocido, publicando sus hallazgos en Nature.

    Cuando miramos las estrellas, las vemos como eran, no como son. Eso es porque la luz toma muchísimo tiempo en viajar desde su origen hasta nuestros ojos. Con telescopios lo suficientemente potentes podríamos ver directamente las estrellas más antiguas del universo, pero esos telescopios no existen.

    En cambio, tenemos que confiar en la evidencia indirecta. Eso es lo que un equipo de astrónomos de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Colorado en Boulder se propusieron encontrar. Su búsqueda fue parte del proyecto Experiment to Detect the EoR (Epoch of Reionization) Signature (EDGES), financiado por la National Science Foundation (NSF) de Estados Unidos.

    Los investigadores postularon que las primeras estrellas probablemente cambiaron la radiación electromagnética de fondo del universo, también conocida como radiación de fondo de microondas (CMB por su sigla en inglés). Aunque sabían lo que estaban buscando -un pequeño cambio en la intensidad de las señales de radio CMB entre ciertas longitudes de onda-, descubrieron que no iba a ser fácil, teniendo en cuenta todo lo que ocurre al unísono en el universo.

    “Las fuentes de ruido pueden ser 10.000 veces más brillantes que la señal, es como estar en medio de un huracán e intentar escuchar el aleteo de un colibrí”, dijo Peter Kurczynski, director del programa NSF.

    Basado en investigaciones previas, el equipo también sabía que las primeras estrellas del universo liberaron grandes cantidades de luz ultravioleta (UV). Cuando esta luz interactuaba con átomos de hidrógeno, absorbería fotones CMB dejando una señal en frecuencias de radio, que indica de que las estrellas se estaban formando.

    Utilizando una antena de radio especialmente diseñada para este fin, en el desierto australiano, el equipo recolectó datos de ondas de radio hasta encontrar lo anhelado: una clara disminución en la intensidad de la CMB. Esto indicó que los antiguos soles emergieron por primera vez alrededor de 180 millones de años después del Big Bang. Los investigadores verificaron los datos una y otra vez, durante varios años, antes de concluir su validez.

    “Encontrar esta señal minúscula ha abierto una nueva ventana en el universo temprano”, dijo Judd Bowman; investigador principal y cosmólogo de ASU. “Es poco probable que en nuestra vida podamos ver más atrás en la historia de las estrellas”, agregó.

    Este descubrimiento nos permite vislumbrar las primeras estrellas del universo, lo que ya es gran cosa, pero también puede ayudarnos a resolver uno de sus mayores misterios: la naturaleza de la materia oscura.

    El Ciudadano, vía Futurism

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