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    Presento el caso del “Centro del Microempresario” que ha impulsado desde 2007 el departamento de fomento productivo de la municipalidad de Recoleta, en Santiago. Se trata de un lugar físico y virtual que el propio municipio define como un espacio que “pretende atender y canalizar las necesidades de los emprendedores de la comuna”. Según estudios de organizaciones de fomento microempresarial, hay más de 2 mil micro y pequeños empresarios que trabajan en la comuna (esta cifra representa sólo a los que están formalizados de manera legal como tal, con iniciación de actividades y patente comercial).
    Con una “moderna infraestructura”, que además de ofrecer un espacio físico para que los microempresarios se reúnan, se transforma en un lugar donde se les entrega capacitación en las áreas de contabilidad, administración, alfabetización digital y planeamiento de negocios.
    El centro cuenta con áreas de Capacitación y de Negocios, Infocentros (programa gubernamental de acceso gratuito a internet), Oficina de Intermediación Laboral (sección municipal de apoyo y fomento al empleo), áreas verdes y juegos infantiles. Según el director del centro, Rafael Salaberri, se trata de un centro integral que no sólo orienta y capacita a las personas, sino que además se transforma en un lugar donde ofrecer y comercializar sus productos, mediante una plaza habilitada para que las Pyme participen en ferias y exposiciones.
    La tecnología es la herramienta que lidera este (autodenominado) “mall” del emprendimiento. El municipio ha constatado que es mínimo el porcentaje (no alcanza al 5%) de los micro y pequeños empresarios que tiene un computador a disposición de su negocio, por lo que todo apunta a fortalecer la infraestructura y la capacidad tecnológica que está al servicio del sector privado (emprendedores y empresarios). El centro se formó por el financiamiento del gobierno municipal, los fondos estatales centrales destinados a fomento empresarial y la exitosa asociación con la gran empresa privada (como Nortel y HP, que han aportado el soporte tecnológico adecuado) que en diversos aspectos ha desarrollado el municipio.
    Pero surge la normal interrogante de preguntarnos dónde el Centro está articulado con la sociedad directamente interesada, o sólo se trata de un beneficio asistencial más a disposición de los vecinos. Además, el apoyo académico local que pueda sistematizar informaciones y transferir capacidades (ejemplos presentes en iniciativas concretas, articuladas y exitosas de Desarrollo Económico Local) tampoco aparece como factor relevante de este caso.
    Notamos que se trata de una iniciativa muy generalista y que lamentablemente no puede alejarse del espíritu asistencialista que ha caracterizado la mayoría de las medidas públicas; no responde a una demanda consciente del sector privado, tampoco se compromete en dar énfasis a sistemas productivos locales particulares y característicos, no fomenta ningún tipo de clúster a nivel local, ni apunta a la especialización sectorial competitiva.
    Las distintas experiencias latinoamericanas estudiadas durante el curso nos muestran (además de la necesaria voluntad y compromiso institucional público y privada) escenarios donde el protagonismo en el desarrollo económico del territorio ya estaba asumido por los distintos grupos involucrados (estado local y central, empresas privadas, centros de estudios, empleadores y trabajadores); las mujeres y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas en El Salvador o las Redes de Emprendimiento que del Programa Integral de Emprendedores Locales de Argentina fomentaba; algo que no aparece (por lo menos de manera explícita) en este caso analizado.
    Parece sólo seguir la lógica neoconservadora (o neoliberal) de dejar a la libre voluntad privada el tomar o no las herramientas que el sector público y el estado ofrecen, herramientas que impulsan y fomentan la inversión privada, pero no deben intervenir ni afectar el mercado. Donde tenemos institucionalidad pública que de manera asistencialista apoya al sector privado, y se olvida de construir redes, de involucrar a más protagonistas, de fomentar y mantener el dialogo y la colaboración articulada de todos ellos… En definitiva, que sea el territorio el que sea participe de su desarrollo; algo que aun no vemos entre tanto computador y seminario en el “Centro del Microempresario”.
    La comunidad tiene una vaga percepción de todas las ventajas que este Centro (que si bien puede deberse a lo reciente de su lanzamiento) podría prestarles, solo lo han entendido como un moderno centro de convenciones; señal clara de lo poco involucrados que se encuentran en el “fomento productivo” que trata de impulsar el municipio, un fomento productivo que sólo se entiende como bolsa de empleo o como herramientas tecnológicas al servicio de la iniciativa privada local.
    El impacto de la iniciativa será pequeño si no se involucra al territorio (y todos sus actores) como protagonista de su propio desarrollo, ya que por el momento son iniciativas aisladas que no se han articulado en el contexto local; por lo que no cuentan con la base del consenso y del compromiso cada organización y nivel de la localidad (el gobierno local, el gobierno central, los sistemas productivos locales (empresas grandes y pequeñas), la sociedad civil, etc.) que le otorguen la sustentabilidad necesaria a todo proceso de desarrollo local.

    MANU(el Andres) SANDOVAL (Baros)
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