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    Uno de los problemas que enfrentan los académicos y estudiosos de la realidad social es el de traspasar los resultados de sus estudios a la comunidad y hacer comprensible el uso de lenguajes complejos. Uno de estos conceptos que quisiera comentar aquí y que es altamente necesario para entender y desarrollar las bases de los poderes locales, es el denominado Capital Social.

    Esta noción busca responder a la paradoja de que existen notables diferencias de bienestar entre comunidades situadas en un mismo marco geográfico y dotado de recursos similares. Para la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe (CEPAL), el Capital Social es el conjunto de las relaciones sociales basadas en la confianza y los comportamientos de cooperación y reciprocidad.
    La discusión sobre las implicancias del Capital Social es amplia.
    El analista Francis Fukuyama ha dicho que no hay acuerdo sobre la definición del término, estimando que incluye normas y valores que promueven la cooperación. Para otros, el capital social es una reserva que produce un flujo de beneficios y una acción colectiva mutuamente beneficiosa, asociando el capital social con las amistades debido a que “social” deriva de la palabra latina “amigo”.
    En nuestra región y en especial en nuestra realidad rural, podemos encontrar interesantes ejemplos y aplicaciones del concepto.
    En términos simples, es posible que familias campesinas y grupos de pequeños agricultores puedan verse como muy fuertes en la existencia de este capital; asimismo, también es posible que el personal de asistencia técnica, pequeños agricultores y compañías de negocios agrícolas o asociaciones comerciales de agricultores sean ricas en capital social. El problema radica, no obstante, en que se ha dado por supuesta su existencia, lo que se ha traducido en programas y proyectos con serios problemas de funcionamiento.
    Si bien es cierto que la existencia del capital social puede ser vista como una variable que incrementa la cooperación, todavía depende de otras formas de capital para desarrollarse, particularmente de capital humano y financiero. O sea, es importante que se tome en cuenta todo el potencial impacto de los factores no económicos para el desarrollo de las comunidades locales, potenciando los factores naturales inmersos en la sociedad, tales como la solidaridad, el cooperativismo y la confianza.
    En resumen, sólo al examinar y atender el capital social de nuestras comunidades y vincularlo con otros capitales necesarios para el desarrollo, se podrá tener a una comunidad como protagonista del mejoramiento de sus niveles de vida.

    Juan Domingo Ramirez
    Jefe de Gabinete UACH

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