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    Desde la infancia a las mujeres se nos inculcan un montón de estereotipos que definen el cómo nos tenemos que vestir, comportarnos e incluso el cómo tenemos que jugar. Lo que finalmente repercute en nuestras proyecciones de vidas e intereses que tienen un gran contraste con los de los hombres. Se nos inculca que tenemos la obligación de ser madres y encargarnos de las labores domésticas. Nunca se nos dice ni enseña que ser madres es una opción, nuestra opción.

    Así el cuerpo de la mujer y sus decisiones sobre él, son definidos por otros. Esta es forzada a aceptar la maternidad solo por su biología, y casi como decreto genético se asume el instinto de madre como una cualidad que todas deben poseer. Esto no es así. Existen un sinfín de factores que pueden influir en el desear o no tener hijos/as, proyectos futuros, situación económica o simplemente no querer. Podemos no querer.

    En Chile, nos enfrentamos a un contexto tremendamente conservador que asume la sexualidad con un único fin reproductivo, donde el placer no es reconocido y donde muchas veces el embarazo resulta visto como un castigo del que la mujer debe hacerse responsable, por acceder a tener relaciones sexuales.

    Nos enfrentamos a un gobierno de derecha, que así como no puede –ni quiere– hacerse cargo de la educación de Chile, con un ministro como Gerardo Varela, que pretende solucionar los problemas de la educación, que el Estado debe garantizar, con bingos. Tampoco quiere hacerse cargo de los derechos sexuales y reproductivos de todas las mujeres, porque en otras palabras, estos nos entregan autonomía y el poder de decidir.

    Es imperante la despenalización total del aborto, porque las mujeres debemos tener soberanía en todo momento sobre nuestros cuerpos y autonomía en nuestras vidas. Las mujeres queremos elegir cuándo, dónde y cómo tener hijos, si es que deseamos tenerlos. Y así como se apoya a las mujeres que quieren ser madres con programas de fertilidad, exigimos que se brinde el mismo respaldo estatal a las que no queremos serlo.

    El estar en contra de un aborto legal es estar a favor de un aborto clandestino; el aborto en Chile sí existe, en donde quienes tienen los medios necesarios pueden pagarlo y estar en condiciones seguras y apropiadas, pero quienes no, tienen que someterse a una situación muy distinta. Esto no es un asunto moral, es un asunto de salud pública.

    Nuestras compañeras argentinas tuvieron la ganada en la cámara de diputados/as, y hoy nosotras seguimos luchando por nuestros derechos sexuales y reproductivos, por la libertad de nuestros cuerpos y que finalmente la sociedad chilena entienda que la maternidad tiene que ser una decisión consciente y no una imposición cultural y legal del capitalismo patriarcal. Porque no bastan tres causales, salimos a la calle una vez más para exigir un aborto libre, seguro y gratuito.

    (*) Fernanda Reyes Gutiérrez es secretaria Ejecutiva Feusach y estudiante de Obstetricia y Puericultura de la Universidad de Santiago de Chile. 

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