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    victorherreroAlgo huele mal en el Reino de Chile. Es el olor que genera el derrumbe moral de nuestra clase política.

    Un ejemplo de ello es la gerontocracia concertacionista. Los viejos están de vuelta y su objetivo es uno solo: hacerle la cama a Michelle Bachelet. No es un misterio para nadie que a tres años de concluir su segundo mandato —o, desde otra perspectiva, a sólo uno de haberlo iniciado— la mandataria ya sufre del síndrome del “pato cojo”. Es decir, todos asumen que ya llegó al final de su gobierno y que, por lo tanto, llegó el momento de pensar en su sucesor. Es un escenario que despierta el irresistible olor a sangre a algunos depredadores.

    José Miguel Insulza (71 años, esta semana cumple 72), el Pánzer del gobierno de Lagos, está dispuesto a ser candidato presidencial. Y lo anunció por La Tercera. José Antonio Viera Gallo (71 años), que no pierde su talento de operar desde las sombras, hace un llamado por transparentar “la verdad de lo ocurrido” en las boletas y los financiamientos irregulares de personeros de la Nueva Mayoría. El ex ministro, que actualmente también ejerce como columnista del medio electrónico de derecha El Líbero, hizo el emplazamiento en las páginas de El Mercurio. José Joaquín Brunner (70 años), uno de los arquitectos del actual modelo educacional que está siendo cuestionado por los jóvenes hace ya casi una década, se dedica semana a semana a criticar las reformas educativas del Gobierno. Sí, también desde las páginas de El Mercurio. Más pragmático, Sergio Bitar (74 años) intentó continuar en el juego colocando a cercanos suyos como posibles candidatos para el último cambio de gabinete; fue una operación que fracasó.

    Sin embargo, no es sólo esa generación la que contribuye a las actuales ineptitudes políticas de nuestro pequeño reino. Los papelones auto-infligidos del ex ministro Rodrigo Peñailillo, criticado desde el primer día por el tradicional clasismo criollo que vio en él al “Negro de Harvard”, no necesitan una mayor explicación. Ejemplos de ineptitud política sobran en estos días.

    Un caso que ilustra muy bien el deterioro de la esfera pública, y que es francamente revelador del nivel intelectual de nuestros actuales dirigentes, fue una afirmación del presidente de la Cámara de Diputados, Marco Antonio Núñez. Al ser consultado ayer domingo acerca de la eventual postulación del ex Pánzer, el diputado del PPD afirmó, tratando de bajarle el perfil a Insulza: “Cualquier ciudadano chileno, hombre o mujer, mayor de 18 años está en condiciones de presentarse como candidato presidencial”.

    El hecho de que una de las mayores autoridades de nuestra República desconozca un elemento tan simple como que la ley requiere a cualquier candidato presidencial tener 35 años cumplidos para presentarse a la primera magistratura, revela que la ignorancia e ineptitud política reinan en nuestro Reino.

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    Pero por qué achacarle todo a los más débiles, si la propia Presidenta ha hecho gala de tropiezos similares o incluso peores. Pedir la renuncia de todo su gabinete en un programa de televisión prime time conducido por Don Francisco fue farandulizar al máximo la política. Tal vez fue un lapsus mental, o sea, uno de esos momentos de sinceridad inconsciente en los que aflora la verdadera naturaleza de una persona.

    De haber tenido asesores medianamente competentes, éstos le habrían desaconsejado a la máxima autoridad de la República exponerse a un semejante papelón. Don Francisco es el pasado. De hecho, sólo la semana anterior a la entrevista en que reveló que necesitaba 72 horas para pensar en un cambio de gabinete, Mario Kreutzberger fue notificado que su longevo programa Sábado Gigante llegaba a su fin. Y no fue un final glorioso, sino que uno lleno de cuestionamientos. Además, ese programa que lo catapultó a la fama es completamente desconocido para las nuevas generaciones; sólo los mayores, aquellos que durante las tristes décadas dictatoriales de 1970 y 1980 no tenían otra alternativa de diversión los sábados en la tarde que la que les proporcionaba Don Francisco, pueden haber albergado cierta nostalgia. Por no hablar de la amistad entre Don Francisco y el Choclo Délano de Penta, o el hecho que esa entrevista del cambio de gabinete se haya realizado en el canal que es propiedad de Andrónico Luksic, el poderoso empresario que recibió al hijo y la nuera de la Presidenta para dar visto bueno al cuestionado préstamo de bienes raíces de Caval. En otras palabras, si es que alguien asesoró a Bachelet en esta “movida comunicacional” tiene que haber sido alguien con poca lectura del presente. Tal vez alguien como Tironi.

    Hablando de papelones políticos, que están en el menú diario hoy en día, pongamos la mirada en los, al menos hasta ahora, supervivientes del cambio de gabinete. Se trata de la casta de los subalternos rebelados. Subsecretarios como Mahmud Aleuy en Interior, o Alejandro Micco en Hacienda, que activamente boicotearon o desautorizaron a sus jefes siguen en pie. Los ministros no. Otros que han sido cuestionados en varios casos de connotación pública, como el ministro de Obras Públicas, Alberto Undurraga, siguen firmes al mando. Y también están aquellos, como el ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, que apoyaron activamente a un precandidato presidencial que ahora está coqueteando seriamente con la derecha: Andrés Velasco.

    Parafraseando al escritor peruano Mario Vargas Llosa, todo esto lleva a preguntarse: ¿en qué momento se jodió la política en Chile?

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    Parece redundante afirmar que 2015 probablemente quedará registrado en los libros de historia como el año de la crisis política permanente. Para explicar cómo este año se ha convertido en un pozo político sin fondo, ciertamente hay que recordar las movilizaciones estudiantiles de 2006 y 2011. Y también la política de “en la medida de lo posible” inaugurada por el Presidente Aylwin en 1990; o el diseño comunicacional de su subalterno Eugenio Tironi, que a grandes rasgos sigue vigente, quien sostenía que la mejor política comunicacional era no tener una política comunicacional. Ya sabemos cómo terminó esa historia: fue parte del fin de los medios alternativos y críticos del poder y el comienzo de la marcha más triunfal de El Mercurio y La Tercera. Fue el inicio de la privatización de los medios de comunicación, siendo su mayor víctima Televisión Nacional de Chile.

    Tal vez el momento en que se “jodió” todo fue el de la detención del dictador Augusto Pinochet en Londres en 1998. Si bien ese hecho logró que una parte importante de la sociedad chilena liberase sus frustraciones, dando inicio a un alivio y cambio cultural profundo, también es verdad que quiénes más se empeñaron por traer al dictador de vuelta fueron los prohombres de la Concertación. Entre ellos el entonces canciller José Miguel Insulza. Puede ser que en ese momento las masas de centro-izquierda de este país se dieran cuenta, por primera vez, que en el fondo habían sido gobernados por una coalición de derecha. No una derecha dura y recalcitrante como la tradicional chilena, sino una derecha al estilo europeo. Puede ser que en esos meses, tal vez, muchos empezaran a darse cuenta que en el fondo el espectro político en Chile se había corrido tan a la derecha, que lo que aquí en estas tierras considerábamos de centroizquierda, en el fondo era un disfraz ideológico. Eso podría explicar la popularidad que en su momento tuvo el eslogan de “fin al lucro” de 2011 que, en el fondo, resumía la frustración de los chilenos con casi tres décadas de neoliberalismo exacerbado.

    Pero también es posible que haya que retroceder aún más y encontrar el origen del actual derrumbe ético de la política en las negociaciones constitucionales de 1989 o, acaso, en la aceptación, en su momento bastante transversal, de participar en el plebiscito de 1988 diseñado por la propia dictadura ocho años antes.

    Como sea, lo que estamos viviendo hoy no es el resultado de lo que ocurrió ayer domingo, o el lunes de la semana pasada, y ni siquiera del inicio de los escándalos actuales hace algunos meses. En algún momento tendremos que preguntarnos seriamente: ¿en qué momento nos jodimos?

    Por Víctor Herrero

    Publicado originalmente el 1 de junio 2015 en diarioUChile

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