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    No corresponde al propósito de esta crónica analizar más a fondo todo el caso, de modo que solamente a vía de ejemplo de la sustentación de la grave acusación que hago a la Administración Lagos, señalaré que sólo ante las fuertes protestas de la ciudadanía, la autoridad fiscalizadora aplicó algunas multas a la empresa por 19 irregularidades en la construcción y operación de la planta.
    La revisión que hasta ahora he hecho del caso, me plantea una clara disyuntiva: la autoridad fiscalizadora fue inepta o fue corrupta. Porque no cabe otra alternativa, al tenor de las siguientes obligaciones contenidas en la autorización de instalación de la Planta de Celulosa Valdivia: “Entregar mensualmente los informes de monitoreo de la calidad del efluente a la Comisión Regional del Medio Ambiente, la cual solicitará su revisión por parte de los servicios públicos competentes y podrá establecer medidas adicionales a fin de evitar posibles impactos sobre el Río Cruces durante la etapa de operación del sistema de tratamiento de efluentes líquidos.”
    Puesto en otros términos, si el gobierno del señor Lagos hubiera cumplido con su deber, lo más probable es que no existiría el problema actual del río Cruces, del cual la muerte de los cisnes es sólo una manifestación que impresiona hondamente la sensibilidad ciudadana.
    Las plantas de celulosa –al igual que los criaderos de cerdos- son necesarias. Con la pasta que producen se fabrica el papel, que es un elemento de vital importancia en la vida moderna. Además nuestro país y la zona valdiviana ofrecen condiciones muy ventajosas para la reforestación de grandes extensiones erosionadas, y de hecho dispone en la actualidad de materia prima suficiente para abastecer a la planta durante el tiempo necesario para el crecimiento de las nuevas plantaciones.
    Pero el encargado del chancho que nos ocupa es el Presidente de la República, y debe velar porque no se coma todo el afrecho. Y el señor Lagos no lo hizo, con lo que no cumplió con sus obligaciones y, por lo tanto, es el principal responsable del mal que los bellos cisnes -al igual que los canarios de los antiguos mineros del carbón- pusieron en evidencia.
    Especialmente para los jóvenes que no saben de qué se trata eso de los canarios, les relataré que antiguamente -antes de la invención de las lámparas grisumétricas- cada minero bajaba a la mina con una jaula dentro de la que llevaba su canario. Pero aparte de ofrecerle su bello canto, el canario -más sensible que el hombre al gas grisú- moría antes de que su dueño pudiera detectar la eventual presencia del mortífero gas en la mina, permitiéndole evacuar inmediatamente el frente de trabajo y conservar su vida.
    Los cisnes han tenido a lo menos la oportunidad de emigrar y salvarse, cosa que no tenían los canarios. También los chilenos esperamos tener con el nuevo gobierno oportunidad de que se rectifiquen los errores.
    Confiemos en que así sea, y tal vez una administración más eficiente y más honesta, junto con brindarnos la oportunidad de desarrollarnos sustentablemente, logre la adecuada marcha de la planta de celulosa y con ella la necesaria estabilidad laboral y comercial que nuestra provincia necesita, y que se recuperen en el río Cruces condiciones ambientales que inviten aunque sea a algunos de los bellos cisnes de cuello negro de terciopelo a regresar, sin que del hombre tengan que recelar…

    Raúl Hermorsilla Hanne

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