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    De acuerdo a documentos desclasificados recientemente, el actual candidato republicano a la Casa Blanca John McCain se reunió en diciembre de 1985 con el, entonces, dictador chileno Augusto Pinochet. La visita fue coordinada por el embajador de Chile en Washington, Hernán Felipe Errázuriz, quien consideraba al congresista McCain como un conservador anticomunista amigo y próximo de la dictadura chilena.

    El fantasma de Pinochet irrumpe en las actuales elecciones norteamericanas como una mancha maloliente en la trayectoria del aspirante republicano, quien ha proclamado a los cuatro vientos que no se reuniría con “dictadores”. Augusto Pinochet no requiere, a esta altura, presentación alguna, pues ha quedado inscrito en la historia como el general que traicionó al presidente constitucional Salvador Allende en una sórdida conspiración que mezcló dólares y asesinatos, sumiendo a Chile en uno de los periodos más oscuros de su historia.

    La visita de John McCain no resulta un incidente aislado. Es un hecho de la causa que fue el gobierno republicano de Nixon y Kissinger  el que  concibió y financió el cruento golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, sosteniendo una dictadura que desplegó la tortura, el crimen y la brutal represión en Chile durante casi dos décadas.

    No podemos olvidar que la visita de John McCain a su amigo Augusto Pinochet se produjo después de que la policía secreta del régimen chileno, DINA, perpetrara el asesinato en la capital norteamericana del ex canciller Orlando Letelier y su secretaria Ronnie Moffitt en septiembre de 1976, en un acto violatorio de las leyes estadounidenses y que no dudaríamos en calificar de  terrorismo internacional.

    John McCain se ha mostrado ante los votantes de su país como un respetable veterano de Viet Nam, un “héroe de guerra” y paladín de la democracia, un sonriente hombre maduro de pelo cano. La información proporcionada por John Dinges nos devela en cambio, a un hombre muy parecido a George Bush, un político dispuesto a tratar con los peores sátrapas del mundo con tal de defender espurios intereses.

    El entorno de la candidatura republicana hará todo lo posible por opacar y minimizar esta “anécdota” en la biografía del candidato, sin embargo, lo cierto es que se trata de un hecho que desnuda el perfil político del aspirante John McCain: uno de los últimos representantes de aquella estirpe republicana que se formó en el añejo discurso anticomunista de la Guerra Fría, un ultra conservador ligado al Pentágono, defensor de las grandes corporaciones y de la hegemonía imperial estadounidense que desprecia la democracia de países pequeños, como Chile.

    La figura de John McCain, un congresista estadounidense que se reunió con Augusto Pinochet, y no precisamente para hablar de democracia o derechos humanos, carece de la necesaria estatura moral para aspirar a la presidencia de los Estados Unidos. La candidatura republicana encabezada por John McCain ofende a todos quienes durante décadas han luchado por los derechos fundamentales y la dignidad de las personas, no sólo en Chile, sino en el mundo entero. Es de esperar que los votantes norteamericanos sepan hacer esta distinción a la hora de elegir a su mandatario.

    Por Álvaro Cuadra

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