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    El neo liberalismo entrará en crisis y exige estar preparados

    Para comprender porqué vivimos en permanente crisis, debemos tener claro que el destino económico no fue escrito en ningún libro sagrado y que la crisis económica y financiera que amenaza a la humanidad, es el resultado del daño causado por décadas de neo liberalismo. Se ha demostrado hasta el cansancio, que dicha modalidad no favorece al mundo del trabajo, ni favorece la equidad en la distribución del ingreso, la educación, la salud, ni menos para cuidar los recursos naturales. Lamentablemente, la corrupción secuestró la esperanza de  los pueblos latinoamericanos como en, Argentina, Brasil, Chile, El Salvador, etc., y movió a la gente a votar por la derecha o la extrema derecha, tal vez sin saber el daño que se causaba. La próxima recesión está cada vez más cerca y puede ser otra oportunidad para el recambio de gobiernos, lo que exigirá grandeza y gran honestidad de los líderes políticos, todos unidos en favor de la ciudadanía.

    Quizás las personas no tienen forma de reconocer el daño humano que causa el neo liberalismo. Ha sido enorme, abarca la cultura, las costumbres y un irreparable daño ecológico al planeta. El individualismo propició la fragmentación social y dio paso a la agresividad en el comportamiento social de las personas. Se impuso un lenguaje abreviado, dirigido a facilitar la inter-relación con los códigos de máquinas, que fue cambiando la forma de comunicarnos y la forma de pensar, lo que alejó aún más el quiebre generacional y las comunicaciones dentro de las familias.

    Pero esto no empezó en un solo día, y no siempre fue así. Antes de 1946, el presidente demócrata, Franklin D. Roosevelt (1933 y 1945), desarrollo extraordinarias regulaciones que respondían a su New Deal, mediante el cual logró sacar a Estados Unidos de la mayor recesión iniciada en 1929. Los gobiernos siguientes, como el de Harry S. Truman, John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson (hasta 1968), todos fueron demócratas, con excepción de Dwight Eisenhower (1953-1961) que fue republicano.

    La expansión económica fue del orden del 4-5% en los años 60 y 70, y la  inversión bruta en Estados Unidos en, “los cincuenta, el promedio de la inversión neta con respecto al PIB resultó ser un 7,0%; en los sesenta la cifra fue un 7,1%; en los setenta un 6,7%. En los años 60 y 70, las expansiones fueron avaladas por las industrias y mejoró la distribución del ingreso. Sin embargo, surgió una poderosa señal para avisar que el empuje de los cambios terminaría. El asesinato de John F. Kennedy (22/11/1963), fue una advertencia al mundo real, de que la elite norteamericana dueña del poder, del dinero y la banca, los muy ricos, estaban presente.

    En la década de los ochenta la inversión neta como porcentaje del PIB cayó al 4,7%”. A partir de 1969, se recomponen los republicanos y ponen varios hombres de sus filas en el gobierno de Estados Unidos, Richard Nixon, Gerald Ford, y Ronald  Reagan, con excepción de Jimmy Carter (1977 – 1981), que era demócrata.  En 1971, durante el gobierno de Richard Nixon, ocurre un hecho muy importante, se cancela unilateralmente el acuerdo de Bretton Woods, para dar por concluida la convertibilidad del dólar norteamericano con el oro, decisión que era esencial para lo que vendría después, a pesar de que hoy, es lo que tiene en la ruina al modelo económico.

    Ronald Reagan gobernó dos periodos, de 1981 a 1989, y lo hizo bajo una promesa, “recuperar la pérdida de grandeza de Estados Unidos”. El plan de Reagan contenía dos vectores, disminuir la imposición personal (bajar impuestos), y disminuir la imposición sobre las empresas (bajar impuestos).  No resulta extraño que encontremos repetido ese mismo lema en el actual presidente Donald Trump, con su “Make America great again”, que lo identifica con la elite más dura de los multimillonarios, a quienes les rebajó los impuestos.  Se inician los tres decenios más fuertes en desregulaciones, liderados  por  la derecha republicana y por las grandes fortunas, que retoman el poder para volver a sus viejas prácticas y desmantelar el New Deal de Roosevelt, y los avances de los gobiernos demócratas que legislaron para proteger a los obreros y los sindicatos.

    El problema en la década de los ochenta es que EE.UU., de ser un país que en 1980 prestó al exterior US$ 13 mil millones, pasó a recibir prestado del exterior, US$ 144 mil millones, es decir, se convirtió en un país deudor neto, sostenido por el resto del mundo. Los desequilibrios de dicha política, en especial con Reagan, fueron de enormes déficits fiscales, y los ingresos fiscales en relación al PIB bajaron del 19,6% al 18,1%. El gasto tuvieron que reducirlo del 15,1% del PIB en 1981 al 13,2% en 1988, y la relación Deuda Pública/PIB no hizo más que crecer: En 1980, era un 23,1%, en 1986, un 37,2% y en 1989, un 41%.

    Después de Reagan, lo sucede George H W Bush (republicano), Bill Clinton (demócrata) y George W Bush (hijo) (republicano), personajes ligados al  Grupo Bilderberg, junto con David Rockefeller y Henry Kissinger. Después siguieron Barack  Obama (demócrata)  y ahora Donald Trump (republicano), cuyas historia son más recientes. Las razones por las que el déficit exterior persistiría se atribuyen a una tasa de ahorro privado cada vez menor, y a la continua inversión en el país, que se financia con capital extranjero. No obstante el tiempo transcurrido, similares condiciones están presentes en la actual economía norteamericana. Recibe capital extranjero, que destina mayormente a financiar el consumo público y el gasto privado del  país, porque el modelo agotó su capacidad para producir riqueza y ahora los pobres en California, duermen en las calles.

    Son varios los estrategas que participaron en la “solución” en aquella época. Hombres como Donald Reagan, secretario del Tesoro, y Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal en 1986, fueron nombrados por Ronald Reagan. Por otro lado, Robert Rubin, abogado, ex gerente de Goldman Sachs, ex director y consejero principal del Citigroup fue secretario del Tesoro entre 1995 y 1999, y Lawrence Summers, economista, fue secretario del Tesoro de 1999 al 2001, nombrados por Bill Clinton. A pesar de toda esta conexión con los privados, fue el único gobierno en lograr excedentes y una mejora en la economía. Pero también se demostraría que ningún gobierno de EE.UU., republicanos o demócratas, podría alejarse demasiado del modelo neo liberal, que sustentaba el poder de la elite de los más ricos, para pautear las grandes líneas del modelo y  acumular riqueza. La razón yace como llama eterna, en el cementerio de Arlisgton, Virginia.

    En esa cordialidad económica, Bill Clinton propuso un reto; ¿Cómo podía EE.UU. crecer año tras año, sin crear inflación, manteniendo la hegemonía del dólar, colocando su deuda en el mercado, aumentando la “riqueza” de las familias y evitando que China se convirtiera en la primera potencia mundial, todo ello al mismo tiempo?  La idea se atribuye a Robert Rubin y fue: globalización y desregulación financiera; importación de productos baratos y déficit comercial financiado por un superávit de capital. La parte financiera la pondría la FED, y la parte comercial la UE y China.

    Aumentar el comercio, las conexiones financieras y la banca a nivel global, fue pensada como la “solución” a los problemas económicos que estaban surgiendo en los Estados Unidos, cuando fue evidente el agotamiento de las condiciones favorables que impuso Norteamérica en la II G.M. La solución fue considerada al más alto nivel del poder de las autoridades políticas, monetarias e indudablemente que favorecerían  al poderoso sector privado que estaba  intermediado entre otros por, Goldman Sachs, Bear Stearns, Lehman Brothers, Merryll Linch, Citigroup, JP Morgan, AIG, etc. La ambición y todos los conocimientos en materia legal, ciencias políticas, económicas o financieras, les sirvió para ocupar altos cargos ejecutivos en las más grandes entidades privadas ligadas al dinero o la banca, pero  no quisieron saber, o lo negaron, que estaban creando un monstruo, la deuda.

    Una vez instalados en los cargos del gobierno, la codicia los llevó a pensar que incluso podrían salvar el neo liberalismo. Estados Unidos abrió su mercado y forzó el nuevo GATT. Alemania y China pensaron que Clinton se había vuelto loco. Exportar todo lo que quisieran a EEUU era una bendición, sin embargo, Bill Clinton logró subir los impuestos y se crearon más de 22 millones de empleos, gracias a un crecimiento económico promedio de 4% y una mejora en la distribución de la renta durante sus ocho años de gobierno, la globalización en su máxima expresión. En los gobiernos de Bush padre, podemos recordar la guerra del Golfo, y en el caso de Bush hijo, la guerra de Afganistán e Irak, ambos muy ligados al ámbito petrolero. Se vuelve a la reducción de impuestos, no obstante la expansión del gasto en defensa, similar a la política de Ronald Reagan, los tipos impositivos máximos del 39,6% pasó al 35%, y los restantes tipos del 36%, 31% y 28% se redujeron en tres puntos porcentuales.

    Veamos en grandes líneas el resultado que ha tenido el neo liberalismo desde los años 80. Si se trata de repartir las pérdidas, el fraude financiero a nivel mundial, ha sido todo un éxito. Cuenta con varias recesiones a su haber, la más importante fue la de las empresas Punto Com y la más dañina fue la deuda Sub Prime de las hipotecas en 2008, burbuja que se atribuye a Alan Greenspan (FED, 1987 a 2006). La deuda mundial nominal según el último informe del Instituto Internacional de Finanzas (IIF) en Washington, es que ha llegado a superar los US$ 253 billones, tres veces más que el PIB mundial. El pasivo no financiando de los Estados Unidos, es de US$ 122 billones, es decir, seis veces el PIB.  En EE.UU., desde principios de 2017 hasta gran parte de 2018, el mercado de valores se ha vuelto una burbuja y muchos esperan una gran recesión, que se extenderá a gran parte del mundo.

    El déficit comercial y la importación de productos baratos fue otro éxito, pero para China. Nick Routley director creativo de Visual Capitalist, recoge la actividad de los principales puertos marítimos del mundo. De los 20 puertos más grandes del mundo, nueve son chinos  y EE.UU. tiene solo uno. De los 10 primeros, siete son chinos según capacidad de carga, Shanghai, Singapore (Singapore), Shenzhsen,  Ninbo-Zhoushan, Busan (Corea del Sur), Hong Kong, Guangzhou, Quingqao, Jabel Ali (Emiratos Arabes), TianJin.  Shanghai es el más grande del mundo, con 37,1 TEU (unidad equivalente a 6,1 metros, por contenedores capacidad de carga). China produce el 50% del acero a nivel mundial.

    ¿Destruyeron a China?, indudablemente que no. Gústenos o no, los días de Estados Unidos de América como la potencia económica más poderosa del mundo están contados. Le queda el poder militar, que es un gran riesgo, especialmente con D. Trump, quien como presidente no trepida en cerrar el gobierno, si no le financian una muralla, generando una nueva pérdida de dos décimas del PIB para el primer trimestre. China en el año 2017 tuvo un PIB de US$ 23,2 billones, y se estima que, subiendo solo un 5% anual, en el 2030 el PIB será de US$ 64,2 billones. En cambio, Estados Unidos, tuvo en 2017 un PIB de US$ 20,5 billones y para el 2030, el PIB será de US$ 31,0 billones, casi la mitad de China, con una salvedad, que a esa fecha también habrá sido sobrepasado por  India con un PIB  de US$ 43,5 billones, ocupando el segundo lugar en el mundo. Fuente IMF (2017/Data) Standard Chartered (2030 Projections), Oxford Economics.

    La deuda empresarial ha subido un 38% desde la crisis en 2008. Desde 2013 pasó de US$ 58 billones a US$ 74 billones en el 2018, un aumento del 28%, y en Chile, la deuda de los consumidores rebasa ya el 45% del PIB, según el IIF.  La expansión imparable de la deuda mundial en las dos últimas décadas son “la globalización de la banca y el fácil acceso al crédito”, según resumió el FMI.

    Respecto del dólar, A. Greenspan llegó a decir en una entrevista para NBC, que, “está claro que Estados Unidos puede pagar cualquier deuda que tenga, porque siempre puede imprimir dinero para hacerlo”. Una vez más se comprueba la falsedad del dólar, convertido en un instrumento clave para comprar bienes en todo el mundo, crear deudas y manejar los grandes bancos. Aún así, ha ido perdiendo hegemonía con el Yuan chino y el Rublo ruso con los cuales se están realizando operaciones de intercambio que antes se hacían con dólares. La gran pregunta que podemos hacernos, ¿A dónde fue el dinero que se fabricó con el QE3, de US$ 4,5 billones (la expansión monetaria), de la FED? Tenemos una idea. Se estima que las empresas se han auto comprado sus acciones por alrededor de US$ 4,8 billones en 10 años, los que han destinado a pagar los dividendos de sus accionistas, la mayoría son del sector más rico, usando créditos con tasas de casi 0%, para una élite a la que no le importa la desigualdad, ni cuántos mueren o cuántos viven, excepto cuánto ganan ellos.

    Existe o no la inflación. La inflación puede estar en los precios al consumidor, en los precios mayoristas, en los salarios o en el precio de los activos. En lo que no hay duda, es que existe inflación en el precio de los activos y eso se llama burbuja. Respecto de los demás, pronto lo sabremos. Los activos se utilizan como garantías por los bancos y los prestamistas. Si los activos suben, se presta más dinero, pero si los precios caen (Wall Street), las garantías se evaporan y cunde el pánico en los bancos, porque se quedan con créditos sin respaldo, como ocurrió con la deuda Sub Prime.

    Donald Trump no quiere globalización, sabe que no funciona para sostener el modelo neo liberal y presiona para volcar la economía hacia adentro. El problema en los grandes periodos críticos, es que algunos llegan a creer que una guerra puede cambiar las cosas. Sometiendo grandes zonas económicas por la fuerza, se puede extraer más riqueza, en condiciones similares como ocurrió después de la II G.M., y salvar el imperio.  Pero, también saben, igual que todos nosotros, que nadie saldrá indemne de una guerra nuclear, tampoco Norteamérica. La tierra está dando avisos impostergables de sobre explotación y contaminación en todo. Ojalá quienes votan por la derecha y son trabajadores, se enteren, cómo los afecta a ellos y a sus hijos, el neo liberalismo.

    Por Mario Briones R.

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