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    En un contexto de profunda recesión mundial capitalista, un hipotético gobierno de Piñera tomará medidas neoliberales extremas. Todo el poder político, económico, social y  mediático del cual disponen el representante de la derecha ortodoxa y sus aliados se pondrá al servicio de un sólo objetivo:  salvaguardar en lo inmediato, y a largo aliento, los intereses de los grandes capitalistas y empresarios, chilenos y extranjeros.

    Como siempre, la fraseología del interés nacional y la cantilena de las competencias empresariales de Piñera ocultarán el fondo de la cuestión.  Porque garantizar las ganancias de bancos y empresas será la regla de oro que determinará todas las decisiones en política económica y social de un gobierno de Renovación Nacional y de la UDI.

    Tal cual van las cosas se podrán dar el lujo de imitar al sarkozysmo francés. Un equipo Piñero-aliancista, que podrá contar con el apoyo y la participación de connotados concertacionistas, conformará un grupo de choque en contra de las reivindicaciones y derechos básicos de los ciudadanos trabajadores y de los sectores medios. Y la inversión extranjera en los sectores clave, como la energía, se hará sin ninguna consideración por el medio ambiente y un desarrollo estratégico sustentable. El ecocidio de Chile continuará en toda impunidad.

    La ironía es que la profundización del neoliberalismo-chilensis se hará pretextando las crisis gestadas por el sistema que ellos mismos impusieron por la fuerza y al cual el concertacionismo se plegó y terminó por acompañar. Por supuesto, a nivel global cuentan con el apoyo de las multinacionales y de las instituciones financieras como el FMI y el Banco Mundial. Verdaderos gendarmes con garrote para los sectores populares en tiempos de crisis del capitalismo, pero ineficaces para prever las crisis provocadas por la desregulación financiera.

    Como todos los políticos al servicio del capital los piñeristas  repetirán sin cese que en períodos de crisis hay que “apretarse el cinturón”. La inflación — debido al alza de combustibles, del transporte, de los alimentos y de los intereses de las voraces tarjetas de crédito –, reducirá el poder adquisitivo de los asalariados y generará angustia en los hogares de millones de chilenos.

    No faltarán los que dentro de la izquierda dirán entonces que hay que reelegir por quinta vez a la Concertación. Que no queda otra; que es el “mal menor”. ¡Pero si es la Concertación misma la que le ha pavimentado el camino a Piñera al defraudar desde los primeros años de gobierno las justas demandas ciudadanas en educación, salud, transporte, vivienda, en descentralización del poder central y apoyo a las regiones, en control de las riquezas básicas y los recursos naturales!

    Ahora bien, si el proyecto neoliberal es hegemónico es porque la izquierda auténtica ha sido incapaz de presentar una alternativa creíble. Divididos, ombliguistas y sectarios, algunos; víctimas del síndrome del furgón de cola, los otros. Los ciudadanos esperan que en las próximas campañas electorales los debates se hagan en torno a cómo defender los derechos colectivos fundamentales, para acceder al goce de los bienes públicos esenciales de una comunidad humana fundada en la justicia y la igualdad. La militancia de izquierda dispersa tendrá que estar a la altura de la tarea.

    Por Leopoldo Lavín Mujica

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