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    El mercado inmobiliario cubano experimenta pujantes cambios desde hace algunos años, debido, en gran parte, al impulso que le está imprimiendo el retorno de cubanos que ven en la isla una oportunidad de invertir en un negocio rentable.

    El dinámico mercado inmobiliario reportó 45.000 ventas en 2012; 88.000 en 2013 y unas 100.000 en 2014, según el sociólogo y urbanista Carlos García Pleyán, un catalán afincado en Cuba hace medio siglo, quien ofreció detalles en un informe publicado por la agencia AFP.

    En 2015 el mercado perdió velocidad aunque las iniciativas siguen. Desde que se autorizó la compra venta de viviendas en 2011, hay un renacer constructivo y en medio de vetustas mansiones que piden a gritos reparaciones, surgen casas de alquiler y fulgurantes restaurantes particulares.

    “La decisión (de regresar) viene a raíz de que te dejan abrir negocios y antes de andar por el mundo deambulando, es mejor aquí en tu tierra”, dice Mauricio, un cubano que retornó y abrió un exitoso restaurante llamado “Draquesitos”.

    Desde que se autorizó la compra venta de viviendas en 2011, hay un renacer constructivo y en medio de vetustas mansiones que piden a gritos reparaciones. Foto Web.

    Unos 40.000 emigrados retornaron desde la reforma migratoria de 2013, y el gobierno cambió el irritante término de repatriados por “reasentados”. Traen ahorros y conocimiento, clave para la apertura cubana.

    Los compradores son cubanos “reasentados”, emprendedores, cubanos con familiares en el extranjero. También extranjeros casados con cubanos. Según la ley, los propietarios deben ser cubanos residentes.

    Las ofertas se hacen a través de agentes, pequeñas inmobiliarias privadas o de anuncios en las calles o internet. Las casas construidas antes de 1959 son las más solicitadas.

    El nuevo mercado inmobiliario “es muy activo” y “sortea bien múltiples problemas que lo frenan, escasa tecnología, falta de información pública (…) falta de instrumentos financieros, retraso legislativo”, opinó el especialista Armando H. Portela, en la revista Cuba Geográfica de Miami, Estados Unidos (EE. UU.).

    Transforman viejas casonas en restaurantes y hoteles. Foto Web.

    Maykel Galindo, de 35 años, comenzó un lento regreso a Cuba después de 16 años en Bélgica. Con sus ahorros y un préstamo bancario belga, compró una destartalada casa en La Habana Vieja de 150 metros cuadrados para vivir. La reconstruyó con su familia y la convirtió en alojamiento privado para turistas.

    “Fui descubriendo que dentro de Cuba había otra Cuba, que estaba siendo creada de cierta manera por el sector privado (…) Yo como cubano encontraba esa parte de Cuba que me correspondía”, dijo.

    Recordó que cuando compró la casa en 2015, “los precios eran ridículos”. Calcula que desde entonces se han multiplicado por ocho.

    Los precios actuales van desde 5.000 dólares de pequeños apartamentos periféricos, hasta un millón, en barrios residenciales como Kholy, Miramar y El Vedado.

    Paradójicamente, el pujante mercado inmobiliario para negocios se genera en medio de un viejo y enorme déficit habitacional, dolor de cabeza para el nuevo presidente Miguel Díaz-Canel.

    “Reasentados” retornan con ahorros y nuevas ideas, a la isla del malecón habanero. Foto Web.

    El gobierno desea disparar la fabricación de viviendas, que el sector pase de 20.000 unidades anuales a 50.000. Se calcula un déficit de un millón de casas, 700.000 solo en La Habana. El huracán Irma destruyó 30.000 viviendas en septiembre de 2017 en una sola noche, más de las construidas en un año.

    EE.UU. amenaza ahora con permitir que los cubano-americanos acudan a sus tribunales a reclamar las propiedades confiscadas a inicios de la Revolución.

    “A estas alturas, 60 años después yo creo que es prácticamente imposible dar marcha atrás”, dijo García Pleyán.

    Cuba está urgida de inversiones extranjeras, y el gobierno se esfuerza por atraerlas. Sin embargo, el sector inmobiliario está excluido, aunque a largo plazo puede darse, según el urbanista.

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