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    Un reciente estudio realizado por la ANFP en los estadios del país donde se juega fútbol profesional, dejó al descubierto que Chile no está en condiciones de realizar ninguna competición de carácter internacional. Ni soñar con postularnos para la sede del Mundial del año 2014.


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    Nuestros recintos deportivos son paupérrimos, y sólo refiriéndome a los estadios donde se juega fútbol. De hecho, en Chile no se construye un estadio desde 1989 (San Carlos de Apoquindo); nuestro Estadio Nacional está obsoleto si lo comparamos con lo que vimos en Alemania en la reciente Copa del Mundo; para qué vamos a hablar de nuestra región: el estadio Parque Municipal de Valdivia es de madera, lo mismo pasa con el estadio Parque Schott de Osorno, aunque afortunadamente en estos dos recintos pronto se iniciarán trabajos para dotarlos de canchas sintéticas. Al menos, un avance, pues el promedio de vida útil de estas canchas es de 25 años.
    Lo mismo ocurre con gimnasios de buena infraestructura como para albergar algún espectáculo de magnitud o pensar en postularnos a la organización de unos Juegos Olímpicos: el Arena Santiago se construyó finalmente -después de más de treinta años-con una concesión privada. Ejemplo que podría replicarse en la X región, donde son muy pocas las alternativas para albergar eventos de gran magnitud: existen dos coliseos de primer nivel en Valdivia y Osorno. Pero si uno recorre las ciudades interiores, se encuentra con realidades muy distintas: recintos -propiedad del Estado- olvidados por años, que se llueven en invierno, sin iluminación, con baños deficientes y carentes de seguridad para el público.
    Vale la pena reflexionar sobre el hecho de que un país como el nuestro, que crece y progresa, con carreteras de estándares mundiales, una de las más sólidas economías de Latinoamérica, esté tan atrasado en infraestructura deportiva. Y lo peor es que ninguna autoridad política, hasta aquí, ha explicado a la gente por qué ocurre tal situación, que a simple vista parece incomprensible. Chile ni siquiera cuenta con un Ministerio del Deporte, como sucede en otros países. Antiguamente, el ente que regía las políticas deportivas nacionales era la Digeder (Dirección General de Deportes y Recreación), la que cambió sólo el nombre, porque casi todo sigue siendo más de lo mismo con Chile Deportes, que reparte cargos al partido político de turno y dista mucho de ser un ente técnico estructurado, capaz de generar una política deportiva de Estado.
    Por último, el 2001 se creó el programa “Plazas Vida Chile”, para contribuir a la recuperación de espacios públicos mediante la habilitación de plazas, parques y otras áreas aptas para la realización de actividades físicas recreativas y deportivas o actividades artístico-culturales. La meta es que, al 2010, todas las comunas del país tengan una de estas plazas. Pero lo más importante es dotar a Chile de una política de Estado, que le permita desarrollar no sólo financiamiento a deportistas de elite, sino también la infraestructura deportiva en las diversas regiones. Sólo así podremos pretender, en un mañana ojalá no lejano, organizar competiciones de corte mundial con modernos estadios y gimnasios techados, acordes con la imagen que proyectamos a los ojos del mundo: un país exitoso y “a punto de subirse al tren del Primer Mundo”… pero con una infraestructura deportiva comparable con el más pobre Estado de África. No ocurre esto en Argentina y Brasil, donde sí existe la infraestructura deportiva para cobijar un evento mundial. De hecho, ambos países están pensando en postularse para organizar los Juegos Olímpicos y Brasil, además, es serio candidato por Sudamérica para obtener la organización del Mundial de Fútbol 2014. Curiosamente, cuando el presidente de la FIFA, Joseph Blatter insinuó a Chile y Argentina para la organización de esta justa, el gobierno salió a acallar a los que se entusiasmaron con la idea. Derechamente, a la actual administración no le interesa ver a Chile en estas citas.

    Leonardo Hernández

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