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    El conflicto energético con los trasandinos ha tomado ribetes inesperados. El gobierno acusó a la administración de Néstor Kirchner de sostener “un doble discurso” en el campo de la integración. La arremetida de Michelle Bachelet se debe a que los del Atlántico fijaron precios más caros para el combustible que cargan autos extranjeros en las estaciones de frontera.

    La medida, que afecta a camiones y vehículos particulares chilenos, uruguayos y brasileños, entrará en vigencia el 10 de agosto, según el plazo previsto por la jefatura trasandina.
    El ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley, disparó: “No puede haber un doble discurso; decir que queremos integrarnos, que la integración física es fundamental, que tenemos que tener un libre tránsito de vehículos y de personas, y después poner un impuesto diferenciado para aquel vehículo que tiene una patente de color distinto”.
    Bachelet encontró la herramienta para decirnos que Argentina no quiere la integración y por eso tendremos que soportar problemas energéticos.

    FRONTERA INCONVENIENTE
    Lo real es que enfrentamos una profunda dependencia en combustibles, hasta ahora con una sola posibilidad de suministro: el gas argentino. Que por más buena voluntad de las partes, es o será insuficiente. Hasta que no establezcamos lazos comerciales con Bolivia o terminemos de erigir la planta de procesamiento de gas licuado (a fines del 2008), no contaremos con otra salida a nuestras necesidades energéticas. Mientras tanto, diversas voces han puesto de manifiesto las dificultades de implementación del sistema de precios diferenciados, por lo que existen serias dudas sobre la posibilidad de llegar a aplicarlo. La misma medida -Resolución 938 de Energía Argentina- deja abierta la puerta a su aplicación parcial: “habilita” (no obliga a) la existencia de precios diferenciales, y sólo para las estaciones de servicio “que decidan adherirse al sistema”. Por si fuera poco, el artículo 11 faculta a la Subsecretaría de Combustibles trasandina a exceptuar del esquema a determinados servicentros en los que considere “la inconveniencia de aplicar el presente sistema”.
    ¿Podrá ser nuestra frontera considerada inconveniente para los precios diferenciados?
    En el plano local, la discriminación por patente a los autos chilenos tiene incidencias directas en el turismo. Algunos llaman a no ir de vacaciones a Argentina. Otros dicen que la medida potenciaría la actividad turística en los destinos nacionales como Valdivia, pues los viajeros nacionales preferirán visitar la zona, lo que implica que el gasto quedaría acá. Pero no olvidemos algo importante. No faltarán quienes terminen desoyendo este llamado.

    ARGENTINA, AMIGO
    Cuando la ministra de Minería y Energía, Karen Poniachik, se enteró por los personeros argentinos del incremento de derechos a las exportaciones de gas para compensar el precio adicional pactado con Bolivia, el gobierno no tuvo reacción inmediata. Y la oposición se lo cobró.
    El ex candidato presidencial de RN, Sebastián Piñera, visitó Valdivia y dijo a El Ciudadano lo siguiente: “Creo que es indudable que Argentina no cumplió con los protocolos y los convenios que firmaron ambas naciones, y por lo tanto, lo que Chile tiene que hacer es en primer lugar, decir que Argentina es un país amigo, vecino y con el cual tiene que avanzar hacia mayores niveles de colaboración e integración”.
    Y añadió que Chile, junto con cumplir con los convenios internacionales, “tiene que hacer cumplir a los otros países que concurren libremente a esos compromisos. Desde ese punto de vista, la posición chilena ha sido poco clara, poco firme y eso a la larga incentiva a mayores incumplimientos. Nosotros vamos a seguir planteando que Chile, con prudencia, pero con firmeza, defienda los legítimos derechos de los chilenos que están amparados por convenios y tratados internacionales”, deslizó Piñera.
    Ahora, con la movida del gobierno argentino, Bachelet vio la posibilidad de reivindicarse, victimizándose por discriminación en el trato de su vecino.
    En rigor, no es desde Chile que se genera el mayor drenaje. Los pasos por los que los habitantes de ciudades limítrofes pueden acceder a estaciones de servicio del vecino país y volver con el tanque lleno sin recorrer grandes distancias, no son muchos. Ni tan poblados. Según las petroleras argentinas, el mayor flujo de combustible hacia países limítrofes se da con Brasil. Sin embargo, la reacción de la mandataria no es tanto por la magnitud del impacto, sino por el mayor precio que deberán pagar la industria y las centrales térmicas por el gas natural que importamos de Argentina, con riesgo incluso de que se traslade al consumidor.
    La reacción de Michelle Bachelet fue interpretada, en sectores vinculados al negocio de los hidrocarburos, como una respuesta a las restricciones en el suministro de gas natural antes que el reflejo del impacto de la eventual suba de los combustibles en la frontera. Mientras que la reducción en los envíos de gas y el aumento en su precio impactará negativamente en el ánimo criollo, el efecto de un incremento en el precio de los combustibles líquidos vendidos en la frontera es ínfimo. Aunque pocos creen que el conflicto pueda derivar en una crisis en la relación bilateral, en el gobierno argentino ya analizan una posible salida si se profundizan los resquemores.
    En el fondo, lo que más molestó a Chile es no haber informado de la medida a la ministra Poniachik, quien estuvo en Buenos Aires para discutir los términos de un acuerdo para la exportación de gas argentino y le pasaron gato por liebre.
    Al cierre de esta edición, se celebraba la XXX Cumbre del Mercosur en la ciudad argentina de Córdoba. Allí, Bachelet afirmó que ni la palabra mar ni la venta de gas por parte del país altiplánico, estuvieron presentes en la reunión que sostuvo con su par boliviano, Evo Morales. Aunque sí hablaron de la posibilidad de desarrollar iniciativas energéticas en conjunto.
    Además, el gobierno argentino anunció que el alza del gas será de un 60 % respecto al precio actual, de 2,5 dólares, y es menor a las especulaciones que apuntaban a un valor por millón de Unidad Térmica Británica (BTU) de cinco dólares

    Mauricio San Cristóbal

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