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    A las pailas se fue el sueño de la Agrupación Amigos del Lino de recuperar la industria que más prestigio ha dado a La Unión. La causa de todo habrían sido las malas gestiones realizadas por el secretario de la organización, Sergio Silva, quien no consiguió el dinero


    Linos La Unión
    para la compra de una serie de máquinas rematadas por la quebrada industria Linos La Unión. A este señor, que por estos días se encuentra “arrancado” a Santiago, le espera un negro panorama, debido a que el dueño de la maquinaria, Hugo Alonso, piensa interponer una querella en su contra por giro doloso de cheques y estafa.
    El viernes 10 de febrero comenzó la demolición de las máquinas en el terminal de buses de La Unión. A combo limpio se terminó con más de 65 años de historia, ante la triste mirada de quienes soñaron con que alguna vez podrían volver a elaborar aquellos productos textiles reconocidos en el mundo entero.
    Todo por el no cubrimiento del cheque inicial, pactado para el 20 de enero, con el que se empezarían a pagar los 120 millones de pesos que Alonso pedía por la maquinaria linera. Este empresario, reciclador de metales en Rancagua, se hizo acreedor de más de 60 artefactos en el remate efectuado por Linos La Unión, en diciembre de 2005.
    “Es increíble que por 25 millones de pesos todo fracase” señala Rubén Cárdenas, presidente de la Agrupación, dejando entrever una situación con muchas aristas y con un final ya conocido, una historia digna de “El cuento del tío”.

    TRISTE DESENLACE
    Si usted busca en su colección de nuestro quincenario el número 14, verá que en él aparece una nota denominada “La idea Tiene Pies y Cabeza”. Allí se detalla la reunión entre los “Amigos del Lino”, el ex presidente y actual senador Eduardo Frei y Ricardo Halabí, ex candidato a diputado. Ante ellos expuso Sergio Silva, dando a conocer un innovador plan que pretendía recuperar la industria en la décima región. La idea fue aplaudida por los políticos, a los que se sumaron instituciones educacionales, como la Universidad Bolivariana y la banca privada. Y es que de verdad tenía pies y cabeza, tanto así que la empresa productora de la fibra Salus, de Villarrica, había comprometido ya un negocio, para comprar semillas a la futura “Lino” de La Unión.
    Con todo esto, se envió, supuestamente, a la Corporación Nacional de Fomento (CORFO) un proyecto avaluado en 5 millones 700 mil dólares, con los que se compraría maquinarias, terrenos agrícolas al sur de Purranque y materiales para la edificación de la industria. Buscaba reactivar la textilería y dar un valor agregado a la fibra, como la comercialización de la semilla y la producción de papel de lino, uno de los más caros del mundo.
    Se proyectaba dar empleo directo a más de 210 personas en un plazo de tres años, sin sumar los indirectos, que superarían tal número.
    Como la Agrupación no era una sociedad constituida, exigencia de la CORFO para estos trámites, fue Silva quien figuró como titular del proyecto. “Siempre nos dijo que las platas estaban seguras. Por eso es que seguimos adelante. Cómo no creerle, si se relacionaba con Eduardo Frei, al cual trataba de tú. Yo confié en él por esto” reconoce Rubén Cárdenas.
    Sin embargo, Silva nunca entregó el proyecto elaborado por la Agrupación. En su reemplazo, y sin saberse aún los motivos, envió otro creado por él, enfocado a la historia de la industria, pero que carecía de los elementos comerciales requeridos por la CORFO. La iniciativa nunca fue aprobada, algo que Silva mantuvo en silencio. “Siempre dijo que las platas llegarían”, comenta Cárdenas.

    EN LA CONFIANZA REINA EL PELIGRO
    Como el proyecto supuestamente era analizado por CORFO, la Agrupación se dedicó a negociar la compra de las máquinas en desuso, primero con la quebrada Linos La Unión, y luego con Hugo Alonso, empresario reciclador de metales en Rancagua, quien se las llevó por 45 millones de pesos en la subasta del 2005. El “fierrero” las vendió en 120 millones, que serían pagados en seis cheques, entre los meses de enero y junio. Como el “empresario” era Silva, fue él quien firmó el contrato, pagando con cheques de su propia cuenta corriente.
    Empezaron a trasladar las máquinas hasta el terminal de buses de La Unión, para lo cual los “Amigos del Lino” gastaron 9 millones de pesos. Justo cuando sacaban el último artefacto, llegó la orden de Alonso de que no se retirara nada más.
    Quedaron perplejos. No sabían qué pasaba. Sólo después se enteraron de la verdad. Silva los había engañado a todos. Nunca consiguió la plata para cubrir los cheques y ahora se arriesga a pasar varios años en la cárcel por giro doloso de cheques y estafa.
    “Este señor nos hizo mucho daño. Acabó con el sueño de más de 170 trabajadores que veían en esta iniciativa la oportunidad de salir de la cesantía y empezar una vida mejor”, concluye Cárdenas.
    Por su parte, Silva ha dicho que está en Santiago negociando con unos suecos interesados en las máquinas. Desgraciadamente, ya nadie le cree.

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