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    He visto con repugnancia el debate “técnico” en relación al impacto del gasto fiscal en la inflación. Todos lo dan por hecho. Dado que el Estado está gastando más –léase le está dando unas cuantas monedas a los más pobres para que se las puedan arreglar con las alzas de precios-, entonces la inflación es culpa de esa desmedida y casi descabellada preocupación por los más pobres.

    La mecánica es la muy conocida ley del mercado que nos dice que cuando hay más demanda hay más presión sobre la oferta y esta reacciona aumentando los precios. Pero hasta el más mediocre de los economistas sabe que el fenómeno de la inflación no es tan mecánico ni mucho menos tan simple. Por ejemplo, podría existir una situación de acumulación de inventarios por caída de la demanda, entre otras cosas por el aumento de los precios internacionales de los alimentos y la consabida pérdida de poder adquisitivo. No hace mucho tiempo que la prensa informó de la crisis alimentaria y del aumento catastrófico en el precio del arroz y de la harina que ha hecho subir el precio del pan. Entonces, el poder adquisitivo se ha venido al suelo y los gastos paliativos que hace el Estado para poder paliar esta situación, no serían la causa del problema. Entonces hay que medirse a la hora de llegar e imputarle al gasto público el aumento de la inflación. Ni hablar del espectacular aumento del petróleo que sin lugar a dudas ha impactado severamente el fenómeno inflacionario que no es responsabilidad de los gastos del Estado.

    Por otra parte, a la hora de encontrar responsables del aumento de la inflación ¿Por qué no se dice nada de las políticas orientadas a paliar la caída del dólar? ¿Comprar dólares no implica mayor circulante en la economía que presiona los precios hacia arriba? ¿Por qué cuando se trata de las políticas que van en beneficio del 1% de las grandes empresas y de las trasnacionales que hacen el 98% de las exportaciones, nadie se escandaliza por el fenómeno inflacionario? Doble pecado, primero, éstas compras de dólares meten más circulante en la economía y, segundo, aumenta más la inflación pues sube el precio del dólar y, en consecuencia, de los productos importados, entre ellos, cosa grave, el petróleo ¿esto no afecta la inflación?

    Eso no es todo, se sabe que las economías con alta concentración de la propiedad, con mercados en donde mandan una a dos empresas monopólicas, un fuerte aumento de los precios externos debido a problemas de carácter mundial, tienden a trasmitirse casi por completo hacia los consumidores, dado que los monopolios tienen el poder para traspasar todo el impacto sobre los precios y nada sobre sus utilidades. Eso lo saben todos los economistas, pero, a la hora de cuestionar las posiciones monopólicas de las grandes empresas representadas en la Sofofa o la CPC, todos miran para el cielo y se hacen los desentendidos.

    Y cuando de subir el salario mínimo se trata, salen a llorar y a proferir gritos desgarradores ¡Oh mi Dios, la inflación! ¡Madre divina que se nos viene la crisis y se oirá el rechinar de los dientes! Pero ni se acuerdan de la, a estas alturas, maldita UF que se ha constituido en un muro de protección para las utilidades y rentabilidades del capital financiero, la banca, las sociedades anónimas y en una verdadera sangría para el sueldo de los trabajadores ¿hay algún economista de la plaza que pueda desconocer el feroz impacto que tiene en la inflación la famosa UF?

    El gasto público en Chile es casi despreciable, en comparación con la importancia de éste en los países desarrollados. Mucho más saca el capital extranjero del país como utilidad que lo que gasta el Estado. Resulta francamente abusivo responsabilizar al gasto público de la inflación, cuando hay factores mucho más significativos que influyen en ésta y que dicen relación con los mecanismos de poder, control, dominio y abuso de la elite sobre el pueblo chileno.

    Es repugnante darse cuenta que detrás de todo esto hay un intento inmoral y despreciable por hacerle pagar solo a los más pobres, a los trabajadores, el impacto del aumento de los precios externos. Efectivamente han subido el precio internacional de los alimentos y del petróleo, por lo que, al decir de los economistas, somos más pobres ya que con la misma riqueza –digo por decir- tenemos que comprar menos. Entonces, hay que asumirlo no más si no queremos inflación interna. Hay que aceptar que somos menos ricos que antes o, mejor dicho, que somos más pobres aún. Pero de allí a pretender que los trabajadores tengan que empobrecerse por ellos y por las sociedades anónimas, el capital financiero, las trasnacionales y los grupos económicos, para que éstos no dejen de ganar gracias a su poder monopólico, a la influencia en el Banco Central para que se les asegure el precio del dólar y gracias a la pervertida UF, es ir demasiado lejos, es ser simplemente abusadores.

    Marcel Claude, Economista
    Director de Arena Pública, plataforma de opinión de Universidad Arcis

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