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    No estaban muertos ni andaban de parranda. Aburridos de escuchar la promesa de los tecnócratas de que cambiar la educación es un proceso paulatino; o de verse contabilizados en rankings de competitividad, los secundarios por estos días, salen de nuevo a la calle. Con El Ciudadano compartieron un café, esperando el desalojo de la toma; encontrándonos en una estación de metro, para conversar de educación, de cómo los ha tratado la prensa, de las respuestas del Gobierno y de cómo su generación, hija de la postdictadura, sueña cambiar Chile.


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    ¿Qué rol el MINEDUC no está cumpliendo y los lleva a movilizarse?

    – Hay un marco que regula la educación, que es contradictorio. El caso de las mallas y el contenido mínimo; que para algunos colegios pasa a ser máximo y para otros es el mínimo, cosa que el MINEDUC no regula para nada. Uno se va dando cuenta de que no tienen el poder que debieran, que cuando se les dice que por favor intervengan en mi liceo, dicen que no pueden por el sostenedor o que no tienen recursos, o cualquier cosa.

    En los diálogos que han compartido entre estudiantes de distintas realidades, ¿qué visión hay sobre los sostenedores de colegios?
    – Hay quienes son bastante buenos, pero la mayoría son mediocres y enseñan a los secundarios bajo sus valores, sus reglas y la libertad de enseñanza no se cumple a cabalidad. El Colegio Britania, por ejemplo, es el más paradigmático de la irresponsabilidad de muchos sostenedores.

    ¿Qué te parece la gestión del Consejo Asesor?
    – Hay consensos, pero dentro de tales también hay divisiones. Es como encargar el arreglo de una mesa mala y no pedir señalar qué es lo que se quiere arreglar. Además, hay que tomar en cuenta de que su existencia fue una forma de dilatar el movimiento de mayo y recién se entregará el proyecto final de Bachelet en marzo.

    ¿Qué rol crees que han jugado los medios en este proceso?

    – La objetividad que tanto hablan no existe. Quizá haya periodistas que tienen buenas intenciones al estar con nosotros, pero que sufren la presión de sus editores. También se da el caso de que muchos tratan de buscarte la mala, hacerte argumentar cosas que no quieres argumentar o de plano te tratan mal física o psicológicamente.

    ¿Alguien que ha descollado en tal sentido?

    – Iván Núñez, del Canal 7. Es un tipo que jura que se las sabe todas sobre lo que pasa en la asamblea, o de la LOCE y al final no sabe nada. Un periodista de La Nación también es francamente asqueroso : me ha hasta inventado cuñas y puesto cosas que yo jamás he dicho. El Canal 13 ha sido incisivo, pegote, buscando el quiebre o alguna cosa negativa que contar, nos siguen casi todo el día para buscarnos el lado malo.

    ¿Y cómo evaluarías la reacción del Gobierno desde el principio del conflicto?
    – El Gobierno ha buscado dejarnos en ridículo, nos ha tratado de ignorantes o el mismo Secretario Provincial de Educación, Alejandro Traverso, nos acusa que estamos en toma por presión política de la derecha. ¡Nada que ver! Y por el otro lado tienes a Michelle Bachelet diciendo que están creando instancias más democráticas o que los jóvenes participemos. Me parece súper inconsecuente si me invitan a eso y por el otro lado nos aportillan y calumnian.

    ¿No crees entonces que responde a una incapacidad de la clase política tradicional?

    – La incapacidad la ha tenido siempre, porque su gestión del conflicto es pésima.

    ¿Por qué estás luchando?
    – Porque quiero un nuevo modelo de vida y esto pasa por la educación, formal e informal, porque yo sienta que no me están discriminando, que la distribución de los recursos sea equitativa. Pasa porque yo me pueda sentir feliz en mi país. Y eso hoy no ocurre. En mi caso hay un abismo con alguien de un colegio particular pagado a la hora de dar la PSU y eso todos lo saben.

    Llama la atención que todos los dirigentes secundarios, independiente de su color político, han mantenido un respeto total por la asamblea, cosa inédita en el movimiento social chileno de la postdictadura.
    – Es tan heavy eso. A veces llegas a pensar distinto a la asamblea, pero tienes que ser honesto con ella y responder. No te da espacio para hacer trampa porque tienes al lado a alguien que te está mirando y son tus propios compañeros. Eso hizo frente a todas las técnicas que el Gobierno aplicó con nosotros, como citarnos a escondidas hasta los días sábado a algunos dirigentes, o que llegues y te das cuenta que han hablado con algunos de tus compañeros o que llaman a tus padres. Entonces te preguntabas ¿Y esto para qué?

    ¿Y cómo asumieron esto, considerando que muchos de ustedes no tienen experiencia política?
    – Nadie la tiene. A partir de la asamblea muchos nos autodisciplinamos y educamos. Por ejemplo, yo nunca he ido a clases de oratoria y hay quienes resaltan mi claridad o eso de tener que enfrentarte a periodistas que te quieren pillar.

    ¿Militas en algún partido político?
    – No, porque no siento que sean representativos y no podría hasta que salga de la asamblea.

    ¿Votaste en la elección presidencial pasada?

    – No voto y no voy a votar. Para mí es un tema valórico importante y si algún día lo asumo lo haré con responsabilidad. En la elección pasada dije para qué hacerlo si mi voto no es representativo, no lo va a pescar nadie, si va a ser uno más ¿para qué?

    ¿Cómo ves la voluntad del Gobierno frente a las movilizaciones de estos días?
    – Están mucho más distantes de la asamblea, que ya no quieren transar y están dispuestos a todo para lograr sus objetivos y eso causa miedo.

    La prensa en general ha entrevistado por estos días a varios ‘técnicos’ en educación, como José Joaquín Brunner, a quien conociste en la Comisión Asesora Presidencial de Educación ¿Qué opinión te merecen estos técnicos?

    – Cuando volvamos a aplicar criterios humanos las cosas van a servir. Los criterios aplicados hasta ahora han sido nefastos en la educación. Además, lo que Brunner pueda decir puede ser muy espectacular para él, pero para mi realidad no lo es. Los técnicos son como los médicos indolentes que al pasar los años pierden la capacidad de asombro, reducen todo a una cifra y responden a estímulos de porcentajes y cifras. Ya no responden al sentido social y no aplican criterios humanos.

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    ¿Cómo fue tu noche de toma en el Instituto?
    – Intranquila, por el oficio enviado a las municipalidades por la Intendencia, para que procediera el desalojo la semana pasada. Luego lo ordenó el mismo Gobierno, pero igual no somos pocos los que estábamos tranquilos.

    ¿Qué acordaron en la asamblea de secundarios?
    – La necesidad de continuar vigente como movimiento social, de seguir en constante pugna en pro de los objetivos que queremos alcanzar.

    ¿Tienen la misma fuerza de mayo?
    – Creo que no, porque en mayo éramos un movimiento más puro y ha habido desgaste.

    Siendo cercano a la UDI has señalado que congelaste tu militancia política mientras seas dirigente ¿Por qué?
    – Me siento cercano a la UDI, pero por mi parte no ha habido intervención política, porque yo no lo he permitido. Se me ha ofrecido ayuda, cosa que agradezco enormemente, pero no la he aceptado porque siento que me quita la libertad de decidir. Los partidos nos entregan pequeños paradigmas, pero si te mantienes alejado puedes ver la gama de visiones para poder elegir. Los cargos representativos te obligan a tener la amplitud de juicio para dejar de ser tú y representar el resto. A mí no me están pidiendo la opinión, a mí me están pidiendo que represente.

    ¿Cómo evaluarías la respuesta del Gobierno a las demandas de los secundarios?

    – Lenta. Siento que le pasaron la cuenta, la ciudadanía se tomó en serio el llamado que hicieron en campaña. En nuestro país está devaluada la opinión de los jóvenes y de los más ancianos, por ello quizá responden así, el problema es que los jóvenes sí queremos participar, pero no como ha sido hasta ahora, esa forma no nos interesa, está viciada.

    ¿Cómo evalúas la gestión del Consejo Asesor?

    – En términos positivos ha aumentado el debate, intercambiado comentarios y elevado la discusión; pero no ha sido un avance significativo en políticas de educación. Lo dicho ya está planteado en las comisiones de secundarios que trabajaron el año pasado. Hay personas que trabajaron en la reforma de la PAA y hasta en la reforma del ’64. No es malo, pero las voces antiguas tienen visiones antiguas, quizá hasta prusianas de la educación, a diferencia de los más jóvenes, quienes tenemos una visión más acorde con las demandas de hoy.

    ¿Qué te parece la sobredimensión de los asesores técnicos en esta discusión?
    – Me parece adecuado que estén personas que entiendan el tema más estructuradamente, pero también es necesario incorporar las visiones de quienes tienen visiones más domésticas del día a día. Si te dedicas sólo a medir los logros del aprendizaje, pero sin tomar en cuenta las oportunidades de éste, no llegas a nada. Los actores sociales y los técnicos deben ir entrelazando discursos y compartiendo visiones.

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    ¿En qué situación se encuentran ahora?
    – En amenaza de desalojo desde las cuatro de la tarde.

    ¿De quién provino la orden?
    – De Belisario Velasco.

    ¿Qué te parece su actuación?
    – Represora. Su entrada al gobierno sólo deja en claro la voluntad de reprimir todos los movimientos sociales que están ocurriendo.

    ¿Y qué piensas del Consejo Asesor?
    – Soluciones económicas hemos tenido y eso es un avance. Pero nuestro planteamiento en mayo fueron temas de fondo, que aún no se resuelven. Ha sido una discusión con distintos sectores, pero no hay avance. Así que hemos decidido volver a este tipo de acciones, para decir que no necesitamos una mesa asesora, sino que soluciones concretas del modelo educativo.

    ¿Participaste de esa instancia?
    – No quise participar. Se me ofreció en la asamblea, pero no quise porque no estoy ni ahí, no pienso sentarme a discutir con los mismos que hoy se están lucrando con la educación en Chile o con García Huidobro, Brunner o Patricia Matte.

    ¿No te gustan estos expertos en educación?
    – Todos los asesores deben recibir sus monedas y al fin de cuentas el modelo educativo chileno fue hecho por técnicos y ha fracasado. Ese puro tecnicismo, con que se la han sacado siempre, choca con que nosotros somos los que vivimos día a día en los colegios y debieran prestarnos más atención.

    ¿Y ese día a día que te ha permitido constatar?

    – Que la educación es una mercancía. No puedo criticar, ni discutir, ni menos ser autodidacta en este modelo de mercado, a alguien que dicen que sabe más que yo. No hay correlación de conocimientos ni aprendizaje mutuo.
    Leyendo las opiniones de estos técnicos, es común encontrar frases como el aumento de la competitividad o entender la educación para la formación de capital humano…
    – Hay muchos lugares comunes que han fracasado. Sinceramente no me interesa la competitividad, sino para mí la educación es una herramienta para formar personas, se vive todos los días y hasta que uno se muere. No me interesa competir con un compañero por un 7 o para evitar una anotación positiva. Con esa formación a nadie le importa pasar a llevar a otras personas ya que no hay relaciones humanas.

    ¿Qué hay que cambiar entonces?

    – Un cambio radical es mi percepción. Los colegios debieran traspasarse a la educación popular, ser un lugar abierto a la comunidad y terminar con esta educación de mercado. Este proceso pasa porque todos sean iguales, a través de la discusión cotidiana; y que el profesor sea uno más, la discusión de ideas y el aprendizaje genera un conocimiento a partir de la discusión.

    ¿Qué rescatas de este año de movilización?
    – Se han creado espacios de organización cototos. Me ha tocado muchas veces encontrarme con gente que tú pensabas que no va a estar ni ahí, que no les interesaba nada, pero están ahí. Hay cabros adentro de la toma que nunca los habías visto y están acá.

    Me imagino que después de tomarse el liceo, la vuelta a clases es distinta. Enfrentarse al profesor ya es otra cosa…
    – Nosotros tuvimos el colegio en nuestras manos un mes y fue charcha` volver al otro día a clases y tener a los profesores e inspectores paqueándote porque no te cortas el pelo, por no llegar a la hora, por cualquier cuestión. Prefiero el proceso de educación de la toma, leímos harto y aprendimos harto de nosotros mismos.

    ¿Alguna anécdota que recuerdes?

    – El 22 de mayo, el Liceo de Aplicaciones era el único colegio en toma, los otros se habían bajado durante la mañana, y nos llega la información que va a haber desalojo. Esa noche llegamos 120 cabros y desde la 1 hasta las 5 de la mañana estuvimos parados en el patio esperando a los pacos. Y llegaron, pero les dio miedo entrar ya que nos vieron listos para pelear, para defender nuestro espacio. Realmente sentimos esa noche que vencimos.

    Mauricio Becerra

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