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    En un país donde el ministro de Hacienda proviene de una secta con nombre de productora de eventos, la cual hace sus seminarios en los rascacielos de Nueva York; bien vale dar una mirada a los nuevos economistas formados en el exitismo neoliberal y con las cifras macroeconómicas como rosario. Es el caso de Marcos Kremerman, economista UC, quien en una vacía habitación a metros de La Moneda y unos pisos arriba de las ventanillas del subsidio de cesantía, inaugura un observatorio laboral que apunta a dar capacitación a los trabajadores, para que sean investigadores y capacitadores de su gente. “Queremos fortalecer un sindicalismo sano y honesto”, recalca Marcos, quien se aburrió de ver en la tele a los economistas clásicos pontificando sobre el modelo económico o la flexibilidad laboral y después al ministro de Hacienda de turno, aplicando la receta.


    marcos kremmermann

    – ¿Qué señal habrá querido dar el Ministro de Hacienda, al preferir la Enade (Encuentro Nacional de la Empresa) para anunciar los cambios que pretende hacer en materia laboral?
    – Creo que es una señal política. Se está dando una contability al mundo empresarial, siguiendo la costumbre centenaria en Chile, en donde se da cuenta de lo que se hace a quienes tienen el poder. También es una señal en torno a lo que está ocurriendo en la economía chilena, la que no está creciendo como debería.

    ¿Qué expectativas de crecimiento tienen aún los economistas para este año?
    – Es probable que sea de un 4,5 ó 4,6%, con un precio del cobre por las nubes, como nunca antes lo habíamos tenido; con otros comodities, como las exportaciones de celulosa, salmón y frutas con precios bastante favorables, que se estima llegarán a los US$60 mil millones. Algo esta pasando, que pese a todo ello el crecimiento es inferior. Según los economistas clásicos es por elementos microeconómicos. Dicen que en Chile es muy caro contratar y despedir personas, que el mercado laboral es muy rígido, que hay muy pocas posiblidades para el desarrollo de las empresas. En este contexto la señal de Velasco es que el gobierno va a empezar a abordar dichos fenómenos y ahí entra la famosa flexibilidad laboral.

    ¿Podrías definir tal concepto?
    – Hay distintas formas de explicarla. Hay quienes señalan que es la capacidad de las empresas de mover trabajadores en el tiempo, en lugares y en horarios. Es decir, contratar y despedir de manera rápida, hacerlo por periodos cortos; ya sea por faenas, por servicios o días. O sea, dar todas las posibilidades para dar una movilidad muy grande al mercado laboral. También es la adaptabilidad laboral, que significa que las empresas puedan adaptarse según los escenarios productivos. Así, una fábrica de zapatos en verano, cuando necesita más trabajadores, contrata gente por ese período y el resto del año mantiene una planta de trabajadores menor. Se han usado los términos indistintamente y fundamentalmente apuntan a dar movilidad.

    Pero gran parte de la población ya trabaja de manera part time, sin contratos, a honorarios y según las necesidades del empleador. Eso ya existe ¿para qué más?
    – Es así, pero los economistas clásicos insisten en esto. En Chile hay una distancia muy grande entre el Código del Trabajo y el trabajo concreto, que es muy flexible. Si revisas estándares internacionales, nuestro país está entre uno de los países más flexibles del mundo. En la cantidad de contratos indefinidos, en el empleo informal, hay una precariedad para el trabajador tremenda. Un sólo ejemplo: entre el 90 y el 2003, según la propia encuesta Casen, pasamos de 78% de trabajadores con contrato a un 68%. O sea en 10 años se bajó en 10 puntos. Lo que no reconoce el empresario y los políticos es que en Chile la ley se acata, pero no se cumple.

    ¿Qué capacidad hay por parte de la Dirección del Trabajo de fiscalizar esto?
    – Es muy baja. Por ejemplo, en el caso de las empresas salmoneras, que tienen más de US$2 mil millones de retorno por exportaciones, de 100 empresas se pueden fiscalizar sólo 12. Y eso se reproduce en todo el mercado laboral.

    QUILTRO Y GRAN DANES
    El anuncio del ministro Velasco también incluyó un viaje a Dinamarca, cuyo modelo de empleo se presenta como modelo a seguir. ¿Cuáles son las características de aquel?
    – Se distingue por la aplicación del famoso flexysecurity, mezcla de flexibilidad y seguridad para el trabajador. La diferencia es que allá existe un gran colchón y en Chile no se puede aplicar flexibilidad si no se tiene un piso mínimo para que los trabajadores puedan defenderse en momentos difíciles. En los países desarrollados, esa discusión ocurrió 100 años atrás, cuando se pusieron de acuerdo en un proyecto país y se establecieron garantías mínimas de calidad de vida en salud, vivienda o educación. En Chile eso no existe.

    En Chile el seguro de cesantía en las etapas finales alcanza para algunos la cifra de $7 mil mensuales.
    – Esa es la diferencia. En Dinamarca alcanza a un 70% de tu salario y los que recibiendo un bajo salario optaron por el seguro de cesantía en Chile, reciben en promedio unos $20 mil. Además va bajando, a diferencia de Dinamarca, donde dura hasta 4 años y puede llegar al 80% de tu salario.

    En la discusión económica siempre se pone como paradigma el crecimiento alcanzado en 1996. ¿Con las actuales condiciones se podrá superar el 7% de crecimiento?
    – Es difícil. Mi tesis es que Chile no crece por su desigualdad, opinión compartida con economistas de la CEPAL; y eso los economistas clásicos, que vemos en los medios y en la discusión pública, no lo dicen. Los documentos del Banco Mundial del 2004, que gatillaron que Eyzaguirre por primera vez en la historia chilena estuviera obligado a decir que en Chile hay una desigualdad vergonzosa, dicen claramente que en sociedades en que las diferencias en los ingresos y las oportunidades son tan grandes, como en Chile, en algún momento sus economías crecen a una menor tasa y cuesta mucho erradicar la pobreza. No es problema de flexibilizar, Chile no da el ancho y ese diálogo en los mínimos sociales no se ha efectuado.

    Más bien se han asegurado las condiciones para que los inversionistas extranjeros inviertan en Chile con seguridad. Esa ha sido la prioridad del gobierno.

    – Insisto en que acá no tuvimos pacto social. Si bien el país exhibe buenos indicadores hacia afuera, se nos está yendo el alma. No se desarrolló la contraparte social y así los economistas empiezan a tirar cifras económicas sin su contexto social. Empiezan a hablar del crecimiento, del aumento de la inversión extranjera, de la carga tributaria y olvidan que detrás de todo eso hay seres humanos.

    También es común ver a economistas hablando de que Chile debe bajar la carga tributaria a la inversión, la que consideran muy alta.
    – Eso es irrisorio. Tenemos una carga tributaria muy pequeña para lo que el Estado intenta hacer. Un 20% del PIB versus el 50% de Suecia o Dinamarca.

    Aunque el impuesto a las personas, el IVA, alcanza el 19%…
    – El IVA es súper regresivo porque agrava de mayor forma a las personas de menos recursos. Y tampoco es plano porque las empresas tienen un 17% a sus utilidades declaradas. Súmale a esto el problema de información. Tenemos muchas empresas que al ser sociedad anónimas cerradas nadie sabe lo que hacen. Enormes conglomerados que no tienen obligación de hacer públicos sus estados financieros, por lo que sus ganancias son una caja negra.

    AUSENCIA DE UN PROYECTO PAÍS

    ¿Qué te parece la continuidad en las políticas de los ministros de Hacienda de todos los gobiernos de la Concertación?
    – Ellos han administrado un modelo heredado de la dictadura. Si bien han tratando de dar un poco más de equidad, no han sido capaces de dar el salto estructural que requiere la economía chilena. Eso no lo han logrado.


    – ¿Cuál es ese salto estructural?
    – Primero que nada tener un proyecto como país. Esa instancia de que las personas nos pongamos de acuerdo en lo que queremos y las bases para lograr aquello. Decir tenemos esta idea de país y para lograrla necesitamos este dinero, debatiendo la forma de financiarlo. Lo que ha ocurrido es que una aristocracia pequeña se puso de acuerdo de qué país querían y las instituciones han funcionado de acuerdo a ello.

    Una muestra de aquello lo da la anunciada reforma al sistema previsional, que no pasa de ser cosmético.
    – Si quieres hacer un cambio importante en el sistema de AFP, esto no va a venir como se nos prometió. Hay US$85 mil millones que administran las AFP, lo que les confiere mucho poder, y es obvio que ese dinero no van a querer soltarlo así no más. El diseño de la política previsional no es técnico, es ideológico. Si fuera técnico tiene que asegurar condiciones de jubilación básicas para todos y hoy la jubilación para un importante sector de la población alcanza los $60 mil. Se habla mucho de tener una discusión técnica, pero en la práctica se defienden intereses.

    – La tasa de ganancia de los grupos económicos y los índices de la Bolsa de Comercio han superado el 30% anual, que a fines del año pasado llegó a algunos sectores empresariales a reconocer un exceso de liquidez, junto a una magra cartera de inversiones que se destina a supermercados y multitiendas. ¿No generará un problema futuro que los inversores nacionales continúen poniendo la plata en sectores no productivos?
    – El 53% de la inversión extranjera se concentra en la minería, electricidad, gas y agua, generando el 2% del empleo nacional. A diferencia, la inversión nacional se concentra en el retail, donde además de que es un sector que más que producir cosas hace dar vueltas el dinero, hay bastante precariedad. Si analizas cualquier cadena de retail te encuentras con que hay 150 ó 200 contratistas, lo que impide que los trabajadores puedan negociar. Detrás de esa falsa modernidad que se muestra, se esconde mucha precariedad.

    En una entrevista reciente, el ministro Velasco anunciaba que el consumo creció un 7% lo que lo tiene satisfecho al ser el principal motor de la economía. ¿Qué porcentaje de este crecimiento corresponde a endeudamiento?
    – No hay cifras que den cuenta de ello aún. Pero si ves las liquidaciones de sueldo de trabajadores encontramos que pagan 40 mil ó 50 mil pesos por un préstamo a través de una caja de compensación o créditos comerciales. El 50% de sus sueldos tienen que pagarlo en deudas, lo que es producto de necesidades básicas o creadas. Detrás de esas cifras macros se esconde una realidad más compleja, que es un alto consumo pero con un alto nivel de endeudamiento. Es una realidad muy precaria y que no da cuenta de una economía sólida.

    QUE NO SE NOTE POBREZA
    Un alto porcentaje de la fuerza laboral se encuentra bajo la modalidad del empleo informal ¿Qué porcentaje de población representan?
    – El 38% de la población trabajadora tiene un empleo informal. Una economía moderna, como les encanta llamar a los economistas clásicos, no puede tener tal índice, que no es otra cosa que precariedad laboral. Si bien, en otros países latinoamericanos la cifra supera el 50% y no todos se asocian a bajos salarios, el porcentaje en Chile es muy alto y representa las típicas tácticas de sobrevivencia. Es cosa de pasearse por las calles, y ese es el problema de los economistas que no salen de sus oficinas. Recorre el paseo Ahumada y fácil te encuentras con 100 vendedores ambulantes en una cuadra y eso te da una idea de la realidad de la economía que no se refleja en estas cifras grandes.

    – ¿No da para sospechar que las cifras están diseñadas para que no se reflejen?
    – Ojalá que no sea así. Pero la cara bonita que se ha preocupado de mostrar Chile hasta el momento a la elite le ha resultado. Las cifras macro, la inflación controlada o cierto orden fiscal son datos importantes, pero la forma de medir está bastante lejos de apuntar a ser fidedigna. ¿Cómo se mide el empleo? La pregunta es si usted trabajó alguna hora la semana pasada. Si la respuesta es sí, entonces usted está empleado. La medición de la pobreza es otra aberración. Si tu vives solo y ganas 45 mil pesos no eres pobre para las estadísticas. Las cifras no reflejan lo que ocurre en la realidad y así las personas tienen que jugar al servicio de la economía y no la economía al servicio de las personas.

    Las prioridades están puestas en otra parte. El mismo discurso de las autoridades, en vez de hablar de personas se refiere al mercado laboral o mejorar las condiciones de inversión.
    – Hace un tiempo atrás hice una comparación en la agilidad legislativa de los proyectos de ley en materia económica en contraste con los sociales. Tomé como muestra 20 de cada uno, y resulta que los proyectos de ley relativos con la economía y la profundización del modelo económico demoraban en promedio 3 meses y los tratados de libre comercio en un mes estaban listos. Pero los de carácter social demoraban más de 2 años. Ahí uno se da cuenta cuales son las prioridades.

    – Ante tal desidia de parte del poder político, ¿qué espacio cabe a la ciudadanía?
    – Hasta ahora se ha avanzado harto en criticar y es momento de proponer por parte de los que no están conformes con lo que ocurre. La ciudadanía falla al no proponer organizadamente. Los movimientos sociales están bastante débiles y fracturados por esos comportamientos pequeños de grupos de poder, de algunos dirigentes sindicales que no representan a quien dicen representar. Lo otro es ir avanzando en las instituciones exigiéndoles que desarrollen herramientas que permitan una mayor democracia en las políticas sociales, que no sea sólo una cosa escrita sino que operen efectivamente en la realidad. Mientras las decisiones, como ocurre hoy, se sigan tomando entre 4 paredes se va a seguir reproduciendo un modelo de 200 años, en donde unos pocos deciden por todos.

    Mauricio Becerra

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