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    Cada vez que el ultraderechista Jair Bolsonaro fue consultado sobre un tema económico durante la campaña electoral, eludió responder y se limitó a decir que “debía preguntarle” a Paulo Guedes, su asesor en esta materia y próximo “súper ministro” de Hacienda de Brasil, quien tendrá el reto de impulsar la economía más grande de América Latina, que se encuentra sumida en una depresión desde 2015.

    El presidente electo de Brasil no tuvo ningún tipo de reparos en admitir públicamente  y “sin vergüenza” su falta de conocimiento en el área económica, tal y como hizo en los debates y entrevistas previas a los comicios.

    “De verdad, no entiendo de economía“, confesó al diario O Globo.

    Sin embargo,  su hombre de confianza advirtió que aplicará una receta liberal, basada en el incentivo al libre mercado, las privatizaciones y un severo ajuste fiscal. Un hecho que reviste importancia teniendo en cuenta que Brasil es la economía más gravitante del continente, y las decisiones que tome su Gobierno en esta materia afectarán al resto de los países vecinos.

    Economía en recesión

    El Brasil que recibirá Jair Bolsonaro a partir de enero de 2019, dejó atrás su “época dorada”, caracterizada por una economía boyante en lo social  bajo el Gobierno del Partido de los Trabajadores del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011).

    En ocho años, el líder sindical-hoy preso por supuesta corrupción- logró sacar de la pobreza a 30 millones de personas con políticas públicas y programas de atención social. En este período la nación suramericana concentró la mayor inversión internacional de la región y su clase media logró crecer para expandir el consumo interno.

    Sin embargo este panorama cambió debido a la crisis política suscitada durante el segundo Gobierno de la ex presidenta Dilma Rousseff que resultó con su destitución gracias al impeachment perpetrado por el Congreso en mayo de 2015.

    El poder lo asumió entonces su vicepresidente, Michel Temer, quien llevó adelante un paquete de medidas de recortes, austeridad y la privatización de al menos 57 servicios brasileños.

    La realidad es que Brasil afrontó dos años de recesión (2015 y 2016), y otros dos de muy baja recuperación. En 2017 el Producto Interior Bruto (PIB) subió apenas  un 1% y, según las previsiones de los analistas, cerrará 2018 con un aumento de alrededor del 1,35%, menos de la mitad de los previsto hace apenas un año.

    El reto del ultraderechista es mejorar el ritmo de la actividad económica de un país que suma 12,7 millones de personas sin empleo con una tasa de paro del 12,1%; tomando en cuenta que esta cifra era de  4,8% en las elecciones de 2014.

    A lo que se suma una creciente desigualdad y un aumento del número de pobres, que subió de 17,1 millones en 2014 a 23,3 millones en 2018.

    En los últimos cuatro años la deuda pública pasó de un 55,4% del PIB a un 77,3% según los cálculos del Banco Central de Brasil, mientras que los del Fondo Monetario Internacional elevan la cifra a un 85,92%.

    Los escándalos de corrupción y la inestabilidad política hicieron mella, por lo que de una tasa de inversión del 20,4% del PIB en 2014, Brasil pasó a un 15,6% en 2017, un porcentaje que dificulta un crecimiento sostenible.

    Mientras que el rezago económico ralentizó también el comercio exterior de Brasil. Las exportaciones cayeron de 256.000 a 225.000 millones el año pasado.

    El economista brasileño, Claudio Frischtak, alerta que no hay milagros para revertir esta situación, a pesar de que durante su campaña electoral Bolsonaro prometiera que llevaría a cero el déficit en 2019 sin subir los impuestos, algo que demandaría un crecimiento de un 4,5%.

    “Eso es imposible”, sentenció citado por el diario El País.

     

    ¿Quién es Paulo Guedes?

    Para afrontar este nada alentador escenario económico, Jair Bolsonaro confía en las estrategias de Paulo Guedes, quien se espera actúe como un súper ministro a cargo de las carteras de Economía, Hacienda, Planificación, e Industria y Comercio, además de la Secretaría Ejecutiva del Programa de Alianzas para las Inversiones.

    Guedes  quien nació en Río de Janeiro en 1949,  se graduó en la Universidad Federal de Minas Gerais, aunque luego obtuvo su maestría y doctorado en la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, el semillero de economistas apegados al libre mercado, por lo que se le considera un discípulo de los “Chicago Boys”, el grupo liderado por Milton Friedman que a raíz de 1950 influenció las reformas liberales en países como Estados Unidos, Reino Unido y Chile.

    Fue profesor en la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro, en la Fundación Getúlio Vargas de Rio de Janeiro, en el Instituto de Matemática Pura y aplicada. Incluso impartió clases en la Universidad de Chile, durante la dictadura de Augusto Pinochet.

    En el plano profesional, se ha desempeñado en el mercado de capitales y la gestión de recursos. Es fundador de dos entidades que operan en estos sectores: el grupo financiero BR Investimentos y el Banco Pactual.

    En 2005 participó en la creación del Instituto Millenium, que promueve el pensamiento liberal y es socio de la empresa Bozano Investimentos.

    Guedes es un crítico acérrimo de la gestión del Partido de los Trabajadores (PT), por lo que utiliza sus columnas editoriales publicadas en el diario O Globo para atacar a Lula Da Silva y Dilma Rousseff.

    En uno de estos artículos, titulado “Liberal-Democracia” y publicado en junio de 2018, responsabilizó de la situación económica a “la trayectoria explosiva de los gastos públicos“, así como a  “la ideología, la falta de preparación, el corporativismo y la corrupción”.

    “Después de décadas de bajo crecimiento, decenas de millones de trabajadores en la informalidad, dos brotes de hiperinflación, congelamiento de precios y ahorros, cesación de pagos, recesión profunda y una escalada ininterrumpida de escándalos billonarios que desmoralizaron a los políticos y enfurecieron a la opinión pública”, expuso en el texto.

    Ante las “tres décadas de hegemonía socialdemócrata”, propone “probar la liberal-democracia“, que  apunta a “una alianza de ‘centro derecha’ con la política alrededor de un programa liberal en la economía”, con foco en una”mayor eficiencia”, tal y como reseña el portal Sputnik.

    Economía liberal

    Al manejar las áreas de Hacienda, Planificación, Industria y Secretaría General,  Paulo Guedes obtendrá un poder que no tuvo ningún otro ministro en la historia reciente de Brasil, ya que su figura sería más similar a la de un primer ministro europeo.

    En el programa que formuló para Bolsonaro, con el fin de un pulsar el sector productivo de un país con más de 200 millones de habitantes, propone reducir el déficit fiscal y revertir la imparable trayectoria de ascenso de la deuda pública, que pasó del 58% del PIB en 2013 a 77,3% en 2018, y que podría llegar a 140% en 2030, según perspectivas del Banco Mundial.

    Guedes propone una receta propia del manual  liberal de la escuela de Chicago: “Reducir la deuda pública en un 20% mediante privatizaciones, concesiones” y la venta de propiedades estatales, tal y como indica el programa.

    El domingo por la noche, tras anunciarse que el ultraderechista resultó electo presidente de Brasil, formuló el proyecto sin mayores tapujo: se trata, dijo, de “cambiar el modelo económico socialdemócrata“, bajo un esquema de “impuestos altos, intereses altos” y poca apertura comercial.

    Uno de sus principales objetivos  es acabar con el déficit para el segundo año de Gobierno de Bolsonaro y reducir la inflación en un 4,5%, como recomienda el Banco Central brasileño.

    En cuanto a las privatizaciones, el economista propone profundizarlas, “para eliminar la deuda interna” y poder llevar adelante “la recompra con descuentos de la deuda externa“, una situación que a su criterio dejaría al Estado “aliviado de los gastos con intereses” de las obligaciones, con la posibilidad de transferir recursos tributarios a los gobiernos locales.

    El asesor del Bolsonaro también promete realizar una reforma tributaria que simplifique el sistema actual al cobrar un único impuesto federal y descentralizar más recursos nacionales en favor de los estados y municipios.

    Continuismo con las políticas de Temer

    Guedes defiende el criticado techo de gastos durante 20 años establecido por el Gobierno de Michel Temer, a través de una polémica enmienda constitucional aprobada por el Congreso Federal de 2016. No solo lo apoya, sino que considera que se debe fortalecer, tal y como dijo a la revista Valor Económico.

    El ex banquero plantea como una  de las medida más urgente la elaboración de una reforma previsional para pasar a un régimen de capitalización, justamente el único de los grandes proyectos de Temer que no logró aprobarse en el Congreso.

    Según Guedes, el régimen de contribución actual causa un déficit que se incrementa cada año que según sus cálculos pasará de 12.700 millones de dólares en 2018  a 20.300 millones en 2019 y a 33.000 en 2020.

    Sumado a esto, piensa aplicar una “flexibilización laboral” que esté acompañada de unos recortes de los derechos de los trabajadores; una acción que algunos analistas consideran la radicalización y profundización de las reformas de Temer.

    Entre las políticas de continuismo con la administración saliente, figura la defensa de la política  del “trípode macroeconómico” actual: tipo de cambio, meta fiscal y meta de inflación, así como de la permanencia del titular del Banco Central, Ilan Goldfajn.

    “La idea de Paulo es mantener a Goldf… ¿Cómo es que se llama?”, afirmó Bolsonaro cuando le consultaron por la continuidad de Goldfajn .

    “Lo único que le dije es que no hable bien de todo el equipo del Banco Central en general, sino que mencione los nombres concretos de las personas. Sino de aquí a poco la prensa va a empezar a decir que estoy apoyando al gobierno de Temer“, planteó en la campaña.

    Reforma de las pensiones

    Para Jair Bolsonaro la reforma del sistema de pensiones constituye una de las bases para lograr una transformación sólida en Brasil.

    Michel Temer, intentó avanzar en este tema, pero en medio de un año electoral el Congreso no apoyó la reforma porque suponía aprobar medidas impopulares.

    Según las leyes actuales los brasileños se pueden jubilar en función del periodo de contribución a la seguridad social —30 años para mujeres y 35 para hombres—. Por lo tanto, quien empezaba a trabajar a los 16 o 18 años lograba jubilarse antes de los 50.

    La propuesta de Temer era fijar una edad mínima de retiro de 53 años para las mujeres y de 55 años para los hombres, y subir ese límite hasta los 62 y 65 años, respectivamente, a lo largo de dos décadas.

    Sin embargo, más del 70% de los brasileños está en contra de esta idea, según una encuesta reciente, lo que no allana el camino para el próximo Gobierno.

    Paulo Guedes se declaró  enemigo de los actuales sistemas laboral y jubilatorio de Brasil  y los considera “anacrónicos, económicamente desastrosos y socialmente perversos”.

    A su juicio, los aportes de seguridad social “reducen la competitividad de las empresas, fabrican desigualdades sociales, disipan en consumo corriente el ahorro obligatorio de las deducciones, derrumban el crecimiento de la economía y el valor futuro de las jubilaciones”.

    En su lugar, propone un régimen de capitalización individual, como el sistema que rige en Chile desde los años 1980 y que ha llevado a miles de personas a manifestarse por la delicada situación en que se encuentran los jubilados, al percibir bajos ingresos.

    El lado oscuro del Chicago Boy

    Paulo Guedes  es conocido por tener un carácter fuerte y una “tendencia a la megalomanía”, según  plantea un artículo publicado por el portal France 24.

    “Era un amante de la enseñanza y adoraba ser el centro de atención de todo el mundo y no soportaba que lo interrumpieran”, señala este medio.

    Recientemente Persio Arida, el asesor económico del ex candidato conservador a la presidencia Geraldo Alckmin, criticó a Guedes y lo tachó de mitómano.

    Nunca publicó un artículo de relieve. Nunca dedicó un minuto a la vida pública. No tiene ni idea de las dificultades”, afirmó.

    Sin embargo, su lado más oscuro salió a luz cuando en plena campaña electoral, se le abrió una investigación por fraude y corrupción en el negocio con los fondos de pensiones estatales.

    En el procedimiento iniciado el pasado 2 de octubre, el Ministerio Público plantea que   hay evidencia de que el asesor  económico de Bolsonaro  participó en asociación con los directores y gestores de fondos de pensiones, para cometer “crímenes de mala administración y emisión y negociación de títulos sin garantías”.

    Según el diario Folha de Sao Paulo, durante seis años,  el economista captó al menos 1.000 millones de reales (260 millones de dólares).

    Las transacciones fueron hechas a partir de 2009 con ejecutivos vinculados con los partidos PT y el MDB , opositores a Bolsonaro.

    El economista negó las acusaciones y expresó que las mismas se hicieron con el fin de “confundir al elector”.

    Tira y encoje con Bolsonaro

    A pesar de ser el hombre de confianza de Bolsonaro, el carácter y deseo de protagonismo de Paulo Guedes lo ha llevado a tener más de una diferencia con el nuevo presidente de Brasil.

    Una de las polémicas  estalló cuando afirmó en una conferencia de puertas cerradas que podría introducir un impuesto único del 20% sobre la renta de personas físicas y jurídicas. Una medida que en la práctica favorecería a los más ricos, que actualmente pagan el 27,5%, y penalizaría a los más pobres.

    Desde el hospital, donde se estaba recuperando  por haber sido apuñalado en el estómago durante un acto de campaña, el ultraderechista se apresuró a desmentirlo.

    “El presidente seré yo. Hablé con él. Me dijo que fue un error. Él quiere disminuir la cantidad de impuestos (…)Tendremos un ministro, sí, pero por encima de él, hay un comandante en jefe y ese comandante en jefe se llama Jair Bolsonaro“,  dijo en una entrevista radial.

    Para algunos analistas resulta sorprendente que las tesis ultraliberales de Guedes puedan convivir  el discurso populista, teñido de proteccionismo, al estilo Donald Trump que caracteriza a Bolsonaro.

    Asimismo, se preguntan cómo se relaciona su “defensa por los valores democráticos”, frente a la nostalgia que expresa el mandatario electo por el período de la dictadura militar brasileña (1964-1985).

    Relaciones con América Latina

    Durante su campaña, Bolsonaro, insistió en la necesidad de profundizar las relaciones con Estados Unidos, el segundo socio comercial de Brasil, después de China.

    No ocultó su admiración por el presidente norteamericano, Donald Trump, con quien  ha sido constantemente comparado por su historial de declaraciones machistas, homofóbicas, y racistas. Incluso se le ha ofrecido como un “socio confiable” tanto en Brasil como en el ámbito internacional.

    En sus alocuciones dejó claro que  el centro debe ser Brasil  por lo que no respalda la integración con América Latina.

    Esta visión, ya fue puesta de manifiesto por su próximo súper ministro, quien a horas de que Bolsonaro obtuviera el triunfo en las urnas electorales, advirtió que el Mercado Común del Sur (Mercosur) no será una prioridad para el gobierno brasileño.

    “El Mercosur es demasiado restricto para lo que estamos pensando. Cuando fue creado, fue hecho totalmente ideológico. Brasil quedó prisionero de alianzas ideológicas, y eso es malo para la economía”, dijo en una conferencia de prensa.

    Cuestionado por el diario Clarín si Brasil pensaba dejar el bloque integrado también por Paraguay y Uruguay, Guedes respondió: “No vamos a romper ninguna relación. ¿Si voy a comerciar sólo con la Argentina? No. ¿Voy a comerciar sólo con Venezuela, Bolivia y la Argentina? No; vamos a negociar con el mundo. Serán más países. No seremos prisioneros de relaciones ideológicas. Haremos comercio. Si queremos negociar con otros países del mundo, podemos””.

    “El foco del programa (económico) es el control de gastos. Y usted me pregunta por el Mercosur. No es prioridad.  No es prioridad la Argentina. ¿Es eso lo que usted quería oír? Conozco ese estilo. Para nosotros, la prioridad es comerciar con todo el mundo”, respondió a la corresponsal argentina.

    Un hecho que llama la atención tomando en cuenta que este país es el tercer socio comercial de Brasil, y que Bolsonaro ha mostrado su apoyo a las políticas neoliberales de Mauricio Macri en Argentina y Sebastián Piñera en Chile.

    ¿Qué esperar a partir de enero?

    Las  decisiones necesarias para  profundizar las políticas liberales en el campo económico deberán pasar por el Congreso, que se estrenará en enero de 2019 con una renovación inédita de un 50% de los 513 escaños y con 30 partidos representados.

    A pesar de que Jair Bolsonaro logró obtener 52 diputados para su partido, el Partido Social Liberal (PSL) y cuenta con el apoyo de otros grupos como los ruralistas, evangélicos y los diputados que apoyan que la población se pueda armar. Tendrá que  pactar con todos los colores, incluido el propio PT, que sacó 56 diputados, la mayor bancada de la Cámara baja.

    De este modo se verá qué tan efectivo es su poder de negociación para aplicar los recortes, privatizaciones y acciones de libre mercado diseñadas a la medida de la Escuela de Chicago por Paulo Guedes.

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