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    Que Estados Unidos apunta con sus armas hacia Venezuela no es un secreto para nadie. El plan estratégico de una guerra -que incluye tácticas convencionales y no convencionales- para intentar acabar con el Gobierno de Venezuela que lidera Nicolás Maduro, ya está trazado por el Pentágono y todo indica que su activación ha comenzado.

    Prueba de ello son los recientes hechos registrados en Venezuela y otras regiones del continente, como el intento de asesinato contra el presidente venezolano, el bloqueo económico y el boicot contra la integración regional lograda por la Unión Suramericana de Naciones (Unasur).

    A lo anterior se suma la campaña de criminalización que impulsa el país del norte, materializada en los discursos de mandatarios suramericanos aliados de Washington: Mauricio Macri (Argentina), Michel Temer (Brasil), Sebastián Piñera (Chile), Iván Duque (Colombia), Lenin Moreno (Ecuador), Mario Abdo Benítez (Paraguay) y Martín Vizcarra (Perú).

    El entorno geopolítico suramericano y la agenda de la Casa Blanca tienen un objetivo claro: aislar a Venezuela y facilitar la arremetida contra el gobierno de Maduro.

    Para ello es fundamental acabar con los bastiones soberanos de la izquierda progresista, representados por Nicaragua y Bolivia, razón por la que el gobierno de Daniel Ortega (Nicaragua) es atacado con acciones violentas de calle -como las ejecutadas en 2017 en Venezuela- para infundir terror y odio entre la población, y así “justificar”, a través de la prensa internacional aliada a Washington, próximas acciones de colonización económica y política.

    Otra es la suerte de Bolivia, que ya han intentado desestabilizar con diferentes métodos y artimañas, pues aún no han dado con una estrategia efectiva que quebrante su firmeza, resultado del modelo socialista que la nación andina ha logrado cimentar, haciendo así difícil una intervención en su contra.

    En Venezuela -tras largos años de fracasos conspirativos- el boicot ha sido frontal: la nación y su pueblo es sometida a una guerra no convencional que ataca directamente la economía, para impactar negativamente la calidad de vida de la población y su poder adquisitivo, precarizar los servicios públicos como electricidad, gas, agua, hospitales y el abastecimiento de medicinas y alimentos.

    Ahora -la siguiente fase- son las acciones de violenta directa, coordinada a distancia y mediada por mercenarios y opositores.

    Aislar completamente a Venezuela es uno de los principales propósitos de la Casa Blanca para así poder alcanzar sus objetivos

    Meses definitivos para Venezuela

    Un artículo firmado por José Negrón Valera para la agencia rusa Sputnik, explica las estrategias que ha puesto en marcha el gobierno de Donald Trump para tratar de finiquitar la salida de Maduro de Miraflores.

    En el texto se explica que el atentado contra Maduro es solo una parte del plan diseñado durante los últimos meses de 2018 para tomar el control de Venezuela. Primero, expone que si el asesinato se hubiese concretado, la conmoción social en la que hubiese entrado el país habría sido el argumento perfecto para que intervinieran fuerzas extranjeras y asegurar que se instalara un gobierno de “transición” que obedeciera a Washington.

    La estrategia territorial estadounidense es debilitar la solidez de la integración y cooperación regional que alcanzaron los gobiernos progresistas a través de Unasur. Prueba de ello es el boicot al organismo que realizan los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú -aliados y pautados por EEUU.

    Al respecto se suma el reciente anuncio de salida de Colombia de la Unasur efectuado por Iván Duque, tras tomar posesión, a lo que se añade la advertencia que lanzó Mario Benítez en Paraguay -al tomar posesión-, al decir que la Unasur no ha funcionado y que la “integración” debe darse a través de otra forma.

    “En primer lugar desarticulan el Consejo de Defensa del Sur, cuya finalidad era detener cualquier agresión de una potencia extranjera en Suramérica y, en segunda instancia, reoxigenan a la OEA, organismo que, de la mano de Luis Almagro, impulsa un juicio por crímenes de lesa humanidad en contra de Nicolás Maduro en la Corte Penal Internacional”, explica Valera en Sputnik.

    También la generación de falsos positivos en territorio colombiano que implique a supuestos “grupos irregulares” de Venezuela, sería otra excusa para intervenir militarmente al país.

    Por ejemplo, cita el trabajo publicado por la agencia rusa: “El 9 de agosto Duque realizó uno de sus primeros consejos de seguridad en Tibú, localidad del Norte de Santander cuya capital es Cúcuta. Fue esta última ciudad donde Nikki Haley, actual embajadora de Estados Unidos en la ONU, solicitara a la comunidad internacional la necesidad de “aislar” a Maduro, quien a su juicio debe “pagar un precio” por lo que ella considera es la “crisis humanitaria en la frontera”.

    “Sin embargo, la puesta en escena de Haley, que visita la zona como si se tratara de Siria o Somalia, solo era la preparación política para lo que sería la verdadera incursión de un ‘halcón’ de Washington en territorio suramericano”.

    El secretario de Defensa estadounidense quiere asegurar que Argentina, Brasil, Chile y Colombia estén coordinados con el Pentágono

    EEUU: Una nueva gira con fines militares

    Paralelamente, EE.UU. decidió enviar por estos días de agosto a James Mattis, actual Secretario de Defensa, a efectuar una gira que inició el 12 de agosto en Brasil, y que lo llevará por Argentina, Chile y Colombia, con la misión de “afianzar lazos de cooperación militar”, bajo la premisa que el 2018 es el “año de las Américas”.

    Son tres, al menos, los hechos de los que podría tomar ventaja Estados Unidos para obligar a una presión diplomática e, incluso, militar sobre Venezuela. La difícil situación energética por la que atraviesa el estado Zulia, donde se reportan zonas (…) sin servicio eléctrico, sería una primera oportunidad a aprovechar, en especial si se promueven disturbios callejeros. Por otro lado, habría que estar atento a ataques con explosivos a infraestructura vial crítica, como es el caso de los puentes, especialmente los que se encuentran cercanos a la frontera y desde donde se distribuyen a todo el territorio venezolano bienes y alimentos esenciales”, refiere el artículo publicado por Sputnik.

    Sumado a esto -resalta el texto- desde junio pasado, Argentina comenzó a enviar a “los temidos cascos blancos”, con la excusa de “atender a pacientes venezolanos” que “huyen de Venezuela”. Los “cascos blancos” han sido señalados por organismos defensores de los Derechos Humanos por cooperar con el terrorismo y promover, como ha sucedido en Oriente Medio, específicamente en Siria, agresiones e intervenciones militares extranjeras.

    “Por otro lado, tal y como lo avizorábamos hace algunos meses, los ejercicios militares Unitas llegarán en el momento más tenso de las relaciones colombo-venezolanas. Las dimensiones de dichos ejercicios contemplan las llamadas ‘operaciones de paz’ y de ‘apoyo de acción humanitaria’. Del 30 de agosto hasta el 12 de septiembre, el Comando Sur de Estados Unidos hará el despliegue de la fase Caribe del mencionado ejercicio multinacional, el cual será coordinado por la Armada de las Fuerzas Militares colombianas”, explica el artículo.

    El autor del texto agrega que “el peligro para Venezuela, además de los 18 países confirmados y cuyos gobiernos son en su mayoría hostiles a Venezuela, es que con la excusa de prepararse para luchar contra ‘crímenes transnacionales’ e incluso atender ‘desastres naturales’, se aproximarán a Venezuela patrulleros oceánicos, fragatas, corbetas, submarinos y medios aéreos de exploración radioelectrónica”.

    Mattis se ha encargado de vigilar directamente y “desde el terreno” las intervenciones militares de EEUU en Oriente Medio

    “No es la primera vez que lo hacen. Ya durante las elecciones de la Asamblea Nacional, el 6 de diciembre de 2015, el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, denunciaba que el portaviones George Washington se encontraba en aguas de la Guayana Francesa y que además portaba ‘toda su estructura logística, de combate, con sus aviones de ala fija tipo F-18, y también helicópteros’. Es plausible pensar que la victoria electoral de la oposición en aquella ocasión postergó una acción militar estadounidense”.

    Sin embargo, la respuesta de Venezuela y sus países aliados no se ha hecho esperar, en el mismo texto se toman en cuenta las recientes declaraciones de Omar Montes Meza, director conjunto de operaciones del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada venezolana, quien informó que para septiembre próximo Venezuela prevé realizar un ejercicio combinado militar junto a Rusia y China.

    De todo este escenario se infiere que, durante la próxima semana, mientras se acerca el 20 de agosto, día en que se realizará la adecuación del país al nuevo cono monetario y que marca el inicio del plan de reactivación económica que anunció el Presidente, las tramas conspirativas, amenazas y acciones contra Venezuela se intensificarán. A Washington no le conviene que Venezuela respire, y mucho menos que salga victoriosa de esta guerra a la que ha sido sometida durante los últimos años.

    Negrón Valera cierra su artículo con el siguiente comentario: “Si consideramos que Estados Unidos siente una extraña predilección por usar el noveno mes del año para lanzar sus golpes de mano (pensemos en Allende, pensemos en las Torres Gemelas), solo resta preguntarnos: ¿será septiembre un mes de guerra fría en el Caribe? Al menos los conspiradores (y la historia) ya tienen la respuesta”.

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