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    El futuro productivo de América Latina está estrechamente relacionado por la brecha existente entre los modelos de planificación estatales y corporativos, que promueven los gobiernos progresistas y conservadores de la región, respectivamente.

    En el primero prevalece la participación del Estado, a través de una planificación económica centralizada.  Mientras que el segundo privilegia el papel del sector privado .

    El desafío que enfrentan los países de la región es impulsar un crecimiento económico que vaya de la mano con mejoras en la calidad de vida de sus habitantes. Sin embargo la incertidumbre del panorama actual lo dificulta.

    El Banco Mundial (BM) rebajó este viernes a 0,6% la estimación de crecimiento de la región para 2018 , y  a 1,6%  la de 2019 , como consecuencia de las “turbulencias” en Argentina, la “desaceleración” de Brasil y el “deterioro continuo” en Venezuela.

    Hace seis meses, las previsiones del organismo para la región eran de una expansión de 1,7% para este año y de 2,3% para 2019.

    Enfoque neoliberal

    Entre 2015 y 2018, una serie de gobiernos de derecha llegaron al poder  en Argentina, Brasil, Ecuador , Honduras, Paraguay  y Colombia.

    Varios de ellos llegaron a la presidencia a través de caminos autoritarios. En Brasil, Michel Temer llegó a la jefatura de Estado mediante un golpe de Estado en el Congreso perpetrado contra Dilma Rousseff.

    En Honduras, un golpe militar respaldado por Estados Unidos derrocó al gobierno liberal progresista de  Manuel Zelaya, y en Ecuador, Lenín Moreno pretendió seguir los pasos del presidente nacional Rafael Correa, para luego ponerse del lado de los empresarios.

    Si bien, el modelo liberal promueve el desarrollo productivo, la competitividad y eleva los niveles de consumo, a través de la apertura económica, también es cierto que sinónimo de privatizaciones,  extracción de materias primas, aumentos en los costos de los servicios públicos, incremento de la deuda externa y la desigualdad.

    Apertura  y desigualdad en Chile

    Chile es el país que más acuerdos comerciales tiene suscritos en todo el mundo, que abarcan a más de 60 economías que representan el 85% del Producto Interno Bruto (PIB) Mundial.

    Este camino, emprendido a finales de los años noventa, se sigue fortaleciendo hoy día. Su participación en mecanismos de integración internacionales incluye a la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) y la Alianza del Pacífico, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el G20.

    Aunque en 2013 ingresó al  club de naciones con más altos ingresos, también es considerado como uno de los 20 países más desiguales del mundo. El diez % más rico absorbe cerca del 60% de la riqueza.

    Los trabajadores chilenos enfrentan condiciones laborales precarias y bajos salarios,  tal y como reveló recientemente la Organización Internacional del Trabajo (OIT), mientras que uno de cada cinco habitantes es pobre.

    “Las privatizaciones chilenas, por ejemplo, contribuyeron directamente a fortalecer a una burguesía nacional que ya tenía una historia de acumulación de capital y que resignó rápidamente la pérdida de posiciones en la industria por la apertura del mercado, ante la posibilidad de reforzarse en la banca, los servicios, la agricultura y las exportaciones”, indicó el economista Jorge Vergara Estévez,  en su artículoEl mito de las privatizaciones en Chile”.

    Por su parte ,el semanario británico The Economist, realizó informe en el que advierte que aunque Chile ha recuperado su crecimiento económico (4%), el país enfrenta otros problemas graves como el envejecimiento de la población y la baja productividad.

    “Por lo tanto, el sueño de Chile de convertirse en una economía completamente desarrollada parece difícil de alcanzar“, subrayó.

    El semanario británico destaca que el ambiente económico se está volviendo hostil justo cuando la luna de miel de (Sebastián) Piñera está llegando a su fin. Si quiere alejarse de la trampa del ingreso medio, tendrá que actuar rápido“.

    Crisis en Argentina

    El modelo  liberal aplicado por Mauricio Macri resquebrajó la economía de Argentina en menos de tres años.

    El empresario recortó los fondos a las universidades públicas, aumentó las tarifas de los servicios básicos y del transporte, quitó subsidios, convirtió el salario mínimo en uno de los más bajos de la región y aumentó la pobreza.

    Sin embargo, benefició a los empresarios del campo y la minería, eliminando impuesto y otorgándoles privilegios para las exportaciones. Privatizó tierras con vocación agrícola así como la vialidad, el servicio de correo y de energía eléctrica.

    Se calcula que la inflación de 2018 se ubique por encima del 42% , mientras que la economía se contraerá más de 2,5%, aunque el Ejecutivo pronosticaba un  crecimiento superior al 3,5 %.

    La liberalización cambiaria provocó una devaluación que llevó a que el precio del dólar subiera de 10 a 40 pesos. La balanza comercial es cada día más deficitaria tras la liberalización de las importaciones y las tasas de interés  se incrementaron a 60%.

    Aunque con el modelo de apertura económica implantado por Macri se vislumbraba un aumento de las inversiones extranjeras, lo cierto es que no llegaron y el empresario tuvo que recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI)  para obtener un rescate financiero de 50.000 millones de dólares, a cambio  de cumplir con un duro ajuste fiscal y monetario, e intensificar su política de recortes sociales.

    Los analistas advierten que el próximo paso de Macri es nombrar al dólar como moneda oficial de Argentina, una medida que complacería a su principal aliado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

    La traición de Lenín Moreno

    Antes de  finalizar su Gobierno,  el expresidente ecuatoriano, Rafael Correa, indicó que dejaría “la mesa servida” a su sucesor.

    De esa frase se valió el actual mandatario, Lenín Moreno, en julio de 2017 —a menos de dos meses de haber tomado el poder—, para marcar distancia de su antecesor, al señalar que “no hay tal mesa servida“, alegando graves problemas fiscales y presupuestarios, y una deuda muy grande, entre otras razones.

    Desde allí, Moreno dio un giro a la política nacionalista desarrollada por Correa y su “Revolución Ciudadana”, para tomar un rumbo más liberal.

    Implementó una serie de medidas de austeridad para “reactivar la economía del país” y ahorrar 1.000 millones de dólares, entre las que figuran un aumento de la gasolina, la supresión y fusión de ministerios , la fusión y optimización de empresas públicas como la Corporación Nacional de Telecomunicaciones, la aerolínea Tame y Correos del Ecuador.

    Asimismo, decidió nombrar al expresidente del Comité Empresarial Ecuatoriano, Richard Martínez, como ministro de Economía, quien ha promovido la disminución de la inversión pública, al desmantelar programas públicos y  establece las bases para la privatización de minas, telecomunicaciones y bancos.

    “Para los aliados del Gobierno esta crisis es importante”, porque “si hay desinversión, entonces la obra pública se deteriora” y “para compensar la desinversión viene la privatización“, advirtió el economista ecuatoriano, Pablo Dávalos, citado por el diario El  Telégrafo.

    Con esa privatización  se transferirá al sector privado toda la obra pública que se creó en el anterior Gobierno, “que suma unos 30.000 millones de dólares”.

    Bajo este esquema liberal, la economía de Ecuador se expandió apenas un 0,9% en el segundo trimestre del año, frente a igual período del año anterior, tal y como informó el Banco Central de esa nación.

    Lo que se viene es una grave inestabilidad política, el Presidente está en riesgo“; advirtió Dávalos.

    Baja inversión y alta deuda en Colombia

    La baja productividad y una economía con base en la poca inversión y comercialización interna, han ocasionado que la deuda general de Colombia se haya duplicado, alcanzando un 40% del PIB en los últimos cinco años, en comparación al 20 registrado en el 2012.

    Entre 2012 y 2017, el endeudamiento público pasó de 12,5 a 23, 2 % debido a la dinámicas económicas implementadas por el expresidente Juan Manuel Santos, mientras que la deuda privada aumentó del 8,8 al 16,6%.

    Se prevé que estas cifras se mantengan e incluso incrementen con las medidas neoliberales previstas por  la gestión de Iván Duque.

    Según un balance publicado por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), entre las nuevas medidas se encuentran; una nueva reforma tributaria, el ajuste fiscal  y la discusión del salario mínimo (más del 47% de los colombianos cobran menos del salario base).

    Además de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y la privatización del los servicios básicos (agua, gas, aseo, electricidad), podrían incrementar el endeudamiento general , afectado las oportunidades de los colombianos y el crecimiento económico del país.

    Modelo progresista

    En un esquema progresista, el Gobierno interviene en el sector económico para velar por el desarrollo social de la población y garantizar el manejo soberano de sus recursos.

    Aunque la política de estatización se basa en la protección de los intereses nacionales y de la justa distribución de las riquezas, también supone un riesgo para que se presenten casos de burocracia, ineficiencia y corrupción.

    Rentismo petrolero en Venezuela

    Venezuela es sin duda la economía más crítica de la región latinoamericana.

    Además de estar sometida a agresiones políticas y sanciones unilaterales por Estados Unidos y la Unión Europea, este país enfrenta una inflación sin precedentes y un decrecimiento calculado para este año en más de 18,5%.

    De acuerdo con el economista Paulo Velasco, la nación suramericana arrastra problemas para alcanzar una diversificación de su estructura económica y productiva, ya que no ha podido superar su modelo rentista, dependiente de la venta de petróleo.

    Recordó que otros gobiernos de centro y centro-derecha que gobernaron el país durante décadas no pudieron solventar esta situación.

    “(Hugo) Chávez y aquellos de una línea ideológica completamente distinta que lo precedieron chocaron con la imposibilidad de lograr diversificar la economía del país“, afirmó en declaraciones a Sputnik.

    Aunque la política nacionalista en materia petrolera le permitió al Estado venezolano retomar el control de esta industria y colocar la renta petrolera al servicio del desarrollo social, la falta de impulso a otros sectores económicos ocasionó que al bajar el precio de los hidrocarburos los ingresos se desplomaran.

    Recordó que por más de 10 años los precios de los ‘commodities’ rompieron récord tras récord en la escena internacional lo que benefició al Gobierno socialista de Chávez.

    “A Venezuela (…), que vive básicamente de la exportación de hidrocarburos, le iba muy bien. El país tenía recursos de sobra, mientras el precio del petróleo alcanzaba máximos”, subrayó.

    Sin embargo, el esquema socialista aplicado en Venezuela ha permitido que esta nación haya dado pasos hacia adelante en su ampliación de mercados.

    Aunque la mayor parte de su petróleo se destina a Estados Unidos, el país suramericano tiene importantes socios comerciales como China, India, Irán y Turquía .

    Bolivia en alza

    El Gobierno progresista de Evo Morales se ha caracterizado por la introducción de reformas que otorgan al Estado una mayor participación en la economía boliviana.

    Dichas reformas iniciaron con la nacionalización del sector de hidrocarburos y de otros importante sectores como electricidad, telefonía, transporte, entre otros.

    Bolivia ha experimentado un elevado ingreso de divisas derivado de la subida de precios del gas natural (cuyos contratos de exportación están firmado a largo plazo) y también del petróleo.

    El modelo económico y social instaurado por Morales ha permitido que el 95% de los créditos financieros se calculen en pesos bolivianos, que esta nación  tenga el índice de desempleo más bajo de la región (4,5%), y este año su economía seguirá creciendo por encimad del  4%,  cifra superior al 1,2% de Latinoamérica y al 0,6% de Suramérica.

    Asimismo, la inflación acumuló un alza de sólo 0,80% en los ocho primeros meses de este año, muy por debajo del índice anual proyectado de 4,5%.

    La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)  ha reconocido que  la administración de Evo Morales “ha seguido una política económica muy interesante, en la parte macroeconómica muy ordenada, en la parte de inversión ha jugado un papel muy importante la inversión pública y ha reducido la pobreza en unos niveles extraordinarios”.

    Mientras que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también destaca el clima de estabilidad macroeconómica y crecimiento económico sostenido de Bolivia.

    Sin embargo, el auge económico no ha permitido desarrollar otras actividades productivas alternativas. El 85% de las exportaciones están concentradas en los recursos mineros e hidrocarburíferos, dejando de lado a sectores como el turismo, agroindustria y servicios.

    “El reto para Bolivia en el futuro inmediato es mantener esta dinámica positiva con inclusión social” y diversificar su economía para no depender exclusivamente de las materias primas, observó la secretaria de la Cepal, Alicia Bárcena, citada por Sputinik.

    El reto de López Obrador

    Los pronósticos de crecimiento de la economía mexicana para el cierre de 2018 van a la baja, y refuerzan la expectativa de una desaceleración para 2019.

    En 2017 el PIB mexicano creció 2,3% anual, y las previsiones de economistas para fines de este año ya se ubican por debajo de esta cifra (2,2%).

    Para los analistas, el principal reto que asumirá el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, será superar la dependencia que tiene la economía mexicana de Estados Unidos, que representa nada más y nada menos que el 80% de sus exportaciones.

    Aunque México tiene vigentes hasta 12 tratados de libre comercio con decenas de países y una serie de vínculos regionales (como la reciente Alianza del Pacífico) que facilitan la integración y la venta de sus productos, la realidad es que su economía sigue atada a su vecino.

    En el documento “Balance Económico 2017”, los empresarios y analistas plantearon la necesidad de que el nuevo Gobierno incremente  la inversión pública como uno de los motores del crecimiento productivo

    “Para que México crezca se requiere de inversión en infraestructura y obras públicas para reducir los costos de transporte, producción y logística, y con ello aumentar la competitividad” refiere el informe.

    Justamente la competitividad es un tema clave en el nuevo tratado comercial suscrito entre México, Estados Unidos y Canadá  (USMCA).

    Las empresas del sector automotriz asumirá un gran reto, ya que el  tratado exigirá mayor cantidad de insumos fabricados en Norteamérica.

    La regla de origen, referida a la porción mínima de componentes fabricados en los países miembros del pacto para que los automóviles queden libres de impuestos, se elevará del 62,5% actual a un 75%.

    El USMCA,  que sustituye al Tratado de Libre Comercio suscrito en 1994, debe incluir condiciones más justas para México frente al gigante Estados Unidos y Canadá.

    Aunque el acuerdo fue firmado por el actual presidente Enrique Peña Nieto,  López Obrador, señaló que en el texto quedó claro que “ México es un país libre y soberano que manejara sus propios recursos”.

    “Aceptamos la  firma del tratado porque hay garantías para los ciudadanos y confianza para que lleguen inversiones a pequeño y mediano plazo”, indicó el presidente electo.

    Brasil: ¿hacia la izquierda o la derecha?

    El futuro económico de Brasil, así como el de América Latina, se debate entre dos aguas: el modelo liberal y el progresista.

    El vencedor de las elecciones presidenciales tendrá que asumir las riendas de un país que, según las últimas proyecciones tan sólo crecerá un 1,3 % este año, tras haberlo hecho un 1 % en 2017.

    La economía más grande de América Latina aún sufre los efectos de la profunda recesión de 2015 y 2016, la peor en varias décadas, que dejó una contracción del PIB acumulada  del 7 %.

    El nuevo presidente recibirá una nación de 13 millones de desempleados y una tasa de paro del 12,1 % de la población activa, y que ha sido lastimada por las políticas liberales aplicadas por  el actual Gobierno de Michel Temer.

    Uno de los mayores desafíos económicos es el déficit en las cuentas públicas, que acumularon en los últimos doce meses un déficit superior a los 120.000 millones de dólares, equivalente al 7,45 % del PIB.

    La principal propuesta en el programa económico del ultraderechista, Jair Bolsonaro, coordinado por el economista Paulo Guedes -un liberal de la escuela de la Universidad de Chicago-, es la reducción de la deuda pública en un 20 % mediante privatizaciones y concesiones al sector privado.

    Otra de sus prioridades es eliminar el déficit público y para ello pretende reformar el sistema de pensiones, mediante la creación de un sistema paralelo de capitalización.

    “Nuestro equipo económico trabaja en la reducción de la carga tributaria, en la desburocratización y en la desregulación”, resumió recientemente el ultraderechista, que aclaró que defiende las privatizaciones, pero no la de empresas estratégicas como la petrolera Petrobras o el Banco do Brasil.

    Fernando Haddad, por el contrario, defiende la revocación de las medidas de ajuste fiscal adoptadas por Temer, como la congelación del aumento de los gastos públicos y la reforma laboral.

    El  candidato por el Partido de los Trabajadores (PT), también propone erradicar las  privatizaciones y volver a darle a Petrobras la exclusividad como operador en los ricos yacimientos del presal.

    Para impulsar la economía propone reducir los intereses, crear líneas de crédito baratas para los consumidores, retomar las obras públicas que están paralizadas e impulsar programas de incentivo a la generación de empleo, con el fin de que el consumo vuelva a convertirse en el principal motor de la economía de Brasil.

    Asimismo, plantea una reforma tributaria que eleve lo que pagan los más ricos y que grave ganancias de empresas y de bancos.

     

    Materias primas

    Uno de los rasgos  predominantes de la economía latinoamericana es la primarización y el extractivismo, que limita a la región a ser exportadora de alimentos y materias primas como el petróleo, el litio y  los minerales.

    El empresariado de la región se limita a exportar las materias primas, sin valor agregado, sin ninguna o poca transformación industrial, o como productos semi elaborados.

    “Por su parte, las empresas transnacionales han introducido la explotación en gran escala de la minería, con extracciones a cielo abierto que multiplican las calamidades ambientales. Se ha intensificado, además, la succión de todas las variantes del petróleo (convencional, shale oil, subsuelo marítimo)”, advirtió el economista argentino Claudio Katz en su artículo “América Latina desde la teoría de la dependencia”.

    Asimismo, hizo referencia a la vulnerabilidad de toda la región frente al vaivén de los precios de las materias primas.

    “Esta fragilidad salta a la vista en el estancamiento actual de las cotizaciones del petróleo, el cobre y la soja. Ninguno de esos productos mantiene los elevados niveles de la década pasada”, explicó

    Para impulsar la diversificación económica, se requiere promover una formación académica que permita garantizar la soberanía tecnológica para no depender de países ajenos a la región.

    Adicionalmente, el desarrollo  debe ir de la mano del respeto  a los campesinos y comunidades indígenas que habitan en las zonas aledañas a los proyectos  productivos.

    https://www.elciudadano.cl/latino-america/el-futuro-politico-economico-de-latinoamerica-que-hay-en-juego-y-quienes-mueven-las-piezas/10/05/

     

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