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    El candidato ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, obtuvo este domingo el 55,20% de los votos, mientras que su rival del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, sacó 44,80%.

    Este domingo se celebró la segunda vuelta de las presidenciales en Brasil, y el triunfo de Bolsonaro hace volver al poder a la ultraderecha, fuerza política que no había gobernado desde 1985 cuando acabó la dictadura militar.

    Según reporta Telesur, la campaña para estas elecciones fueron una de las más politizadas, ya que se enfrentaron dos modelos: El de Haddad, que representó el progresismo y protección social – principios del PT, agrupación a la que pertenece el hoy detenido sin pruebas, Luiz Ignacio Lula Da Silva- y el modelo neoliberal de Bolsonaro, quien además no ha guardado las formas para expresar su admiración por la dictadura, período marcado por fuertes violaciones a los Derechos Humanos.

    Foto Web.

    Otra de las denuncias durante la campaña fue la ola de fake news o noticias falsas contra Haddad por parte del equipo de Bolsonaro.

    El ultraderechista es un ex capitán del Ejército convertido en político, quien, según las encuestas, era el segundo favorito detrás de Lula. Pasó a liderar los sondeos tras la prohibición a la postulación de Lula a las elecciones.

    El ahora mandatario electo- quien comenzará a gobernar desde el 1ero de enero de 2019 hasta el 2023- fue ascendiendo en la escena política en medio de escándalos de corrupción ( mejor conocido como  Lava Jato) por parte de las fuerzas políticas tradicionales de Brasil, por lo que su discurso se enfoca en acciones de “mano dura” que arrastra a la mayoría de su electorado.

    Su discurso también está casado con la misoginia, homofóbia y racismo, situación que impulsó a la creación de un movimiento social en rechazo a su postulación denominado Él No, reseña RT.

    Bolsonaro ya había puesto el ojo a Paul Guedes para que conformara su futuro gabinete. Guedes, un “Chicago Boy, es partidario de privatizaciones y recortes, por lo que los mercados y grandes corporaciones ya ven un visto bueno a la administración de Bolsonaro.

    Entre las propuestas de Bolsonaro, según reseña RT, están:

    • Reducir la deuda pública en 20% a través de un proceso de privatización de las empresas públicas, venta de acciones y asignación de concesiones a operadores privados.
    • Crear un sistema privado para la jubilación por capitalización, que existiría en paralelo a la cotización pública.
    • Rebajar la edad de imputabilidad de 18 a 16 años y eliminar del beneficio procesal de recorte de condena.
    • Crear de un Ministerio de Economía que unifique las carteras de Hacienda, Planificación e Industria para dirigir el plan de privatizaciones.
    • Fomentar el uso de armas entre civiles, así como el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad y de defensa.
    • Aplicar una política de “guerra” contra el narcotráfico, que prevé protección jurídica especial para los policías que torturen, hieran o maten a presuntos delincuentes.

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    Durante el 2016, Bolsonaro protagonizó uno de los momentos que más explotaron sus adversarios durante la campaña. En ese año, el ex capitán se mostró a favor de la destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff, a nombre del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, uno de los torturadores más sanguinarios de la dictadura militar que padeció Brasil. La declaración la hizo frente a la expresidenta, quien fue víctima de torturas durante ese período.

    En 2017, Bolsonaro fue condenado a indemnizar a la parlamentaria del PT  María do Rosario Nunes, luego de que le dijera- según cita RT: “No la voy a violar porque ni eso merece”.

    Ese mismo año también fue obligado a pagar una multa de 50.000 reales (15.900 dólares) por su “expresiones injuriosas, prejuiciosas y discriminatorias” contra la población negra en general, luego que se refiriera a ella en los siguientes términos: “No hacen nada, creo que no sirven ni para procrear”.

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