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    A raíz de una pésima traducción de los dichos de la Presidenta Bachelet en Nueva York este pasado septiembre -que para variar fue difundida por la prensa nacional como una aprobación presidencial de la energía nuclear- nuevamente el tema es manejado en “secretas” conversaciones sostenidas por la industria nuclear mundial, que intenta cimentar además su presencia en Chile.



    Textualmente, Bachelet dijo que su gobierno “se ha arrojado la responsabilidad de estudiar todas las posibilidades” y que “el próximo gobierno tendrá todos los estudios que necesita”. Además, recalcó que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) “nos ha dicho que algunas veces toma hasta ocho años tomar una buena decisión, especialmente en un país con tantos terremotos como Chile”.

    El tema nuclear ha emergido -ante la mirada sorprendida de la aldea mundial que aún recuerda la tragedia de Chernobyl y, en el caso de EE.UU., Three Mile Island- como la nueva solución y medicina adecuada para el calentamiento mundial.
    Pero como toda historia enredada, comenzó hace muchos, muchos años…

    COINCIDENCIAS

    Tal como cuenta el mito, la población chilena yacía en un profundo desconocimiento de la crisis energética que se avecinaba en el horizonte. Tranquila (con toda la seguridad que daba eso de ser el primer país del mundo que privatizara su sistema energético en 1982), se cambiaba los balones de gas por instalaciones galácticas de la flamante red de gas natural que dejaba las calles y veredas inusables por varios meses.

    No obstante, y sorpresivamente, el presidente Lagos de forma apocalíptica en su último discurso del 21 de mayo (2005), advirtió sobre las innumerables penurias del país si es que no se optaba por la opción nuclear.

    Desde el Norte, otro presidente hacía lo mismo. Bush proponía a diestra y siniestra que era necesario expandir y apoyar aún más la industria nuclear con suculentos subsidios estatales y repetía que “es limpia, es renovable, es más segura que jamás lo ha sido en el pasado. Y para construir un futuro energético seguro para EEUU es necesario expandirlo”. Para esto contaba con su ‘Programa de Energía Nuclear 2010’ que fue anunciado por el ministro de Energía de EEUU, Spencer Abraham, el 14 de febrero de 2002. El programa agresivamente busca desarrollar aún más la industria nuclear, agilizando el proceso de acreditación en conjunto con las mismas empresas. Luego, el Energy Policy Act de 2005 (firmado por Bush el 8 de agosto) aseguró que el mismo fisco cubriría los gastos asociados a la demora por la reglamentación medioambiental de la construcción de una planta nuclear.

    Sin ningún debate público -a lo más el Senado chileno citó a unos pocos expertos en la materia- y con una ciudadanía preocupada por las candidaturas a la presidencia, Lagos instruyó a su embajador ante el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que concretara un acuerdo de cooperación con dicho organismo. El 22 de septiembre de 2005, el embajador de Chile en Austria, Milenio Skoknic Tapia, firmó el Marco Programático Nacional de Chile con la Directora General Adjunta de Cooperación Técnica del OIEA, la Dra. Ana María Cetto. Este documento representa –nada menos- una declaración compartida de las prioridades de Chile en materia de cooperación hasta 2010. En el acto de la firma también estaban presentes, Loreto Villanueva, Directora Ejecutiva de la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN), y Dr. Roberto Hojman (Presidente de CCHEN).

    LAS NEURONAS CHILENAS

    En términos prácticos, se supone que lo propiamente nuclear chileno es manejado desde la CCHEN. Su directora ejecutiva, Loreto Villanueva, se esmera para encauzar cualquier arista que tenga que ver con el tema nuclear. Cuestión que la llevó a defenderse cuando periodistas de El Mostrador indagaron sobre su presencia –en 2005- en diferentes eventos sociales y comerciales santiaguinos patrocinados por la empresa nuclear AREVA.
    Días después del histórico discurso nuclear de Lagos, Villanueva declaraba en la prensa que “los últimos estudios muestran que la energía nuclear es muy sana en términos medioambientales” y recalcaba que la tecnología para almacenar el material radioactivo, es decir, los desechos del proceso nuclear mismo, “existe ya de manera segura y algunos países se están preparando para los gastos a largo plazo al recaudar fondos como parte de las ventas energéticas” (Businesschile, 2005).

    Y debería saber de qué habla. Villanueva asumió el puesto después de que renunciara voluntariamente Claudio Tenreiro -hoy miembro de la Comisión Zanelli- quien estuvo al mando de CCHEN entre 2001-2004.
    Villanueva también debería saber que Chile almacena sus propios residuos radioactivos (que producen sus dos centros nucleares) en una bodega construida en cemento que “es monitoreada con frecuencia”.

    Ante la pregunta de los desechos, Villanueva esperanzada asegura que “el material radioactivo no será un problema para Chile hasta en 40 años más, una vez que comencemos a producirlo, y entonces, deberíamos haber descubierto otras medidas para el problema” pero en seguida aclara que “no estamos pensando en una planta nuclear para mañana, pero para 8 a 10 años desde hoy, cuando la demanda sea siginificativamente más alta que hoy”.

    La directora de CCHEN explica que en Chile no se utiliza la energía nuclear porque “las plantas son muy grandes para la capacidad de los sistemas nuestros hoy. Una central nuclear de línea principal, quiero decir las más populares en el mundo son reactores que están sobre los 900 a 1.600 megawats con un énfasis de 1.200 que es el doble de la capacidad de Ralco, entonces por razones de tamaño no caben en la red nuestra hoy. No tiene ningún sentido para Chile una central nuclear antes de 2015. En 10 a 15 años. Porque las centrales, hoy, en cuanto a la tecnología dominante, te obligan a una central enorme, que no cabe dentro de la red nacional. Y digo dentro de 10 a 15 años porque nuestra demanda energética está creciendo. Entonces, en la medida en que las necesidades del país sean mayores, eso podría ayudar.” (entrevista Radio Universidad de Chile, junio de 2005).

    Básicamente, se trata de que ninguna planta eléctrica puede proveer más de 10% de la capacidad total de un sistema integrado para mantener una red nacional segura.

    AVANCE EN EL NORTE Y EN EL SUR

    Semanas después de que la entonces candidata para la presidencia Bachelet se compromete a no desarrollar la energía nuclear y firma un acuerdo (el llamado ‘Decálogo Ambiental’), Bush lanza su idea innovadora Global Nuclear Energy Partnership (GNEP).

    En enero de 2006, la GNEP forma una asociación comercial internacional que se ocupará de transformar y refinar el uranio -en EEUU- para luego re exportarlo como combustible nuclear a los países proveedores. Desde luego, tiene como objetivo expandir la industria nuclear por el mundo de forma ‘segura’ y ‘monitoreada’. El encargado de GNEP era -hasta que fue nombrado embajador de EEUU en Chile- Paul Simons.

    Ese mismo mes, Villanueva adelanta en El Periodista que hacia el año 2015 la generación de energía nucleoeléctrica será tan competitiva como la termoeléctrica o la hídrica y que gracias al avance tecnológico, Chile podría contar con centrales de menor tamaño y a precios inferiores que los actuales según información proporcionada por la World Nuclear Association (WNA) a la directora de la CCHEN.

    Entusiasmada, Villanueva señala que hay varios proyectos internacionales que están en diferentes etapas de desarrollo, “lo que hace prever que en los próximos años se podrá contar con centrales nucleares de última generación, más seguras y competitivas económicamente y de tamaño menor a las hoy existentes en el mercado, lo que facilitaría el ingreso de esta tecnología de generación eléctrica a países como Chile”.

    Sobre la seguridad de las plantas nucleares, Villanueva indica que “la industria nuclear ha realizado grandes esfuerzos (…) por ejemplo ha logrado que la frecuencia estimada de destrucción del núcleo de reactores nuevos sea mil veces inferior a la de un reactor típico de los años setenta”.

    La directora se refería al nuevo reactor de AREVA llamado European Pressurized Reactor (EPR) que la misma empresa vende como “tan seguro que puede soportar y contener un sobrecalentamiento de la magnitud de Chernobyl”.
    En términos de capital humano (en ese entonces un trabajador expuesto a material radioactivo en la planta Celco/Nueva Aldea luchaba por su vida) Villanueva no tiene ninguna duda: “Chile ha sido el país más desarrollado en Física y Química Nuclear teórica, después de EEUU” y “hay muchos científicos chilenos trabajando actualmente en los laboratorios de la NASA, organismo que está desarrollando con nuestro país avanzadas investigaciones tecnológicas” (El Periodista. Enero de 2006).

    FUSIONADO EN VIENA

    Una vez que Chile haya logrado ser reconocido y autorizado por la OIEA para producir combustible nuclear (distinción reservada a pocos países en el mundo) la organización ofrece -por dos semanas en julio de 2006- un curso en Santiago para entrenar e informar a funcionarios públicos en eso de ‘Estudios de Viabilidad de un Programa Nacional de Energía Nuclear’.

    Desde el ministerio de Minería y Energía, en septiembre 2006 se rumorea que Bachelet tiene interés por indagar más sobre la energía nuclear porque ha solicitado un informe a la ministra de Minería Poniachik. Extrañamente, nunca emerge tal documento y a lo más, el Congreso chileno invita a que expongan unos empresarios rusos que se presentan acompañados por el ex director de CCHEN Tenreiro.

    Sin embargo, y pocos meses después (diciembre de 2006) en Viena, Chile participa activamente en uno de los seminarios más importantes de la OIEA y pide que se apruebe un estudio para “establecer estrategias y metodologías para los desechos nucleares y radioactivos” (Número de Documento en la OIEA: CHI/3/010)
    Según la declaración de la OIEA “ha aumentado tanto el interés de muchos países -que actualmente no cuentan con plantas nucleares- por aplicar la energía nuclear dentro de su producción de energía y agua” que es necesario dar una “oportunidad para que se intercambien puntos de vistas e ideas (…) para asegurar una confianza internacional en la futura implementación de la energía nuclear [en cada país]”.

    El Taller, solamente accesible para ‘altos representantes’ de cada país, expertos de la OIEA y los gerentes de la misma industria nuclear, reunió a 42 países de los cuales 20 están “interesados en explorar la posibilidad de introducir la energía nuclear en su sistema energético”.

    Diez países, que ya cuentan con programas nucleares, expusieron sobre los siguientes temas; Previas experiencias en el desarrollo de programas nucleares; Requisitos para un Plan Nacional (marco legal, regulatorio y de seguridad); Infraestructura material, y la actual y futura tecnología de reactores nucleares; Requerimientos de capital humano; Percepción pública; e Iniciativas internacionales.
    Después de su discurso, y encantado, uno de los gerentes de la iniciativa GNEP y funcionario del ministerio de Energía de EEUU, Paul Lisowski, declaraba que “el mayor objetivo es permitir que los países lucren del uso seguro y pacífico de la energía nuclear, facilitar el desarrollo de una infraestructura necesaria y minimizar los costos” según informa un comunicado de prensa de dicho ministerio.

    Con todo, se entregaron planes de acción para construir plantas y sistemas nucleares.
    La poderosa American Nuclear Society (ANS) evaluó el seminario como todo un éxito en su boletín ‘Nuclear News’ (enero, 2006). Ahí, señala que los países sin un sistema nuclear nacional indicaron qué esperaban de las empresas nucleares, los países con tecnología nuclear y la OIEA todo lo cual será incorporado en una guía a fines de 2007. Chile se expone como “uno de los países potencialmente nucleares”.

    Ya que Bachelet aún no había dado un mandato para un acercamiento de tal naturaleza, el embajador de Chile en Austria, Milenko Skoknic, fue consultado por El Ciudadano sobre quiénes participaron y cuál era su nivel de representatividad. Una vez establecido cuál sería el uso de esta información, se respondió –recalcando que el taller es “uno de los tantos que realiza el OIEA durante el año”- que la “delegación fue encabezada por la Directora Ejecutiva de CCHEN, Loreto Villanueva”.

    Meses después, y recién en febrero de 2007, la presidenta Bachelet decide formar un grupo de estudio para evaluar el tema de la energía nuclear en Chile, más conocido como ‘Comisión Zanelli’.
    El embajador Skoknic –flamante presidente de la junta de gobernadores de la OIEA- recientemente ha sido citado en la prensa diciendo que su nombramiento no tiene “relación alguna con el trabajo que realiza el señor Zanelli” ni tampoco con la reunión que sostuvo con Zanelli en Viena este pasado junio.

    El mismo Zanelli es menos cándido: “Con Milenko Skoknic tendremos ahora una línea directa con la OIEA, para aprovechar toda la cooperación del uso de la energía nuclear con fines pacíficos, que es la vocación chilena” (El Mercurio, 30 de septiembre de 2007).

    Por Montserrat Nicolás

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