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    El conflicto socio ambiental en la hoya del Itata tiene en alerta roja a la sociedad civil. Mientras, el ducto que descargará los desechos tóxicos avanza implacablemente hacia el mar, con licencia del Gobierno.


    celco
    Celco ha intentado hasta el cansancio desligarse de la muerte de los cisnes de cuello negro en Valdivia. No obstante, en los ciudadanos persiste la certeza de su responsabilidad en tal catástrofe ecológica. Por ello, los pobladores del valle del río Itata en la VIII Región se oponen tenazmente al ducto que la celulosa Nueva Aldea, la sexta planta de Celco, está construyendo para descargar sus contaminantes al río.
    La desembocadura del Itata es el principal foco de conflicto entre la compañía de Anacleto Angelini y la oposición ciudadana de nueve comunas afectadas. Mientras tanto, a vista y paciencia de la autoridad, la tubería avanza de forma implacable por la ribera del afluente, tras su desamparada víctima.
    Las ciudades de importancia más cercanas a la planta son Quillón, Ñipas, Bulnes, Portezuelo, Trehuaco y Coelemu, todas ribereñas del Itata y el balneario de Cobquecura, un poco más al norte de la desembocadura. Se trata de más de 45 mil personas dedicadas a la agricultura, a la pesca y a la elaboración de vinos; que no quieren que la celulosa destruya su actividad económica y sus formas de vida. Ellos están conscientes de lo que significa que esta planta de Celco gane dinero a costa de la comunidad y del ecosistema. Todos saben que al instalar el ducto en Boca Itata, esta vez no serán cisnes los afectados, sino gaviotas, lobos marinos, peces, la agricultura, el turismo y ellos mismos.
    Renato Vargas lo tiene claro. Practica la ganadería y la agricultura de autosustento. Vive hace 53 años junto a su familia en Boca Itata, distante 20 kilómetros al sur de Cobquecura. La tubería de un metro y 20 cms. de diámetro cruzaría a escasos metros de su casa. Celco ha comprado terrenos a la mayoría de sus vecinos, pero se niega a vender: “El ducto pasaría por uno de los terrenos míos. No es mucho, pero igual lo necesitan. Por ello, han venido a tratar de que venda. Yo le he dicho a Celco que no, porque van a contaminar”.
    El lugareño expresa que los representantes de Angelini le han asegurado que el ducto no infectará las tierras, ni el agua, que usarán la última tecnología y que nada cambiará. Pero, no les cree: “Yo siento temor. Sé que esto va a ser un daño para el valle. Me vine acá por una opción de vida, para vivir limpio, lejos de la contaminación, para poder disfrutar de la naturaleza en forma sana. Pero con esto ya no va a ser así. Ya no como pescado. Me preocupa mucho mi familia. No sabemos de qué vamos a vivir. Nadie nos da una seguridad”, dice angustiado Vargas.
    El agricultor cuenta que viene de examinar unos pozos que en verano están casi vacíos por el calor y que siempre cobijaban una grata sorpresa. Pero, esta vez nada.
    “Ya corriendo enero y febrero se van secando. Al final queda un fango y siempre quedaban peces como carpas, cauques o robalitos. Revisé y no hay ninguno. A lo mejor ya están sintiéndose los efectos de los desechos de Celco en el Itata”, argumenta el campesino.
    Además, revela que “los pescadores me contaron que la pesca ha bajado notoriamente, y peor aún, que hay un cambio drástico en el río”.
    En Boca Itata ocurre un fenómeno bien particular: el caudal, en los meses de invierno, inunda las zonas de producción agrícola y tiene contacto con las napas subterráneas, desde donde se extrae agua para el consumo humano. Lo que sucede es riesgoso, pues al anegarse las tierras absorberían los desechos tóxicos.
    Renato Vargas lo reafirma y explica mejor: “El agua de las napas se traspasa a los pozos. Sacamos agua del Itata y del mar cuando está bravo, pues igual se llenan los pozos cuando el océano está embravecido. Todas las casas del borde costero se nutren de agua del Itata”.
    Si se concreta el paso del ducto al mar, los lugareños piensan que la tubería sería vulnerable y que en algún momento colapsará. “El ducto va a pasar por el camino y nosotros tenemos los pozos ahí. Me preocupa consumir el agua de pozo que recibe por abajo del río, que vendrá también contaminada”, protesta la agricultora del sector, Marta Roa.
    Por su parte, el pescador Segundo Cisterna declara que desde que llegaron los rumores de la celulosa, vivía en paz y todos pensaban sólo en las siembras y en salir a la pesca.
    “Tenemos miedo que a futuro perdamos la fuente de trabajo. Ellos dicen que no contaminan, pero nosotros sabemos que sí contaminan. Creo yo que va a pasar lo mismo que en Valdivia. Nos va a pasar lo mismo que a otros pescadores que quedaron sin fuentes de trabajo, porque nos van a contaminar mucho más que a ellos, porque la empresa es mucho más grande”, asevera Cisterna.

    RANQUIL, LA MÁS POBRE
    Actualmente el Complejo Forestal e Industrial (CFI) Nueva Aldea -localizado en la VIII Región, provincia de Ñuble, comuna de Ranquil- está descargando los desechos a las aguas del Itata. El objetivo principal de la industria es la producción de 856.000 toneladas anuales de pulpa de celulosa, más del doble de lo que produce la Planta Valdivia. Al 10 de enero, la tonelada de celulosa se transaba a 735 dólares. Es decir, la producción anual de la planta traería retornos por más de US$624 millones, unos $337 mil millones. Cifras siderales, por algo es una de las grandes del mundo.
    Aquí aparece la injusta desigualdad. Ranquil es una de las zonas más pobres del país. Posee una población de 6.404 habitantes, tiene un 50 % de pobreza y un 20 % de indigencia. Frente a un gigante de esa talla, el pueblo se siente indefenso ante la posible amenaza ambiental que representa Celco.
    Los potenciales impactos ambientales que produciría la planta son significativos. Algunos de los más relevantes afectarán el ecosistema hidrobiológico del río Itata y de la desembocadura de éste en el mar; en la producción de emisiones gaseosas y sus principales efectos sobre las ciudades urbanas y rurales; y sobre los habitantes que captan agua del río para agua potable.
    Las comunidades cuestionan el proceso de blanqueo de la celulosa, fase llamada Kraft, sobre la base de compuestos clorados. Esta etapa provoca la contaminación de suelos, napas subterráneas, aguas, genera vertederos y afecta el valor de las tierras aledañas. Dentro de los desechos organoclorados se encuentran las dioxinas y furanos, sustancias tóxicas, altamente dañinas para el medio ambiente, con efectos cancerígenos, genotóxicos y mutagénicos. Además pueden acarrear lesiones al sistema nervioso, renal y hepático.
    El Colegio Médico de Ñuble, en un documento confirma la idea anterior: “La puesta en marcha de la planta de celulosa Nueva Aldea significará un riesgo importante e irreversible para la salud de las 45 mil personas que usan el agua del río Itata, para beber o regar”.

    LOBOS DE UN PELO
    El balneario de Cobquecura, distante a 140 kms al norte de Concepción, tiene una enorme riqueza ecológica y singular belleza: la Iglesia de Piedra y el sector de la piedra de La Lobería; ésta última fue declarada Santuario de la Naturaleza en 1992. Sin embargo, pese a este nombramiento, el Gobierno, a través de la Comisión Nacional de Medio Ambiente (CONAMA), autorizó la construcción del ducto, que estará ubicado 20 kilómetros al sur del hogar de cientos de lobos marinos de un pelo, la especie emblemática del Santuario.
    La Iglesia de Piedra es un lugar cautivador. Tiene unas cavernas con orientaciones muy raras, casi como hechas por el hombre. Además fue un sitio sagrado mapuche, donde por siglos, se hicieron rituales para agradecer los alimentos entregados por la naturaleza. Como la zona fue territorio de impacto entre españoles y mapuche, hoy no quedan representantes de la etnia.
    Pero los encantos no alejan los temores: la población del balneario está inquieta por la instalación de la tubería. El sacerdote de Cobquecura, Andrés Lacalle, grafica el clima que se vive: “Todos estamos no con miedo, sino con angustia. Porque es una realidad.
    Esto parece el cuento del lobo, se dijo que venían muchas veces y cuando se dijo que venían de verdad, ya nadie creyó”.
    El profesor del liceo local y miembro de la agrupación ciudadana “Salvemos Cobquecura”, José Ávila, es más radical y dice que Cobquecura está en peligro, pues –según él y los pescadores- las corrientes marinas acarrearán los desechos tóxicos hasta el balneario. Pero, va más allá que el clérigo, respecto del clima que se vive en la localidad y reprocha el actuar del Gobierno.
    “No hay ninguna entidad del Gobierno que nos diga que nos quedemos tranquilos, porque no va a pasar nada, o que si pasa algo ellos van a responder. Nadie se quema las manos por el Itata. Hay incertidumbre total, por eso estamos intranquilos”, acusa el docente.

    CELCO Y EL GOBIERNO
    Otro de los puntos que tiene decepcionada a la comunidad son los vínculos de Celco con el Gobierno. No pueden creer que el Estado, supuestamente ayude a una empresa a devastar su patrimonio. Lo que más molesta en los ciudadanos es que no lo reconozcan abiertamente. Para los votantes, los lazos existen y son fuertes, pues de otra manera no se explican que Empresas de Ferrocarriles del Estado (EFE), haya “entregado” parte de la línea del antiguo ramal Chillán–Dichato, a Celco, para que pueda construir el ducto. De los 56 kilómetros del trazado del ducto (desde Nueva Aldea hasta Boca Itata), casi la mitad corresponde al “cedido” por Ferrocarriles.
    “Está claro que hay vínculos entre Celco y el Gobierno. Alberto Etchegaray (presidente del directorio de Celco) fue la mano derecha de la campaña de Bachelet”, dice el profesor Ávila.
    Lo de EFE es por la ribera sur del Itata, donde están construyendo actualmente. En un punto del trazado del ducto, éste cruza hacia la ribera norte. Según los pobladores, allí hay otro nexo con el Gobierno, pues hay un “convenio fantasma” entre el Ministerio de Obras Públicas y Celco. Lo que pasa es que hay una serie de caminos públicos que pertenecen a esta repartición estatal en el sector. Estas vías, supuestamente a través del “acuerdo”, fueron supuestamente prestadas a Celco para que las “arregle” y aproveche de construir el ducto, ya que sólo necesitan 10 metros de ancho para los trabajos.
    El padre Lacalle no tiene certeza, pero algo ha escuchado sobre las relaciones de Celco: “Es una voz común de que Angelini habría apoyado mucho a la campaña de Lagos, cuestión que a mí no me consta”.
    Otro sector que está conciente de que el Gobierno posibilita los trabajos de Celco, son los surfistas. La comuna de Cobquecura tiene uno de los oleajes más apetecidos por estos deportistas. Hay muchos jóvenes que practican surf, y que vienen de otras comunas. La mayoría son profesionales, como sociólogos, sicólogos, biólogos marinos, que están muy metidos en este tema y relacionados con el medioambiente.
    Javier Fierro Eljatib es uno de ellos y de la zona. “Acá hacemos deporte alrededor de 50 surfers. Entre gente que es de acá y los que vienen de afuera. Las olas son muy buenas”, explica emocionado Javier y tiene razón, ya que según los expertos, la comuna ocupa el tercer lugar en Chile para practicar el surf. No obstante, al relatar los posibles efectos de los desechos de la tubería pone tono de rabia: “A los que surfeamos nos afecta demasiado la contaminación del mar, pues estamos mucho en contacto con él, por ello nuestra salud se irá deteriorando de a poco. Sabemos que las dioxinas nos van a matar, es un hecho y cuando pase no vendrán más surfers”.
    Por lo anterior, el deportista no está de acuerdo con el comportamiento del Estado y lo acusa abiertamente de ser cómplice de Angelini. “El gobierno nos está matando de a poco. Son genocidas. Celco y el Gobierno tienen una alianza para generar el ducto. El Gobierno trabaja junto con Celco, y no es chiste”, dispara Javier Fierro Eljatib.

    EXPORTACIONES AFECTADAS
    Los alcances de la deficiente política ambiental del Gobierno repercuten directamente en la economía. Durante el primer semestre del 2006, una importante negociación de 80 mil botellas de vino orgánico de la cooperativa Itata Wines con el gobierno de Suecia fue rechazada, a causa de la pérdida de imagen internacional del valle del Itata, por la instalación de Nueva Aldea. El representante de Itata Wines, Heinrich Männle, reveló el problema, quien además, es propietario de la viña Männle ubicada en el valle, dentro de la zona de influencia de la Planta de Celulosa.
    El empresario declara que “tenía lista la partida de 80 mil unidades de vino orgánico de alta calidad para el país europeo. Sin embargo, al saberse que los productos provenían de la cuenca de Itata, donde próximamente iniciará sus operaciones el complejo de Celco, descargando sus riles directamente al río y con emanaciones gaseosas contaminantes, sus compradores echaron pie atrás”.
    El sector vitivinícola ve como se hacen humo sus inversiones. Las viñas se cultivan ahí por más de 100 años, y la zona ha sido catalogada como una de las más óptimas del mundo para producir vino de altísima calidad, según estudios de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción, sede Chillán.
    Männle revela un dato clave, que es condición para exportar a los exclusivos mercados de Estados Unidos y la Unión Europea, donde el valor se duplica: la denominación de origen.
    “En este momento el valle del Itata está en peligro. Hay una zonificación donde están todos los valles con denominación de origen y obviamente la planta de celulosa está poniendo en riesgo la exportación de la venta de vinos de alta calidad”, asevera el viñatero.

    OLOR A CELCO EN CONSTITUCIÓN
    La preocupación del viñatero, y en general de los habitantes del Itata, se basa en las experiencias de otros pueblos perjudicados por Celco: la comuna de Arauco, en la Octava Región; Valdivia, en la Décima; Licantén y Constitución, en la Séptima. Esta última localidad ha sido una de las más afectadas, ya que es la planta más antigua de Angelini. Opera desde 1976 y durante todo su funcionamiento los impactos ambientales, sociales y económicos han sido múltiples. Tal vez, los ciudadanos del Itata puedan sacar algunas conclusiones y avizorar lo que viene.
    La ciudad de Constitución tiene un claro antes y después con la llegada de la planta de celulosa y sus emanaciones tóxicas. Constitución era un antiguo y tradicional balneario de lujo de la Región del Maule, y fue perdiendo en los últimos 30 años su atractivo al verse impactado por Celco. En “Conti” veraneaba la clase alta talquina, de finales del siglo XIX.
    El ex alcalde del balneario, Osvaldo Garrido, lo vivió, por ello critica a la compañía: “Aporta trabajo, pero al mismo tiempo hemos tenido que asumir los costos del deterioro ambiental y de la delincuencia, producto del aumento del dinero”.
    El primer zarpazo de la nueva industria lo dio al ubicarse en los terrenos aledaños de las playas más aristocráticas. “Guardo una fotografía tomada desde el Mutrún en 1972, cuando aún era estudiante universitario”, cuenta el historiador Jaime González Colville.
    “Se observan las instalaciones y las fundaciones de las obras. Surgieron voces de diverso tono: ¿Se construirá aquí? ¿No será junto al río? ¿O cerca del puente del ferrocarril? ¿Producirá ruido que moleste a los bañistas? ¿Dónde irán las familias que tenían a esas playas como exclusivas? Surgió el gigante de cemento, calderas y fauces insaciables. Pero no fue el ruido el molesto, tampoco el que se ocupara parte del balneario. No. Apenas encendidas las máquinas, Constitución, con la brisa del mar, se llenó del ‘olor a CELCO’, que hizo volar lejos hasta a las gaviotas. Era un olor espeso, ácido, que al correr de treinta años se ha incorporado a la idiosincrasia maulina”, dice el miembro de la Academia Chilena de Historia.
    “Se pondrán filtros” prometieron, pero el tiempo pasó y el balneario recibió un regalo fatal en sus afanes turísticos. Ni el pavimento, ni los capitales que emergerían de los pinos siempre verdes lograron retornar el encanto de los años carnavalescos, de los paseos al muelle. “La CELCO mató al turismo”, se repitió durante mucho tiempo.
    La presidenta del Sindicato de Mariscadores Buzos y Algueros de Constitución, Rosalía Arellano, que representa a 47 hombres y mujeres de mar, asegura que desde hace aproximadamente 4 años han notado una considerable disminución de la presencia de algas, y que los compradores de Luga y Champa han desaparecido; según les han explicado ellos mismos, se debe al temor de encontrar residuos de contaminación en el recurso.
    “Esa es una verdad que hemos escuchado en el pueblo y que los mismos socios de otras organizaciones han reconocido”, explica y agrega que “lo que nosotros reclamamos es que la empresa debiera invertir en mejorar las condiciones de trabajo de los pescadores o tal vez tratar de limpiar la contaminación del mar, es decir, realizar una ayuda pública y no a escondidas”, acusa la dirigente.

    NO HAY RESPONSABILIDAD EMPRESARIAL
    El caso de la celulosa de Constitución es el que mejor refleja, cómo la operación de esta planta generó la reconversión forzada de actividades de larga tradición en la zona, como la agrícola, pesquera y turística, a favor de la forestal. Tesis que podría repetirse a lo largo y ancho del valle del Itata.
    La actitud de Celco no ha estado a la altura de los principios que se ligan a las compañías líderes en sus rubros y que se basan en una respetuosa actitud hacia el medio ambiente y hacia la población en donde se sitúan, así la Responsabilidad Empresarial de la firma se pone en duda cuando ocultan información de contaminación; de los verdaderos volúmenes de producción; de los accidentes laborales; de las enfermedades asociadas en las comunidades vecinas por sus emanaciones tóxicas; entre otras.
    Por ello, la incertidumbre y desesperación de Renato Vargas no tienen límites, ya que ha acudido a todos, sin soluciones.
    “Ya no sé a quién recurrir. Ni el Gobierno a través de la Conama, ni el Congreso, me han dado una respuesta. ¿A dónde vamos? ¿A dónde vamos a gritar? Yo pienso que esto no tiene salida”, alega el agricultor.
    El padre Lacalle cree que la planta va a seguir funcionando y que nadie se lo va a prohibir, y añade que las leyes son ambiguas y favorecen a los que están más arriba.
    El Sacerdote comenta que en una reunión entre la comunidad, el Gobierno y ejecutivos de Celco -entre ellos el ex gerente general de Celco, Alejandro Pérez, a quien conoce desde que cursaba la secundaria- se levantó a opinar respecto a las consecuencias de la planta, “Cuando les dije que la espuma era otra amenaza, me dijeron que la espuma sería eliminada con cloro. Yo respondí: peor todavía pues canallas. Ahí estaba Alejandro Pérez, él me conoce desde que era estudiante de secundaria, he alojado en casa de él y compartido su mesa”, expresa el prelado.
    Según las palabras del Párroco, todas las acciones que han hecho “es cómo hacerle cosquillas al león mientras duerme placidamente con la guata llena. En todo caso peor sería no hacer nada. No creo que dejen de tirar desechos al río aunque los echen al mar”.
    Andrés Lacalle deja Cobquecura por decisión del Obispo. El pueblo pierde a uno de sus más acérrimos defensores, pero es seguro que sus pensamientos perdurarán en la memoria cobquecurana y en la moral de Angelini.
    “Nosotros creemos que lo único que queda por hacer con la celulosa, es pegarle a la conciencia de la empresa, por lo menos si no tienen sanción legal, tendrán el castigo moral. Que vayan a Europa a ver si les aguantan”.

    Mauricio San Cristóbal

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