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    Cerca de 260.000 niños sufren desnutrición aguda y necesitan ayuda en la región de Kasai, en la República Democrática del Congo (RDC), según un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

    El organismo señala que uno de los factores que influyen ha sido los desplazamientos de familias por la violencia y la inseguridad que sacudió la región durante los últimos años.

    Entre las zonas que han tomado como destino destacan las provincias de Kwilu y Kwango, donde Unicef atendió cerca de 200.000 niños con desnutrición aguda, apoyo psicosocial y material educativo a 100.000 niños y ayudado a 5.000 niños no acompañados y vinculados a milicias para facilitar su reintegración, según cifras de Europa Press.

    El organismo manifiesta preocupación por el conflicto, y al hablar de los avances alcanzados con las pequeñas víctimas, señala que hay mucha gente volviendo a la región desde Angola, unos 300.000 congoleños.

    Hemos estado trabajando incansablemente con los socios y las comunidades locales en la región de Kasai para apoyar el lento proceso de recuperación tras años de conflicto y violencia que han devastado a los niños y sus familias”, dijo Gienfranco Rotigliano, representante de Unicef en la RDC.

    Además de esta situación, el Congo lucha por detener una epidemia de ébola y ayudar a los niños y familias afectados por esta mortal enfermedad.

    Datos oficiales indican que más de 800 personas se han infectado de ébola durante el último brote, “500 de las cuales han muerto”, y los niños, afectados por los”desplazamientos forzados, “representan un tercio de los casos confirmados de la enfermedad”, según la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore.

    Un balance de Unicef a inicios de este año reportaba al menos 740 personas infectadas con el mortal virus, de las cuales un 30 % son niños.

    Desde esa fecha, el organismo ha venido ampliando su capacidad de respuesta y atención, desplegando personal adicional en las zonas de Butembo y Katwa.

    Pese a este entorno hostil, en 2017, el organismo, junto a sus aliados y trabajadores sanitarios en los centros de tratamiento y en las comunidades, desarrolló su labor loable en la región africana: vacunó a cerca de cuatro millones de niños contra el sarampión y la fiebre amarilla, organizó el acceso a la atención médica a 163.000 personas, entregó agua y material de higiene a 900.000 personas en zonas afectadas por el cólera, y dio alojamiento para cerca de 150.000 personas.

    Sin embargo, Unicef ha venido advirtiendo desde finales de 2018 que el mundo no ha logrado proteger a los niños en zonas de conflicto, como es el caso de algunas regiones de la RDC.

    Y las cifras son más que alarmantes: unos 5.000 niños fueron asesinados en Afganistán, 4,2 millones estaban en riesgo de sufrir desnutrición en la RDC, 1.800 fueron reclutados en Somalia, 870 asesinados en Siria y otros 1.427 muertos en Yemen.

    “Durante demasiado tiempo, las partes en conflicto han cometido terribles atrocidades y en la mayoría de los casos no han sido castigadas por ellas”, dijo Manuel Fontaine, jefe de los programas globales de respuesta a emergencias de Unicef.

    El funcionario aseveró que “los niños pueden y deben estar mejor protegidos y apoyados”, pero en esta tarea la comunidad mundial ha “fracasado” en 2018.

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