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    El senador estadounidense Marco Rubio parece nadar en un mar de estupefacientes cuando habla de su gran obsesión: Venezuela. A diario se dedica en su cuenta de Twitter a lanzar amenazas al gobierno del presidente reelecto de esa nación sudamericana, Nicolás Maduro. Lo hace sin descanso y, últimamente, desde la locura.

    Una muestra reciente de su “genialidad” fue publicar dos imágenes enfrentadas del líder de Libia, Muamar el Gadafi: una cuando aún estaba en el poder y otra cuando era torturado antes de su asesinato.

    Luego, agregó otra publicación del mismo estilo pero con fotografías del secretario general del Partido Comunista Rumano, y, desde 1974, presidente de Rumanía, Nicolae Ceaușescu.

    Aunque no escribió ni una palabra, la lectura era clara. Con esos tuits el senador mostraba lo que le podría pasar a Maduro por no sucumbir ante los dictámenes de Washington.

    Las publicaciones las hizo el día después del intento fallido de su admirado Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional en desacato y autojuramentado “presidente interino” de Venezuela,  de ingresar la “ayuda humanitaria” por la fuerza el pasado 23 de febrero.

    Una lección de historia

    Aunque no era su obligación, la portavoz de la cancillería rusa, María Zajárova, se vio en la penosa obligación de darle a Rubio una clase magistral de historia, ante la ignorancia que demostró el estadounidense.

    “Resulta que, a pesar de su «experiencia y condición», el senador Rubio no tiene ni idea del objeto de sus disertaciones. No es nada sorprendente, ya que los políticos, y ahora también los funcionarios estadounidenses, poco entienden de aquello que les incumbe. No merecería la pena hablar de un senador estadounidense que ignora la Historia Mundial, si no fuera un gol en propia puerta”, expresó la funcionaria rusa.

    Le recordó ―además― que su publicación en las redes sociales equivale a una «salida del armario» política para reconocer la responsabilidad histórica de Estados Unidos por millones de vidas destruidas en diversas partes del mundo.

    ¿Por qué? La historia de Ceaușescu “es el clásico ejemplo de cómo Washington está dispuesto a apoyar, bajo el pretexto de «valores democráticos», a cualquiera mientras esto beneficie a los intereses nacionales. Y si los intereses nacionales ya no necesitan al «protegido», Washington se despide de él sin muchas ceremonias”.

    Lo que debe leer Rubio

    Estos son algunos de los datos históricos que presentó la portavoz rusa y que dejan en evidencia que ese tipo de publicaciones solo confirman las políticas destructivas de la Casa Blanca:

    • El objetivo político de Ceaușescu era reducir la dependencia de Rumanía de la Unión Soviética y otros países del bloque socialista.
    • Entre sus actuaciones más ilustrativas de ello están: apoyó a la Primavera de Praga; conservó las relaciones diplomáticas con Israel tras la Guerra de los Seis Días en 1967 y con Chile tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet en 1973; y reconoció la República Federativa de Alemania sin la «aprobación» de los hermanos mayores.
    • Fomentó enérgicamente las relaciones con las élites políticas occidentales.
    • Occidente lo colmó de atenciones, condecoraciones y créditos millonarios. En los años 70 recibió más 20.000 millones de dólares (en la escala de entonces) de inyecciones occidentales.
    • Fue precisamente a la Rumanía de Ceaușescu que la CEE (hoy Unión Europea) concedió las mayores ventajas comerciales y en 1980 firmó con Bucarest un acuerdo sobre el intercambio de productos industriales.
    • En 1984 Rumanía fue el único país miembro del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) que no boicoteó los Juegos Olímpicos de verano en Los Ángeles, por lo cual en 1985 Ceaușescu fue condecorado con la Orden Olímpica.

    Todo este panorama ―detalló Zajárova― cambió cuando, “como suele suceder con los amores occidentales”, Ceaușescu dejó de caer en gracia a sus bienhechores.

    Las condecoraciones, visitas, créditos y otras expresiones de benevolencia se acabaron, no por su longevidad política o su gobierno no democrático, sino por no corresponder a los intereses occidentales. Fue cuando estalló la primera revolución de color en la región, desplegándose todo el juego de mecanismos tradicionales de «reivindicación de la democracia y protección de la población»: desde desinformación hasta provocaciones”, acotó.

    La debacle ocurrió en 1989 y, varias décadas después, la investigación oficial demostró que la orden de disparar contra los manifestantes en Timisoara (ciudad del oeste), no la dio al Ejército Ceaușescu (por lo cual fue fusilado el 25 de diciembre de ese año, tras un sumario de dos horas), sino el general Stănculescu, quien «había pasado al bando del pueblo».

    Como en los casos más actuales donde ha intervenido la Casa Blanca (Siria e Irak), en Rumanía también hubo suministro de armas a la oposición.

    “Y una cosa más que dará que pensar al senador Rubio y sus seguidores. Veinte años después, en 2008, el general Stănculescu, quien «había pasado al bando del pueblo y derrocó a Ceaușescu, fue condenado a muchos años de prisión por haber participado en la represión de la «revolución de 1989». Mientras el presidente del tribunal que había condenado a Ceaușescu al fusilamiento, poco después del asesinato del líder rumano, se suicidó”, finalizó Zajárova.

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