• EC | Edición Mundo
  • El Ciudadano | Edición Chile
  • El Ciudadano | Edición Venezuela
  • Una sociedad plural y democrática necesita diferentes miradas del mundo. Desde El Ciudadano diaria y oportunamente, nuestras letras están en favor de construir una mejor sociedad y un mundo más justo.
    Que exista periodismo independiente también depende de ti.

    En la céntrica intersección de las calles Av. Francisco Solano López con Los Jabillos, Caracas, el pasado jueves 11 de mayo fue asesinado con un tiro en el pómulo izquierdo José Rodrigo Muñoz Alcoholado, ex integrante del Ejército Guerrillero de los Pobres.

    Los fatídicos acontecimientos ocurrieron en dependencias del restaurante Il Rugantino. Testigos señalaron que cerca del guerrillero se sentaron dos individuos que al momento de pagar, sacaron sus armas, disparándoles a Muñoz y su acompañante para luego huir a bordo de unas motos estacionadas en las afueras del tradicional local de comida italiana.

    Aparte de su constante entrega solidaria en las luchas internacionalistas de Argentina, Colombia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, una de los grandes aciertos que le sindican sus compañeros de armas a “Alejo”- luego que volvió a Chile- es que supo aglutinar a la juventud. Dado que su vida militante comenzó al alero de sectores populares de las comunidades católicas de la zona sur de Santiago, no dejó irse pa’ la casa a los cristianos comprometidos tras la salida pactada del dictador. Asimismo, convenció a los más jóvenes de los barrios -que no querían ingresar a las Fuerzas Rebeldes y Populares Lautaro o al Frente Patriótico Manuel Rodríguez- a organizar el descontento a través de una alternativa revolucionaria de lucha popular: el Movimiento de Izquierda Revolucionario-Ejército Guerrillero de los Pobres (MIR-EGP, que en sus primeros años agregó el nombre de Patria Libre)

    El debate de la subversión

    Desde 1967, año en que Miguel Enríquez asume como secretario general del MIR, sus integrantes iniciaron acciones de propaganda y operaciones para recaudar fondos. A pesar del avance de los esbirros de la dictadura, hubo sectores del mirismo que continuaron dando la lucha en los años ´80. Por ejemplo, un combatiente trasandino, Gustavo Abel Cabezas, se hizo cargo de la labor de reingreso de militantes miristas al país -Operación Retorno- desde Argentina. Aracely Romo y Pablo Vergara eran de esa línea y entregaron sus vidas en 1988, en un esfuerzo comprometido y consecuente por llevar a la práctica una ideal de vida.

    Eran tiempos en que la adhesión al grupo revolucionario no iba en aumento. El principio del ocaso se vivió en un Congreso de 1986 en que las diferencias ideológicas entre sus integrantes los llevaron a escindirse en tres facciones: el “MIR histórico” ; el “MIR político” y el “MIR militar”. Sería el principio del ocaso del movimiento como tal.

    En paralelo, y gracias a un entrenamiento en Cuba, el “Chico Pepe” pudo incursionar en su apoyo internacionalista en tierras nicaraguenses, donde formó parte de los batallones de lucha irregular que hacían frente a los contrarevolucionarios.

    El 4 de octubre de 1991 una acción de propaganda armada irrumpe en la agencia de noticias France Press, que estaban ubicadas frente del Palacio de La Moneda. Variados fueron los sectores que conformaron este grupo, en una organización que no fue azarosa.

    Durante cinco años tuvieron de cabeza a los organismos de inteligencia chilenos. En su primera proclama planteaban crear, desde el Biobío al sur, una base de mapuche, campesinos y obreros que conformarían el “Ejército Libertador de la Araucanía”, cuyo destino sería, en primera instancia, liberar dicha zona para luego tomar el control de todo el país.

    La idea no era tan descabellada, más aún si los esfuerzos de reagrupación de fuerzas se reunían en la Coordinadora Subversiva por una Patria Popular (CSPP), entidad promovida por el líder lautarista Guillermo Ossandón Cañas, a la que se agrupó al Mapu-Lautaro, el MIR-Militar, el Destacamento Patriótico Raúl Pellegrín (DPRP) y, por supuesto, el EGP-PL.

    Con una corta vida de 2 años- pero muy intensa y masiva en operaciones de diverso calibre a nivel nacional- durante su primera campaña (marzo 1992), se realizaron simultáneamente 35 acciones subversivas e insurgentes, desde sabotajes a infraestructura, propagandas armadas y acciones de hostigamientos a las fuerzas represivas del Estado”, reseña un comunicado de la organización.

    La lucha antisistémica y antiimperialista

    Yerno de Ignacio Errandonea, vocero de las familias de DD.DD en Uruguay, el “Chico Pepe” compartió filas con “Alberto”. En conjunto con otros compañeros y compañeras, que no creyeron en la vuelta a la democracia y se destacaban por su juventud, “generaron entre los años 89 y 90 reuniones en diversos puntos de la capital. Hasta el año 96, momento en que cae la última unidad de combate EGP en Valparaíso, se configuró un interesante capítulo de la subversión en Chile, al menos en la de corte marxista-leninista”, explica el hoy sociólogo dedicado a la gestión cultural.

    En una decisión conjunta con la CSPP, el trabajo político se acordó que debía realizarse fuera de la universidades, es decir, trabajos territoriales, en poblaciones, rescatando a la juventud popular. En provincias había más autonomía. Pero en Santiago y Valparaíso, todo era más metódico”, comenta “Beto”.

    Bajo una orientación política que incorporó la naciente concepción de la autogestión, de no trabajar con las municipalidades ni con un montón de proyectos sociales que tenían que ver con el Gobierno, “Alejandro Montenegro” (otra de las chapas de José Muñoz), fue erigiéndose como una figura mítica en el partido. “Junto con la familia Ortega, mantuvieron el espíritu vivo desde el minuto cero de la supuesta vuelta a la democracia. Se desplegaron a nivel nacional 50 delegados, que extendieron un trabajo mediático muy interesante: se debía aparecer como EGP, acción que al paso de los años se analizó en un gran acierto”, afirma el correlegionario de Muñoz .

    La gente que componía la agrupación era descolgada de muchos lados. “Inteligencia y compartimentación evitaron que durante cinco años no tuviéramos ningún problema. Y volvimos locos a los organismos represivos de la época”, ríe “Alberto” al recordar. Sin embargo, “el sustento de compañeros clandestinos, la carencia de logística frente a las actividades de propaganda armada, fueron desgastando a la organización”, reconoce.

    Nunca lo ví en regiones pero sus posturas, métodos y análisis lo transformaron en un personaje mítico. Si bien teníamos autonomía en el sur, Temuco y Concepción eran los sectores más fuertes, siempre se sabía que se opinaba desde Santiago”, relata Enzo, otro ex combatiente, hoy técnico informático.

    Con un discurso símil al del Movimiento Juvenil Lautaro pero con una demostración de fuerza más contundente y acciones más analizadas, una frustrada recuperación a una distribuidora de licores en San Pablo con Chacabuco -pleno barrio antiguo de Santiago- marcó un punto de inflexión difícil de sortear. Uno de los más experimentados militantes, “Pelao chico”, muere de un tiro por la espalda. La rabia y desazón provocan y propician ciertos errores que el enemigo supo detectar. “La Oficina” pudo rehacer alguno de sus movimientos, hiló algunos cabos sueltos y comienza a mandar recados a los barrios y las universidades, a través de militantes del PS de relativa confianza: O te cuidas y te alejas. O te mueres.

    Los 12 del patíbulo

    La creciente desarticulación de las organizaciones más combativas postergó algunas ideas. De hecho, Muñoz Alcoholado fue detenido el 9 de agosto de 1995, junto a otros once inculpados, tras ser identificados como partícipes del robo de $45 millones a la caja pagadora de la empresa Industria Azucarera Nacional S.A. (IANSA) en Los Angeles, hecho ocurrido el 27 de junio de ese año. El 21 de agosto de 1995, siete de ellos son sometidos a proceso por conductas terroristas. Posteriormente, en septiembre de ese año, la Tercera Sala de la Corte de Apelaciones de Concepción revocó el auto de procesamiento por Ley Antiterrorista, estimando que no habían antecedentes suficientes para ello. Dejados en libertad el 10 de septiembre de 1995, casi todos aprovecharon para abandonar el país. Se les perdió el rastro, sobretodo luego de que el 28 de septiembre de 1995, la Segunda Sala en lo penal de la Corte Suprema, actuando de oficio, ordenó procesarlos a todos.

    La prensa aprovechó de inventar múltiples aventuras e historias. “A pesar de todo lo que se dijo, nosotros pensábamos que el compañero seguía luchando desde afuera”, relata Max, un púber en esa época, hoy padre de 3 niños. “Pero un día me llegó un mensaje: pedían de vuelta ‘un préstamo’. Nos juntamos en Avenida Brasil con Francia, en un banquito. Yo no sabía que él iba a estar ahí, yo sólo iba a devolver ‘el paquete’. Era el 25 de diciembre del año 95. Le llevé el ‘paquetito’ y se enojó porque yo no atiné a llevarlo en un papel de regalo. “Pero cómo compañero, cómo me trae esta wea así nomas”. Nunca antes lo había visto pero ya sabía quién era. Era un tipo simpático, piola, agradable, muy seguro de sí mismo, cachando el mote todo el rato. Y dándome un consejo adecuado. Dado el contexto, navidad, era mucho más piola llevarlo en papel de regalo. Y además porque justo antes había habido una operación acá, estábamos un poco funados. Se había logrado una acción en financiera Finandes de calle Prat, 12 horas antes.”

    Informado de la anécdota, “Alberto” queda pensativo. “Desde la solidaridad, basaba su internacionalismo. Sus acciones eran arriesgadas pero hablan muy bien de él. Eramos muy pocos y demasiado jóvenes. Él era uno de los que tenían más experiencia y la compartió hasta la muerte”, expresa este porteño de hablar pausado, sin ocultar su emoción.

    Se dice que luego Muñoz se trasladó a Perú, donde impartió cursos a miembros del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) . De ahí, pasó a Colombia, donde se le uniría Marcos Rodríguez Ortega para juntos combatir en el Ejército de Liberación Nacional (ELN), específicamente al Frente Guerrillero “José María Becerra”, que dependía del Frente de Guerra Sur Occidental, apoyando también al Frente Urbano Omaira Montoya. Finalmente, se estableció en Venezuela, donde formó una familia con una uruguaya y enfrentó con las armas la intentona golpista de 2002.

    Últimas acciones armadas

    Tras la captura de alguno de los comandos operativos del EGP-PL, sus miembros se replegaron durante un año. Los que no habían sido presos se sumaban en este periodo de sosiego. Un atentado explosivo contra la escuela de Gendarmería en Santiago y el baleo a un carabinero en Lontué, en 1997, encendieron las alarmas de los gobiernos concertacionistas. Con jóvenes de 18,19 y 20 años asumiendo cargos de alta responsabilidad, el partido no aguantaría una nueva ofensiva contrarrevolucionaria y se disgrega.

    Supuestamente desarticulados, una de sus últimas acciones fue el asalto a un BancoEstado en Loncoche (diciembre 2004) y el atraco a un INP en Machalí (junio 2005). Poco antes, dos integrantes del EGP-PL fueron detenidos en Brasil el 2002 tras secuestrar al empresario carioca Washington Olivetto.

    Dos referentes políticos nacen de esta nueva dispersión: Guachuneit y GAP. En un afán por seguir resistiendo, la discusión del sujeto social no pasaba ni por los universitarios ni obreros sino por los pobladores.

    Duele Venezuela

    El acoso internacional, reflejado en la tergiversación mediática de los hechos, cuadra con el poco interés por un nuevo asesinato perpetrado con la metodología paramilitar con que la derecha venezolana ha intentado desestabilizar el régimen de Nicolás Maduro.

    No es el único caso. El Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas de Venezuela (CICPC) maneja como hipótesis el sicariato. A la caída de Jose Muñoz se le suma la de dirigentes comunitarios del Partido Socialista Unido de Venezuela(PSUV), asesinados en los últimos meses. También la del diputado al Consejo Legislativo de Táchira, César Vera, integrante del movimiento Tupamaro y por el Gran Polo Patriótico, ocurrida el 24 marzo 2016. Y, por último, de la Roger Serra, diputado del PSUV asesinado 1 de octubre de 2014.

    A raíz de esta escalada de violencia, el pasado 11 de mayo, Tarek Wiliam Saab, defensor de pueblo, denunció el uso de “asesinos profesionales” para ocasionar más víctimas al proceso bolivariano.

    Cabe mencionar que a José Muñoz se le había negado el pasaporte nacional por razones arbitrarias, de de acuerdo a un relato que él mismo se encargó de difundir en 2015. Sin embargo, hace muy poco había conseguido revertir esta situación, por lo que se encontraba preparando su regreso al país dentro de este año.

    Lamentablemente, la vida le deparó otros caminos. Sus restos están siendo velados en la zona de Bello Monte, Caracas, desde el viernes 12 de mayo.

    Suscríbete a nuestros boletines informativos y recibe diariamente la información más importante publicada en elciudadano.com

    * indicates required

    A qué ediciones te quieres suscribir?


    •  
    •  
    •  
    Loading...