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    La historia contemporánea nos muestra que ya no es posible pensarla linealmente, como una sucesión de eventos y un tiempo inexorable. Por el contrario, las diversas épocas parecen constituir islas en un archipiélago que se van conectando entre sí de modos inesperados. Tal es el caso de la candidatura de Barack Obama que ha desatado una suerte de “Obamanía” en todo el mundo. Su figura nos trae al presente los discursos proféticos de John F. Kennedy y Martin Luther King. De algún modo, su voz actualiza el eco de otras voces, demostrando que los sueños no perecen nunca.

    El valiente y telegénico senador por Illinois ha logrado plantear la posibilidad histórica cierta de que un afroamericano llegué, por vez primera, a la Casa Blanca. Para explicar este fenómeno debemos advertir las novedades que nos trae su candidatura y el contexto en que ésta se erige. Entre las novedades, llama la atención el uso inteligente de las nuevas tecnologías. La imagen de Barack Obama puesta en “Youtube”, mezcla el discurso político con la estética blanco-negro del “videoclip”, logando transmitir en pocos minutos no sólo algunas “ideas fuerza” sino una componente emocional fuerte al ritmo de una balada u otro ritmo de moda. No se trata de una campaña “broadcast” dirigida por un partido de estilo vertical, por el contrario, muchas de las imágenes del candidato son puestas por sus propios adherentes por iniciativa personal. Notemos que, un vídeo puesto en la red alcanza más de siete millones de visitas en cuestión de semanas. Es cierto, la tecnología no es en sí misma “un agente” político de cambio, sin embargo, es capaz de “catalizar” fenómenos políticos y sociales de gran alcance en una sociedad mediatizada como la de Estados Unidos.

    Una segunda novedad es la naturaleza y el contenido de los discursos políticos del senador Obama. Llama la atención el énfasis en palabras de tinte ético que apelan a la “esperanza”. Barack Obama ha construido un discurso político desde una cierta “filosofía moral” que cuestiona e interpela el modo como han venido haciéndose las cosas en Washington. Temas como la guerra en Irak, el seguro médico para los más desposeídos, la cuestión de los inmigrantes ilegales, el alza en los costos de las hipotecas y los combustibles o el calentamiento global, encuentran su sentido último en una reformulación moral de la política estadounidense. En una época en que las “ideologías” aparecen desacreditadas, el discurso filosófico moral se convierte en un arma política formidable.

    Es evidente que en el actual contexto que se vive en los Estados Unidos, dicho discurso interpela a cada uno de sus ciudadanos. Los gobiernos Republicanos han descuidado notablemente a amplios sectores de ciudadanos, sumiendo al país en una crisis económica de envergadura. Los costes excesivos del aparato militar, sumado a las impopulares medidas de “seguridad nacional” han generado una atmósfera signada por el “miedo” y la “amenaza”. Los años de la actual administración resultan ser un lastre que el propio candidato Republicano McCain intenta evadir. El senador Barack Obama, curtido por años en el trabajo de apoyo social en su Estado, le habla a millones de norteamericanos cuya amenaza no viene del Oriente Medio sino de la pobreza, la cesantía y la exclusión en las grandes ciudades de la Unión Americana. Se podría aventurar que el “cambio” propuesto por el candidato Obama entraña un giro mayor que no dudamos en calificar de una segunda Revolución Americana.

    Cuando la disputa al interior del Partido Demócrata parece ya una cuestión resuelta, cabe preguntarse por las posibilidades reales de vencer a su contendor Republicano. A diferencia de décadas anteriores, crece en Norteamérica la consciencia de ser una sociedad “multicultural” y en este sentido, lo que era un factor étnico discriminatorio se convierta en un factor de apoyo a la candidatura de Barack Obama. Ello abre la posibilidad, impensable hace pocos años, de que un afroamericano sea el próximo Presidente de los Estados Unidos.


    Alvaro Cuadra


    Profesor e Investigador de la Escuela Latinoamericana de Postgrados (ELAP). Arena Pública, Plataforma de Opinión de Universidad Arcis.

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