• EC | Edición Mundo
  • El Ciudadano | Edición Chile
  • El Ciudadano | Edición Venezuela
  • Una sociedad plural y democrática necesita diferentes miradas del mundo. Desde El Ciudadano diaria y oportunamente, nuestras letras están en favor de construir una mejor sociedad y un mundo más justo.
    Que exista periodismo independiente también depende de ti.

    El ex dictador que torturó Chile por 17 años, pero que practicó autoridad política por varias décadas. Augusto Pinochet murió el pasado 10 de diciembre. Aquí la segunda parte y final de su vida.


    pinochet
    Partía 1987 y faltaba poco tiempo para que el Papa pisara suelo chileno. Todos pendientes de la peregrinación de Juan Pablo II. Mientras, los encargados comunicacionales del dictador, avizoraban un buen momento para limpiar la imagen a nivel internacional. Dicho y hecho. Las postales del Papa junto a Pinochet saludando a los ciudadanos desde el balcón de La Moneda daban la vuelta al mundo. El encuentro entre el Sumo Pontífice y el gobernante, programado para 20 minutos, duró el doble. Nunca se supo que hablaron.
    La visita de Juan Pablo II a Chile es un hecho histórico que revolucionó a los fieles cristianos. Este evento contrajo múltiples significados y hechos; como estar en el Estadio Nacional que fue campo de prisioneros; y oficiar la misa de beatificación de Sor Teresa de Los Andes en el Parque O´Higgins. Sucesos que sirvieron para recalcar el duro momento que pasaba el pueblo.

    PLEBISCITO
    Por esas fechas los líderes opositores ya preparaban la campaña del No. Nacía la Concertación y venía la “alegría”.
    Este plebiscito se realizó en aplicación de las disposiciones transitorias (27 a 29) de la Constitución Política de 1980, para decidir si Pinochet seguiría como Presidente hasta 1997. El resultado fue de 44,01% por el Sí y 55,99% por el No. El universo electoral habilitado para votar ascendió a 7.435.913 personas.
    Durante el referendo se barajaban cifras contradictorias entre el Gobierno y la oposición. La tensión se acentuaba. Hay presiones, y finalmente, los integrantes de la Junta de Gobierno entran a La Moneda, sin entregar declaraciones. Pero, Pinochet les tenía preparada una sorpresa: una petición de poderes amplios para enfrentar la derrota. El General Matthei lo recordó así: “Fue una entrevista sumamente áspera. Luego, el General dijo que firmáramos el acta de la reunión. No obstante, pregunté que cómo se podía firmar un acta de una reunión que se estaba ejecutando. Acto seguido, traen el acta y era este decreto. Lo mire, lo tiré al suelo”. Agregó que el dictador los emplazó a salir con las tropas a la calle, a lo que ellos se negaron rotundamente.
    Los festejos se desataban en las calles aledañas al comando del No. Al otro día, la celebración continúa y la Alameda se convierte en el escenario de encuentro entre civiles y uniformados, quienes respiran un poco más libres y saben que se cierne un cambio radical en sus vidas: la “democracia” estaba a la vuelta de la esquina. El dictador se despide.

    AYLWIN ES EL JEFE
    Así, en 1989, Patricio Aylwin es elegido Presidente, y el 11 de marzo de 1990 se convertiría en el primer gobernante democrático en 17 años y el segundo democratacristiano en el país; además de ser el primer presidente de la Concertación y dar inicio al periodo de transición a la democracia.
    Según relató Aylwin, cuando estaba recién asumiendo, Pinochet lo visitó y le dijo: “Presidente usted es mi jefe y lo reconozco como tal. Pero, el Ministro de Defensa no es mi jefe. A lo que yo contesté que el Ministro era su jefe inmediato y yo su jefe superior. Y en eso quedamos”.
    Pero no sólo el opresor estaba molesto con los nuevos tiempos, su señora también, Aylwin lo recordó así: “Cuando a los 6 meses de estar en el Gobierno, la señora Lucía hizo unas declaraciones en la prensa, cité a Pinochet y le dije que era por las declaraciones que hizo su esposa, incompatibles con su condición de cónyuge de Comandante en Jefe. Porque son declaraciones estrictamente políticas. Él contestó que no le diga nada, porque había tenido que aguantarla 40 años”.
    El rol de Pinochet en la transición no fue pasivo. Los “ejercicios de enlace” y el “boinazo”, inquietaron al ejecutivo, pues fueron interpretados como presiones al poder civil. Las relaciones cívico-militares eran tensas.
    Cuando Aylwin llamó a Raúl Rettig para que formará la Comisión de Verdad y Reconciliación, el ex- dictador, con el voto del Almirante Jorge Martínez Bush, convocó de inmediato el Consejo de Seguridad Nacional para reclamar. Algunos meses más tarde, Pinochet estaría nuevamente en el ojo de la polémica, pues aparecen las osamentas de los ejecutados políticos en Pisagua. Una periodista le señalaba al ex-dictador que habían aparecido dos cuerpos en una sola tumba, este respondía: “que economía más grande”. Insólito.
    Aunque las relaciones de Pinochet fueron mejores con el Ministro de Defensa de Eduardo Frei, Edmundo Pérez Yoma, que con el de Aylwin, en 1995 los avances de la investigación del Caso Letelier y la encarcelación de Manuel Contreras abrieron un foco de conflicto insospechado.
    El ex dictador sabía que tenía que abandonar la comandancia en jefe. Para ello, en octubre de 1997 negoció el nombre de su sucesor con el gobierno de Frei: Ricardo Izurieta Caffarena. Este último, recibiría la institución de un superior que había desempeñado el cargo por 25 años.

    SENADOR VITALICIO
    Al día siguiente de entregar el mando se dirigió a Valparaíso, para ocupar su asiento de senador vitalicio. Este puesto le correspondía según la Constitución. Sus opositores, a pesar de que se llegó a un acuerdo según el cual el día anterior expresarían sus molestias, se manifestaron en contra de Pinochet cuando este hizo su juramento, colocándose máscaras de calavera y mostrando pancartas y fotos de los detenidos desaparecidos. Al final se mantuvo al margen de la política activa y no se le vio mucho por el Congreso. La acción más destacada durante su periodo parlamentario fue el acuerdo con el Presidente de la Cámara, Andrés Zaldívar, para eliminar el día 11 de septiembre como feriado legal (Día de la Liberación Nacional), y reemplazarlo por el Día de la Unidad Nacional.
    En septiembre de ese año, Pinochet viajó a Londres (Inglaterra) junto a su nieto, para realizarse una operación. Aparte de su enfermedad, Pinochet amaba los viajes, pero durante su gobierno no realizó ninguno más desde el “filipinazo” y Londres era para entonces su ciudad favorita.

    DETENCIÓN EN LONDRES
    En España, el conocido juez Baltasar Garzón reclamó su detención para juzgarlo por las muertes de ciudadanos españoles ocurridas en Chile durante la Dictadura. Dictó una orden de detención contra el Senador, resolución que hizo llegar a Inglaterra.
    Para entonces, Pinochet se había internado en una clínica privada, la London Clinic, el 8 de octubre, para operarse de una hernia.
    El día 16, estando en cama, fue informado de la aceptación del país al pedido de Garzón y su orden de arresto, determinado por el juez metropolitano de Londres, Nicholas Evans. La noticia se transmitió de inmediato a todo el mundo, produciéndose en el extranjero un repudio unánime a Pinochet, mientras que en Chile se presentaban opiniones encontradas.
    Entre las pocas figuras que apoyaron a Pinochet destaca Margaret Thatcher, quien reveló que había cooperado con Inglaterra durante la Guerra de las Malvinas.
    El Gobierno recibió la noticia como “un bochorno internacional para Chile”, por lo que Frei, junto a sus sucesivos cancilleres José Miguel Insulza y (desde mayo de 1999) Juan Gabriel Valdés iniciaron acciones para lograr su extradición. Su argumento era que los crímenes del Régimen Militar se habían cometido en Chile, y por lo tanto correspondía enjuiciarlo acá. Esta política no fue respaldada por todos los miembros de la Concertación, especialmente ciertos sectores del PS y el PPD, que manifestaban su apoyo a la detención del dictador.
    La defensa de Pinochet apeló a la decisión de arresto, pues se aducía que tenía inmunidad diplomática como ex presidente y senador, apelación que fue recibida por un primer Tribunal, que aceptó la inmunidad de Pinochet.
    A su vez, esta resolución fue apelada, por lo que se recurrió a un Comité Judicial integrado por cinco miembros de la Cámara de los Lores, que invalidó en noviembre la inmunidad diplomática de Pinochet.
    Sin embargo, la defensa del senador vitalicio descubrió que uno de los Lores era miembro de Amnistía Internacional. Por lo tanto, un nuevo Comité tuvo que anular la sentencia anterior y formar un tercer Comité.
    Éste emitiría su fallo el 24 de marzo de 1999, reduciendo los cargos, considerando fuera de inmunidad los actos cometidos después del 8 de diciembre de 1988. Sólo había un delito cometido después de esa fecha en demanda, relacionado con un joven al que se acusó de robo y que amaneció muerto en su celda.
    La salud de Pinochet empezó a preocupar a los dirigentes británicos y españoles. Si se seguía con el proceso, el dictador podría morir en Gran Bretaña, cosa que no favorecía al gobierno dirigido por Tony Blair, especialmente considerando la proximidad de las elecciones.
    Los Estados buscaron otras soluciones, y una de ellas se presentó cuando la defensa del dictador argumentó razones de salud para eximirlo del juicio. A Pinochet se le realizaron exámenes médicos, los que revelaron su deteriorado estado de salud.
    Considerando el informe y la edad, Jack Straw decidió liberarlo por razones humanitarias el 2 de marzo. Ese mismo día regresó a Chile, aterrizando el día 3 en Pudahuel, siendo recibido por el Comandante en Jefe Izurieta.
    Pero ese no sería el fin de las querellas en su contra. Mientras estaba en Londres, acá se sumaban querellas en contra de Pinochet, por delitos como en la Caravana de la Muerte, siendo el encargado de recoger las demandas el juez Juan Guzmán; asimismo, sus querellantes presentaban una solicitud de desafuero en su contra. Era el comienzo de los juicios de Pinochet en Chile.

    LOS JUICIOS EN CHILE
    De regreso a Chile, Pinochet se encontró con que el juez Guzmán había iniciado su proceso de desafuero, por considerar que existían suficientes pruebas en su contra para investigar su presunta responsabilidad en el secuestro de 18 personas, durante el viaje aéreo que realizó una comitiva militar por el norte del país, dejando a su paso una estela de crímenes, operación conocida como Caravana de la Muerte.
    El 3 de mayo de 1999 el pleno de la Corte de Apelaciones decidió proceder con su desafuero, por 13 votos contra 9, por lo que la defensa de Pinochet apeló ante la Corte Suprema, la que dictaminó por 14 votos contra 6 que el Senador vitalicio había perdido su desafuero. La defensa de Pinochet intentó que se sobreseyera al general por razones médicas, de la misma forma que en el extranjero. Se decidió realizarle exámenes de salud, que revelaron que sufría de demencia vascular subcortical, siendo sobreseído en julio de 2002.
    Después del veredicto, el ex dictador renunció a su sillón senatorial, y se retiró a la vida privada, no volviendo a realizar apariciones públicas. Dos años después de estos sucesos, el 28 de mayo de 2004, la Corte de Apelaciones revocó el sobreseimiento por demencia, y la Corte Suprema confirmó este fallo por 9 votos contra 8 el 26 de agosto, dejándolo en posición de ser juzgado por su eventual participación en la Operación Cóndor.
    Con todo, el 6 de julio de 2005 la Corte de Santiago abrió la puerta a una nueva fuente de conflictos legales, al desaforarlo para posibilitar el juzgamiento de su responsabilidad en el caso Operación Colombo, por la desaparición de 15 opositores.

    LAS CUENTAS DEL RIGGS
    A estos problemas legales se le agregó el descubrimiento, por parte del Senado de los EE.UU, de cuentas secretas que Pinochet tuvo durante el proceso en Londres en el Banco Riggs, lo que vino a poner en tela de juicio el origen de su fortuna, ya que el Riggs ha sido conocido por verse envuelto en problemas por lavado de dinero. Por estos motivos el Consejo de Defensa del Estado presentó una querella criminal en contra del dictador, por evasión tributaria. Investigaciones posteriores indicaron que el origen de esos dineros eran coimas recibidas desde traficantes por compras y ventas de armas en el conflicto Irán-Irak.
    A principios de 2006, esta investigación llevó a que se procesara como cómplices de delitos tributarios a su hijo, Marco Antonio Pinochet, y a Lucía Hiriart lo que llevó a que su descendiente fuera sometido a prisión preventiva, en tanto que su esposa tuvo que ser internada en el Hospital Militar.

    APTO PARA SER JUZGADO
    Tras la retirada de la inmunidad, para establecer la responsabilidad de Pinochet en la matanza de opositores izquierdistas en la Operación Colombo, el juez Montiglio ordenó una serie de exámenes psicológicos, neurológicos y psiquiátricos.
    Según las conclusiones de 6 peritos del Servicio Médico Legal que se encargaron de los exámenes, Pinochet estaría en condiciones psiquiátricas de afrontar un juicio. Según Hernán Quezada, abogado querellante, “hubo de parte de Pinochet una sobresimulación para tratar de hacer parecer más grave los síntomas de la enfermedad que él padece”.
    El 23 de noviembre de 2005 fue ordenado el procesamiento de Pinochet por enriquecimiento ilícito y falsificación de documentos. La cifra ocultada al Fisco podría ascender a los US$25 millones, en su mayoría procedentes del cobro de comisiones sobre las compras de armas realizadas en su dictadura. Al día siguiente, el ministro Montiglio dictó el procesamiento de Pinochet por tres delitos de secuestro calificado, en el marco de la Operación Colombo.
    El 20 de enero de 2006 la Corte de Apelaciones de Santiago lo desaforó por 13 votos contra 5. Este desafuero es el cuarto que se dicta contra él, pero el primero que recibe por torturas a las víctimas de la dictadura.

    SU MUERTE
    El 3 de diciembre de 2006 fue internado en el Hospital Militar de Santiago, después de sufrir un infarto al miocardio y presentar un edema pulmonar que obligó a someterlo a una angioplastía, presentando una mejoría con el correr de los días. Una semana después, el 10 de diciembre de 2006, se informó de una posible alta médica, incluso recibió la que sería su última visita política, la del senador Iván Moreira; pero como a las 13:30 horas sufrió una repentina descompensación cardiaca que agravó su estado, haciendo imposible al equipo médico su estabilización, falleciendo a las 14:15 hora local.
    Con el correr de las horas y ya conocida la noticia en todo el país, se evidenció elocuentemente el grado de polarización. Hasta el lugar llegaron personeros políticos de derecha, ex colaboradores y autoridades militares, además de partidarios del fallecido, quienes se apostaron en calles aledañas al hospital. Al mismo tiempo, una manifestación espontánea de detractores reunió a varios miles de personas en Plaza Baquedano, quienes celebraban la muerte de Pinochet.
    La presidenta, Michelle Bachelet, negó dar Funerales de Estado y honores fúnebres como ex presidente de la República, autorizando sólo honores como ex Comandante en Jefe del ejército y bandera a media asta en instituciones militares. En declaraciones efectuadas durante la campaña presidencial del año 2005 ella ya había señalado que le “chocaría profundamente tener que realizar dichos honores en eventual caso”.
    El 12 de diciembre de 2006 fue despedido con la participación de alrededor de 50 mil personas. Durante la ceremonia, el nieto del asesinado general Carlos Prats, Francisco Cuadrado Prats, justificó el acto de repudio que protagonizó ante el cadáver del dictador, a cuyo ataúd lanzó un escupitajo, señalando que era “una cuenta pendiente muy personal”. “Lo escupí como un acto de desprecio, porque asesinó a mis abuelos y porque me chocó ver los honores recargados que recibió del Ejército”, dijo Francisco Cuadrado Prats. Acto seguido el nieto del dictador, Augusto Pinochet Molina, oficial activo del Ejército con rango de Capitán, realizó un polémico discurso que fue calificado “de naturaleza política”. Tras las declaraciones, el Gobierno manifestó su repudio a la intervención no autorizada en un recinto estatal y en uniforme militar, razones por las cuales fue dado de baja.
    Por otro lado, Bachelet, que fue torturada durante la dictadura, rompería al día siguiente el silencio que venía manteniendo en torno a la muerte de Augusto Pinochet para afirmar que éste era “un referente de división, odio y violencia”.
    Al momento de fallecer el dictador contaba con más de 400 querellas interpuestas, la mayoría por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y estaba en curso una orden de detención.

    Mauricio San Cristóbal

    Suscríbete a nuestros boletines informativos y recibe diariamente la información más importante publicada en elciudadano.com

    * indicates required

    A qué ediciones te quieres suscribir?


    •  
    •  
    •  
    Loading...