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    Este artículo lo escribo faltando pocos días para que se dé inicio a la parada militar del 2008, y desde ya percibo las páginas de los matutinos del día 20 con anuncios del mismo tenor del título de este texto.

    El desfile va a congregar a instituciones que no sólo son del ejército, sino también de la marina, aviación y carabineros. Se trata obviamente de una manifestación de mucha hidalguía, de características brillantes y en las cuales tanto hombres como mujeres exhiben sus mejores trajes y que forma parte de la tradición nacional, que no requiere permiso de la Intendencia y se realiza en este caso con la venia de la Presidenta de la República.

    El locutor oficial hace referencia a los próceres de la patria y en la medida que van pasando las distintas ramas de las fuerzas armadas se va haciendo una reseña de su fundación, se habla de quien esta cargo en la actualidad, etc. En medio del cielo se ven pasar los aviones lanzando humos tricolores.

    En la tribuna, todos muy contentos y entre los invitados figura el gabinete en pleno, los subsecretarios, parlamentarios, cuerpo diplomático, etc. Hay risas más distendidas ya que para muchos no es primera vez que asisten a una parada militar e incluso hay bromas al momento del tradicional cacho de chicha. Hay un clima de armonía perfecto entre todos los miembros de los poderes del Estado. Los integrantes más nuevos del gabinete y que no estaban el año 2007 se adaptan perfectamente a la ceremonia, ya que les agrada esto de ver tanto orden en un desfile.

    Sin embargo, el que está a cargo de leer el libreto especialmente preparado para la ocasión, omite algunos pasajes de la historia y que también tienen que ver con las fuerzas armadas, que muchos de los invitados no tendrían que hacer un esfuerzo para recordar y que en “exclusiva” se dan a conocer aquí como sello final de tan importantes celebraciones:

    1907: en la gesta heroica de nuestros soldados se conmemoró el año pasado los 100 años de la matanza ocurrida en la Escuela Santa María de Iquique

    Los obreros de las oficinas salitreras de la región norte de Tarapacá pararon todas sus actividades en las faenas, tras el deseo de conseguir mejoras en sus condiciones de vida y laborales, que eran deplorables. Entre sus peticiones estaba la eliminación del pago con fichas, jornales a tipo de cambio fijo, balanzas para los pesos y medidas para las pulperías, escuelas para los obreros, indemnización y desahucio, entre otras peticiones.
    El 10 de diciembre de 1907 los huelguistas paralizan las actividades de la salitrera “San Lorenzo” y se ampliaba a otras de “Alto San Antonio” iniciando la “Huelga de los 18 peniques”. Este nombre se debe a que los jornaleros pedían el pago de salarios a este tipo de cambio.

    A este movimiento se sumaron otras oficinas salitreras, entrando en huelga también casi todo el comercio e industria del norte del país.

    Más trabajadores en paro viajaron a la ciudad de Iquique, llegando el 16 de diciembre. Seis mil de los huelguistas acamparon en la escuela Santa María. A medida que avanzaba la huelga, más y más pamperos se unían a ella, llegándose a estimar que para el 21 de diciembre eran cerca de 10.000 (algunos incluso estiman 14.000). A los pocos días de haber llegado, este gran conglomerado de trabajadores estaba reunido en la plaza Manuel Montt y en el establecimiento de la Escuela Santa María, pidiendo al gobierno que actuara de mediador con los patrones de las firmas salitreras extranjeras (ingleses) para solucionar sus demandas. Lamentablemente los patrones se negaban a negociar debido a que los obreros aun no reanudaban sus actividades.

    Luego llegan órdenes de Santiago para que los manifestantes abandonaran la ciudad y regresaran a las salitreras. Los manifestantes se rehusaron, pues intuían que si regresaban a sus labores, sus peticiones serían ignoradas. El 21 de diciembre, el general Roberto Silva Renard, máxima autoridad militar de Tarapacá, actuó sobre la escuela Santa María con soldados del regimiento O’Higgins y el apoyo de las ametralladoras del crucero Esmeralda.

    Frente a la creciente tensión que había ya entre los grupos, el 20 de diciembre de 1907 los dirigentes efectuaron una reunión con el intendente Carlos Eastman Quiroga. Mientras la reunión se efectuaba en la oficina salitrera Buenaventura, un grupo de obreros con sus familias trataron de abandonar el lugar y fueron acribillados en la línea férrea. Como resultado de esta acción 6 obreros murieron y los demás terminaron heridos.

    El 21 de diciembre de 1907 se efectuaron los funerales de los obreros, e inmediatamente despues de concluir las ceremonias se les ordenó a todos los trabajadores que abandonaran las dependencias de la escuela y sus alrededores y se trasladaran a las casuchas del Club Hípico (Hipódromo). Los obreros se negaron a ir, temiendo ser cañoneados por los barcos que apuntaban el camino que deberían recorrer hacia el Club Hípico.

    Así pasaron varios días de negociaciones sin ningún resultado, ya que los dueños de las salitreras decían que solo negociarían cuando estos volvieran a sus labores. Por otro lado los trabajadores decían que si aceptaban este trato, sus peticiones serian ignoradas y sus condiciones de vida serian las mismas.

    Tras la negativa, las autoridades declararon el Estado de Sitio y las libertades constitucionales fueron suspendidas gracias a un decreto del intendente que se hizo publicar en la prensa escrita.

    El General Roberto Silva Renard junto al Coronel Ledesma tenían la misión de desalojar a los trabajadores en huelga. Se señaló a los dirigentes del comité de trabajadores que si no salían del edificio abrirían fuego contra ellos. Ante la negativa de éstos, el jefe militar ordenó a los soldados disparar. La multitud, desesperada y buscando escapar, se arrojó sobre la tropa y ésta repitió el fuego al que se le añadió el de las metralletas. Producto de esta acción murieron 195 personas y quedaron 390 heridos, según datos de Nicolás Palacios, testigo de la matanza. Otras fuentes contabilizan 3600 muertes.

    Los sobrevivientes de la matanza posteriormente fueron llevados literalmente a sablazos hasta el local del Club Hípico, y desde allí a la pampa (zona desértica del norte de Chile, comprendida entre las regiones de Tarapacá y Antofagasta), donde se les impuso un régimen de terror.

    1969: Roberto Viaux Marambio el 21 de octubre de 1969 encabezó el “Tacnazo”, sublevación militar donde militares y tanques del regimiento Tacna salieron a la calle debido a la queja del Ejército por los salarios de los uniformados.

    Con el conocido autoacuartelamiento del año 69, Viaux exigió la renuncia del ministro de Defensa y del Comandante en Jefe. El gobierno respondió clausurando la legislatura extraordinaria y decretando el Estado de Sitio. Políticos, dirigentes sindicales, universitarios, profesionales y empresarios acudieron a La Moneda a expresar su solidaridad y apoyo al Presidente.
    Tras las negociaciones, Viaux entregó el control del regimiento al general Alfredo Mahn. Luego de este episodio el ministro de Defensa de la época, Tulio Marambio y el entonces Comandante en Jefe, Sergio Castillo, renunciaron. La Comandancia en Jefe fue asumida por el general René Scheneider.

    1970: Es elegido el día 4 de Septiembre como Presidente de la República el ciudadano chileno Salvador Allende Gossens, dado que sólo contaba con la mayoría relativa, constitucionalmente debía reunirse el Congreso Pleno para ratificar su elección, y en esas condiciones llega al poder el día 3 de noviembre. Como una acción desesperada por parte del gobierno norteamericano para impedir que Salvador Allende asumiera el poder, se utilizó la valija diplomática para introducir las armas que se emplearon en el asesinato del comandante en jefe, René Scheneider, que respaldaba la investidura de Allende. y el carácter no intervencionista del Ejército. Una operación que se hizo a través del agregado militar. El General Scheneider muere el 22 de octubre de 1970. Se contó con el apoyo material de un comando de ultraderecha.

    1973: El Tanquetazo o El Tancazo, fue un fallido golpe de estado en contra del gobierno socialista de la Unidad Popular del presidente Salvador Allende, en Chile. Ocurrió el dia 29 de junio de 1973.
    Se le denominó Tanquetazo porque los rebeldes usaron primordialmente tanques y carros de combate pesados. La sublevación fue sofocada con éxito por los soldados leales al general constitucionalista y Comandante en Jefe del Ejército Carlos Prats.

    Una parte importante del alto mando de las Fuerzas Armadas chilenas había perdido todo el respeto por el gobierno de la Unidad Popular del Presidente Salvador Allende. Estos oficiales habían descubierto ya, durante el Tacnazo en 1969, que ejerciendo presión como grupo, podrían alcanzar vastos cambios dentro del Ejército, tales como cambios de mando y un aumento en el presupuesto de las fuerzas armadas. Consecuentemente, comenzaron a planificar un golpe de estado contra el gobierno.

    Una semana antes de la tentativa, la conspiración fue descubierta por la Guarnición de Ejército de Santiago. El comandante de la guarnición, General Mario Sepúlveda Squella, informó a sus superiores inmediatos en el ejército, y también informó a José Tohá, Ministro de Defensa. Se arrestaron a nueve personas implicadas en la conspiración inmediatamente, y el ministro Tohá decidió hacer pública esta información en la tarde del 28 de junio.

    La mañana del 29 de junio de 1973, el Teniente Coronel Roberto Souper, que acababa de saber que lo relevarían de su mando por ser parte en la conspiración, sale del “Regimiento Blindado Nº2” en una columna de dieciséis vehículos armados, incluyendo tanques, y más de ochenta soldados. La columna avanzo rápidamente por la avenida Santa Rosa, con dirección a Santiago centro y cercó el Palacio presidencial de La Moneda, y el edificio del Ministerio de Defensa, apenas separados por la Plaza Bulnes. A las 8:58, los tanques abrieron fuego contra estos edificios.

    En el ministerio, un tanque ingresó a la entrada principal y con sus armas comenzó un ataque intenso contra las oficinas. El Sargento Rafael Veillena, de la segunda división de ejército, fue asesinado cuando miraba hacia afuera en su ventana del noveno piso. La ráfaga de las ametralladoras y de los tanques aterró a los trabajadores y los empleados en el área, que a esa hora hacían sus trabajos. Una de estas balas mató a una mujer que trabajaba en el Banco del Estado de Chile cerca del ministerio. En la calle Agustinas, el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen filmó su propia muerte, a manos de un grupo de soldados golpistas.

    Souper se entregó en la tarde de ese día, después que unidades del regimiento “Tacna” habían cercado el batallón en donde se refugió. Otros oficiales militares implicados eran René López, Edwin Ditmer, Antonio Bustamante, Mario Garay, Carlos Martínez, Raúl Jofre, y José Gasset. Pronto fue descubierto que los instigadores principales del golpe era el grupo de extrema derecha Patria y Libertad. Pablo Rodríguez Grez, Juan Schaeffer, Benjamín Matte, Manuel Fuentes, y Juan Hurtado quienes buscaron el asilo en la embajada de Ecuador. Desde allí ellos emitieron un comunicado en donde reconocían que habían promovido el golpe.

    1973: nuevamente intervienen las Fuerzas Armadas y esta vez fue el 11 de septiembre, fecha en que se produce el Golpe de Estado. De inmediato se inicia una serie de crímenes, se pone  término a la Constitución por la cual se justificaba el derrocamiento de Allende en el sentido que declaraban que era un gobierno inconstitucional, hacen un gran despliegue de recursos materiales (armamentos, tanques, barcos, aviones, etc.) para aferrarse al poder y destruir todas las instituciones democráticas. Para llegar a esto actúan de manera mancomunada con la derecha y con el apoyo explícito de los Estados Unidos.

    Destruyen el palacio de La Moneda con material de la Fuerza Aérea, crean un clima de temor, coartan el pensamiento y establecen una estructura para el país que en la mayoría de los aspectos perduran hasta hoy.

    Entre otras cosas establecen que el 10% de lo que se recaude por la venta del cobre, ingresa al presupuesto de las Fuerzas Armadas, cuentan con condiciones de privilegio en materias de salud y previsión. Si bien es cierto en el tema del 10% se ha manisfestado intenciones de modificarlo en el actual gobierno, a la fecha permanece intacto.

    Años siguientes: en los años siguientes a 1973 y hasta ahora, es decir, transcurridos 35 años, aparte de la intervención política y fríamente planeada por parte de las Fuerzas Armadas, no ha habido ningún conflicto armado de carácter internacional en que nuestro país hubiese estado involucrado.
    No hay ningún indicio que señale que no continúen teniendo una tendencia de apoyo hacia la derecha y más aún son representantes de una institución cuyo eje central de formación es la violencia y por tanto el perfil de sus integrantes va en esa dirección.

    En cada parada militar se destaca la preparación de sus integrantes y como se ha modernizado su material y no sólo eso sino que también las infraestructuras de que disponen (nuevos hospitales institucionales de altos avances).

    El año 2007 se lamentaba la muerte de un carabinero en hechos acontecidos el 11 de septiembre que por cierto fue condenable, pero ello obedece a la situación social que existe en el país. Puede ser problemas económicos, drogadicción, narcotráfico, y por sobre todo un problema educacional que ha postergado por años la entrega de “igualdad de oportunidades”, de “equidad”, “calidad de la educación” y ello tanto por cuestiones de voluntad de quienes nos gobiernan como por la disponibilidad de recursos. La reacción más inmediata de las autoridades para prevenir los desmanes es cerrar las calles y hablar acerca de la dureza de la mano “mano blanda ó mano dura”, pero no exteriorizan lo que verdaderamente entienden por igualdad de oportunidades, equidad, etc. y pasan a ser sólo términos de buena crianza. Al seguir inmersos en este mismo estado de cosas, continuaremos teniendo septiembres marcados por las mismas características, es fundamental darse cuenta que Chile no es un sólo “un país real” sino que son diferentes realidades diametralmente opuestas. Durante la semana pasada escuchaba en una radio que en el 11 de septiembre carabinero estrenaba un nuevo método disuasivo que afecta la parte auditiva, sería muy interesante que con ocasión de la parada militar hicieran una demostración sólo por 1 minuto.
    La parada militar no es ni más ni menos, que una muestra de recursos que no son invertidos en educación (no la educación para la violencia), ni en salud (no la salud para los militares).

    Por último, sería muy interesante que las autoridades de Educación visiten en el marco de estas celebraciones las Escuelas Matrices formadoras de la oficialidad, para que puedan percibir en terreno la importancia de una Educación bajo una infraestructura de primer nivel y que ello se replique en las instalaciones de los establecimientos destinados a la formación de los civiles.

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