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    El año pasado se popularizó la noción ‘fake news’, intentando inteligibilizar cuando se inventan hechos o se tergiversa la información. Los grandes medios se apresuraron en distinguirse como los guardianes de la verdad, en sostener que sus técnicas y procesos periodísticos son lo suficientemente profesionales para mostrarnos las cosas ‘tal cual son’, en ‘forma objetiva’, dicen.

    La noche de este viernes nos fuimos a dormir con las noticias del ataque de Estados Unidos, Francia e Inglaterra contra Siria. La excusa dada por el señor Trump es un supuesto ataque con armas químicas en Douma, que habría ocurrido la semana pasada. La ciudad era el último bastión rebelde y está dominado por los combatientes del grupo Yaish al Islam. Las fuentes son las mismas de siempre: el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) y los Cascos Blancos, que publican un video en YouTube con personas que muestran quemaduras en la córnea y espuma en la boca. Todo sugiere el ataque de una sustancia neurotóxica, como el gas sarín.

    Similar excusa de un ‘ataque con armas químicas’ fue dado en Guta en agosto de 2013 y difundido por los Cascos Blancos y los grupos armados que combaten la dictadura de Bashar al Assad. ¿Quiénes contaron los muertos? El Servicio de Inteligencia de Francia (¿qué tenía que hacer allí?, me pregunto) dijo esa vez que eran 281 y el Ejército Libre Sirio subió la cifra a 1.729 personas. Ni los medios ni Wikipedia dan versión a las fuentes del gobierno sirio y sus argumentos. Solo dicen que Al Assad niega la atribución.

    Otro ataque con ‘armas químicas’ ocurrió en Jan Sheijun, provincia siria de Idlib, en abril de 2017, donde se acusa un lanzamiento de gas sarín que habría dejado un saldo de alrededor de 70 personas muertas y más de 400 heridas. El ataque suspendió un acuerdo de paz logrado en ese momento. Nuevamente las fuentes que hacen la contabilidad para la gran cadena de medios es Estados Unidos y los grupos armados opositores al gobierno sirio. Juntos señalan con el dedo a las Fuerzas Armadas Sirias. Las imágenes de cadáveres de niños escandalizan al mundo. Todo fue grabado por los Cascos Blancos en la ciudad bajo dominio del grupo terrorista Tahrir Al-Sham.

    Dicho ‘ataque químico’ fue la excusa para que Estados Unidos bombardeara posteriormente la base aérea de Shayrat. Extrañamente, tras la acción militar, fuerzas de Estado Islámico atacaron la base (es decir, estaban informadas). Dicho bombardeo debilitó la capacidad del ejército sirio para combatir a ISIS.

    “Estados Unidos ataca una base aérea siria con 59 misiles en respuesta ‘al terrible ataque con armas químicas’ del que se acusa a Bashar al Assad”, tituló la cadena británica BBC.

    Los medios occidentales utilizan siempre como fuente al OSDH, con sede en Inglaterra. También a los Cascos Blancos, quienes siempre aparecen con fotos y registros de personas heridas tras los ataques y acusan inmediatamente al gobierno de Al Assad.

    La pregunta que cabe es: ¿qué objetivos tendría el gobierno de Al Assad, cuando ya iba ganando el conflicto, al utilizar armas químicas?

    El nivel de tergiversación y manipulación de datos de la prensa occidental es escandaloso. No se trata en lo absoluto de apoyar la dictadura de Al Assad, sino de dejar de lado la ingenuidad y entender qué colonialismos hay en juego después que los mismos aviones franceses e ingleses han intervenido en Irak y Libia en nombre de la ‘democracia’ y los ‘derechos humanos’. La intervención de los países occidentales ha sido desastrosa para ambas naciones. Recordemos que en Irak la excusa era la presencia de ‘armas de destrucción masiva’.

    ¿Han notado que el guión siempre es el mismo?

    Los grandes medios que dominan la audiencia están utilizando los mismos mecanismos del nazismo cuando Alemania agredió a Polonia y la URSS, dando inicio a una guerra que costó 36 millones de vidas. En esa época la propaganda nazi vestía a presos comunes con uniformes enemigos y se inventaba una emboscada para justificar la guerra. En el siglo XXI el cuento se construye con ataques con armas químicas. Es el mismo guión.

    Aterra ver tanta mentira suelta en una época en que se debiera tener más respeto por los lectores. Es difícil también hacer frente a tanta tergiversación.

    Defrauda ver a tanto periodista que se presta como correa de transmisión de tanta farsa. Los grandes dueños mediáticos, propietarios de la televisión, las radios y los diarios, ya utilizaron la excusa de las “fake news” para asfixiar el poco oxígeno que daba Internet el año pasado, y junto a Google y Facebook amordazaron a la prensa independiente. Hoy los portavoces del discurso único se erigen como los guardianes de la verdad.

    Por Mauricio Becerra, periodista

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