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    A seis meses de asumido el cargo, la primera mujer presidente de Chile tiene más dolores de cabeza de los que imaginó jamás. Pasó de ser la niña mimada del pueblo, el símbolo de la reconciliación, a esas tías que en las reuniones nunca dan una.


    bachelet
    Todavía tengo pegados en mi retina dos hechos históricos de la política chilena que ocurrieron a principios de este año. El primero, 15 de enero a eso de las ocho de la tarde, cuando más del 90% de los votos escrutados daban la victoria a Michelle Bachelet, transformándose así en la primera presidente electa de nuestro país. Todavía no salía de mi sorpresa cuando el 11 de Marzo vi, con lágrimas en los ojos, cómo la banda tricolor adornaba el traje blanco de la ex Ministra de Defensa.
    Ese día salí a la calle y, por primera vez, sentí que todo Santiago se unía a la fiesta. Se olía el cambio en el aire, se venía la famosa paridad de géneros. Caminé con el pecho hinchado de orgullo hasta la plaza de la ciudadanía. Orgullo de ser mujer, orgullo de ser chilena y de pertenecer a la historia. Y como buena ciudadana, la celebración duró hasta el domingo.
    Pero hasta ahí nomás nos llegó la fiesta. El primer lunes de Bachelet en la Moneda, los líderes opositores se autoproclamaban fiscalizadores del nuevo gobierno, amenazando una férrea lucha contra las posibles torpezas. Se notó de inmediato un clima de inseguridad, como si el pueblo hubiese despertado con la resaca y se preguntara qué mierda hizo al elegir a una mujer para conducir Chile. Se sintió la falta de papá Lagos y la seguridad que nos daban su dedo acusador y el tono fuerte de su voz. Pero el error ya estaba hecho y ahora quedaba apretar los dientes y aguantar el golpe.

    LA MARCHA DE LOS PINGÜINOS
    La primera prueba del nuevo gobierno llegaría casi de inmediato. Como todos los años los estudiantes -secundarios y universitarios- salieron a las calles para exigir mejores condiciones. Que el pase, que el crédito, que las becas. Hasta ahí todo normal. Y de repente todo estalló en la cara de Martín Zilic, el flamante Ministro de Educación, quien reprobó el examen de entrada. Resultó que la educación tenía problemas mucho más profundos y la olla simplemente no aguantó más presión.
    La LOCE, Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, creada durante la dictadura, es el principal tope para lograr una verdadera modernización del sistema educativo. Profesores y alumnos lo vienen gritando hace más de una década, pero hasta ahora nadie los escuchaba. A eso hay que sumar las deficiencias estructurales de los establecimientos educacionales del sistema público, la falta de espacio versus jornada completa, docentes mal pagados y alumnos mal alimentados.
    Los pingüinos dale que dale alegando y la Presidenta dale que dale inaugurando jardines infantiles y salas cunas. Todo bien con el tema de igualdad de condiciones para los más chiquititos, pero ¿qué hacemos con los miles de secundarios, esos que en cuatro años más van a convertirse en los nuevos líderes? Eso, sin pensar en el tema político, porque un adolescente de 14 años el 2010 tendrá derecho a voto. Parece que la Concertación se olvidó que si enojas y reprimes a un chico de esta edad, ellos son capaces de quitarte el poder. Si no, pregúntenle al señor Pinochet y los resultados de las protestas y disturbios que estudiantes secundarios protagonizaron durante los 80’.
    En este punto nuestra presidenta tuvo la oportunidad de demostrar que ella era la opción correcta. Pero calló, dejándole todo el peso de las negociaciones a su ministro. Y el señor Zilic no hizo nada. ¿Dónde estaba ese gobierno popular, que tanto pregonaron en la campaña? Quizás creyeron que, si los ignoraban, los escolares se cansarían de gritar, perderían el interés y volverían a sus casas a jugar playstation. Pero los pingüinos marcharon, se organizaron y un buen día se tomaron sus colegios. El gobierno respondió con sus famosas 36 medidas. Nadie les compró. El Ministro una vez más falló. Tres semanas después las tomas están a lo largo de todo el país, los pacos se arrancan con los tarros y todos vemos por televisión una violencia que creíamos erradicada junto con la dictadura. Ruedan cabezas. Y la tía presidenta reta a su gabinete por cadena nacional. Al final, desesperados, se les promete el oro y el moro a los estudiantes y todo queda en nada.

    KIRCHNER Y EL GAS
    Mientras los secundarios daban clases de organización y democracia, otro temita estalló en las narices de Bachelet y compañía. El Presidente boliviano, Evo Morales, vino al cambio de mando. Lo atendimos como rey, se autorizó un acto en su honor donde muchos compatriotas apostábamos por el mar para Bolivia, se saltó todos los reglamentos protocolares y aún así no soltó ni un poquito de gas. Total, lo comido y lo bailado no se lo quita nadie.
    El gobierno nos dejó tranquilos. No importaba si Bolivia insiste en no vendernos gas, para eso teníamos el acuerdo comercial con Argentina. El suministro del preciado combustible estaría absolutamente asegurado. Pero los rumores corren rápido, los argentinos pretendían subirnos el precio en un 100%, además de bajar los metros cúbicos. Por un lado el diario Clarín de Argentina tiraba la noticia bomba y por otro la Ministra de Minería y Energía, Karen Poniachik, volvía de su visita al país trasandino con las mejores de las sonrisas. Todo bien, el precio no subiría más del 50% y, tanto las empresas suministradoras como el Estado trabajarían para que el aumento del gas no se reflejara en los usuarios.
    Una vez más las chicas superpoderosas se habían equivocado. Los argentinos ganaron la partida de pocker y no solo subieron el precio mucho más de lo que se había acordado, sino que se dieron el lujo de disminuir la cantidad. Mientras nuestros vecinos disfrutan del calorcito natural nosotros racionamos, las industrias se quedan sin combustión para funcionar y los automovilistas que tuvieron la genial idea de convertir sus motores, hacen colas interminables. ¿Qué salio mal?.
    La oposición culpa directamente a Bachelet y su gabinete, los machistas dicen que las mujeres son incapaces de negociar y la Concertación dispara para todos lados. Después de muchas idas y vueltas, negociaciones que no llegan a ningún lado, el Gobierno manda una carta de protesta directamente al presidente argentino. Kirchner se enoja y decide subir la gasolina a todos los vehículos con patente chilena. El caso sigue sin resolverse.

    LAS MUJERES ARRIBA
    ¿Es mera coincidencia la cantidad de problemas que le han tocado en poco tiempo a Michelle Bachelet?. Mucho se habla que quizás el país no estaba preparado para tener un presidente mujer o que la hija del General no era la adecuada para asumir el cargo. Las noticias todos los días nos muestran las fallas, las promesas incumplidas, los paros y protestas.
    Lo que hemos olvidado es que Michelle Bachelet lleva sólo seis meses gobernando y que la gran mayoría de los conflictos son heredados de los gobiernos pasados. Algunos se arrastran incluso desde la dictadura. Para nadie es novedad que las casas sociales, y todo el sistema de subsidio habitacional tiene enormes fallas. Pero esas poblaciones no se construyeron ahora, fueron levantadas hace diez, cinco o un año atrás. El escándalo de las casetas que se entregaron como viviendas, si bien se terminaron durante el actual gobierno, fueron licitadas durante la estadía de Ricardo Lagos.
    En estricto rigor, la señora Bachelet no es culpable directa de las dificultades que atraviesa el país. Pero sí es responsable de asumir como suyos los fracasos de sus antecesores. Los expertos creen que a la Presidenta le quedan sólo seis meses para demostrar su capacidad y la de su gabinete, para poner orden y restablecer la confianza que se tuvo en ella. Eduardo Engel, economista y diseñador del modelo de conteo paralelo del comando del NO que finalmente sirvió para retornar pacíficamente a la democracia, en entrevista con “The Clinic” sentenció que estos meses serán la prueba de fuego para la nueva administración.
    Según el experto en estadística, los cambios que falta realizar en el país no pueden lograrse en 4 ó 5 años, por muy necesarios que sean. “Hay una frustración muy grande entre quienes reciben sueldos bajísimos, pero hay que tener paciencia” se lee en la entrevista. Y la historia reciente de Chile avala sus palabras en el más doloroso de sus recuerdos.
    La baja en las encuestas son un signo claro de que algo no está funcionando bien. Pero las respuestas no están en las múltiples dificultades que le han tocado a la primera mujer presidente y sus más cercanos colaboradores. Engel, y la gran mayoría de los chilenos, estamos disconformes con la manera en que mediáticamente se han enfrentado estos problemas. Es por eso que, quizás, el tema más urgente a solucionar sea conseguir o mejorar la asesoría de imagen y comunicación. El Ciudadano, humildemente, ofrece sus servicios.

    Valeria Segovia

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