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    El 12 de octubre se cumplen 515 años de la llegada de los europeos a territorios de los pueblos originarios. Mientras algunos Estados –y mucha gente- celebran el genocidio, el pueblo Mapuce revisa su pasado, en un presente en el cual proyectan un futuro con plena autonomía.


    La historia que se enseña en las escuelas sobre la llegada de los españoles al “nuevo mundo” dice que “el navegante Cristóbal Colón, al mando de la “Pinta”, la “Niña” y la “Santa Maria”, después de más de dos meses de penosa travesía el 12 de octubre de 1492 tocó tierra americana, en la isla Guanahaní.” (Libro Estudios Sociales 7 – Editorial Santillana). “Colon descubrió América. Mucha gente vino a América después…”. (Libro Viajeros 2 EGB-Editorial ASÍS).
    Esta versión de la llegada europea es la que la educación estatal, salvo por aquellos docentes que por su propia cuenta hacen lo contrario, se encarga de reproducir fielmente. Pero poco se menciona de la vida de ese “mundo descubierto” antes de la invasión española. Prácticamente no se conoce. Los libros afirman: “…los indios, al ver a los conquistadores con su vestimenta y sus caballos, creyeron que eran los dioses que estaban esperando; por lo que de inmediato les obsequiaron oro y plata”.
    En esta parte del mundo, además de un “encuentro” de culturas, hubo un genocidio. Entre una innumerable lista de líderes de esa carnicería en los años siguientes a Colón, que hoy son halagados con el beneplácito de prócer, se destacan: Pedro de Valdivia, quien en 1530 asesinó a más de 2000 mapuce, incluidos los padres del toki Lefxaru (Lautaro) en lo que hoy es Chile; Hernán Cortés, quien a partir de 1519 destruyó masivamente a los pueblos originarios que vivían en el actual Estado de México; Francisco Pizarro, quien haciendo honor a su nobleza, en 1532, ahorcó al Inca Atahualpa y comenzó la matanza contra los pueblos que se asentaban en el actual Perú.
    Como no podía ser de otra manera, estos asesinos fueron bendecidos por la institución religiosa que se tomó la facultad de repartir el territorio indígena entre los reyes de España y Portugal. La misma institución que hoy, insiste en la integración de las culturas originarias a la dominante europea: la Iglesia Católica.
    Desde la llegada de las tres carabelas, los pueblos originarios de este continente llamado a partir de entonces América, viven en una constante situación de violación a sus derechos. Asesinatos, secuestros, torturas, despojos, engaños, esclavitud, transculturación, pilares en los que se fundamentó el avance de la “civilización”.
    En muchos lugares, el 12 de octubre es símbolo de actos y festejos. Pero en realidad… ¿Hay algo para festejar?
    “El 12 de octubre significo el día en donde la proyección de los pueblos originarios se quebró”, afirma Maria Piciñam, kimeltucefe del Centro de Educación Mapuce “Norgvbamtuleayin”, que hace nueve años propone una educación intercultural en Neuquén. “Desde una mirada general, decimos que el genocidio se inicio hace más de cinco siglos. Porque el intento de exterminio fue para todos los pueblos originarios”. Los registros militares españoles, al momento de llegar a territorio Mapuce, datan de 400 años aproximadamente.
    “Los españoles, al llegar a nuestro Waj Mapu, trajeron sus armas religiosas y sus armas de fuego. No conversaron, directamente mataban…, así contaban mis mayores”, recuerda la Pijañ Kuse Lucia Kañukura.
    Muchos sentimientos se mezclan al entender las dos versiones de la historia. La muerte de los que son parte de la naturaleza, consecuencia directa de la insatisfecha codicia occidental por riquezas.
    Se calcula que en los primeros 150 años de colonia, de los 70 millones de habitantes que tenía el continente, la población se había reducido a la décima parte. Esto significa quinientos mil muertos por año, mil muertos por día durante 150 años. En esos 150 años se enviaron a España, según las cifras oficiales, 185 mil kilos de oro y 17 millones de kilos de plata pura.
    Esencia originaria
    Antes que desembarquen los españoles con sus espadas y epidemias como la viruela o la sífilis –que mataron a miles de indígenas-, se desarrollaban culturalmente diversos pueblos con características particulares. “Es importante sacar del contexto en el que todos ponen a los pueblos originarios como si hubiesen sido la flor color rosa, porque eso no éramos. Pero además, los Mapuce no queremos que se nos enfrasque en ese concepto”, subraya María. “Éramos un pueblo como cualquier otro del mundo, con una propia filosofía de vida, normas, principios y valores. Teníamos cosas buenas y cosas malas. Nos equivocábamos como cualquier otro, y teníamos mucho por crecer. La inmensa diferencia entre el pueblo originario Mapuce y el dominante europeo, es que nosotros no nos creemos dueños de la tierra, porque somos tierra”.
    La esencia del pueblo Mapuce, la cual fue quebrantada por la invasión, se basa en una comunicación inmediata con la naturaleza. Esta ligazón no puede ser entendida de otra manera que viendo a la persona (ce) como parte del Ixofij Mogen. “La persona no es el único que posee el idioma originario, que es el Mapuzugun, porque el Mapuzugun, como su nombre lo indica, es el habla de la tierra. Lo habla cada newen de la naturaleza: las montañas, los ríos, lagos, animales, piedras, y por lógica, el ser humano lo desarrolla porque es un newen más. Cada vida tiene la misma importancia”, recalca Maria Piciñam. Newen Pilquiñan, kona del Lofce Newen Mapu, dice que “cuando el pueblo Mapuce era libre y desarrollaba su propia organización política, social y económica, las autoridades originarias (Logko, Werken, Maci, Pijan Kuse) ejercían sus roles y aplicaban normas y principios, NOR y AZ MOGEN, que orientaban la existencia del Pueblo Mapuce”.
    Desde la filosofía Mapuce, el kimvn no tiene dueños, por lo que tampoco existe un creador supremo del universo. Ese kimvn fue transmitido de generación en generación, lo que permitió que la memoria se mantenga viva y vigente.

    El legado de Colón
    El Waj Mapu se extendía desde las actuales provincias de Buenos Aires, sur de Santa Fé, Mendoza, Córdoba, Río Negro, Neuquén, Chubut y Santa Cruz. (Puel mapu) y desde el Río Bio-Bio, hasta la XI Región, conocida como la Región de la Araucanía (Gulu mapu)
    Una vez constituidos los virreinatos en Latinoamérica, los criollos de cada país comenzaron a planificar la independencia política de la corona española. Lograda esa “emancipación” en la Argentina, el siguiente paso era liberar el terreno de los que ellos llamaban “el mal interno”, es decir, el pueblo Mapuce. La empresa de Colón continuaba, esta vez encabezada por el general Julio Argentino Roca con el nombre “Conquista al desierto” y legalizada por el Congreso.
    “Lo que el wigka se encargó de corromper fue nuestro rakizuam” explica el kona Newen Pilquiñan. “Nos cambiaron nuestro nombre, la religión y hasta la forma de caminar, porque si nuestros abuelos no hacían lo que les decían, los mataban”. Luego de la usurpación final, Roca escribió: “…era el triste destino de una raza vencida. Su suerte no fue diferente a la de otras similares en el resto del mundo, tanto en aquella época, como antes y después. (…) Allí esta ahora a disposición de los argentinos, la bendita tierra argentina desperdiciada por tanto tiempo (…) Tierras libres de indios que podían cercarse a voluntad con ese maravilloso hilo metálico: el alambrado”.
    La Sociedad Rural Argentina pronuncio: “La sociedad rural ayudó con 1500 caballos al ejército con destino a la campaña contra los indios. Siendo un deber de todo ciudadano prestar su auxilio y cooperación a los gobiernos siempre que se ocupen de la seguridad y bienestar de las sociedades que dirigen, la corporación no ha titubeado ni un momento (…)”.
    El pueblo argentino recibió eufórico la llegada de Roca a Buenos Aires con los miles de mapuce prisioneros. “La República no termina en el Río Negro; más allá acampan numerosos enjambres de salvajes que son una amenaza para el porvenir y que es necesario someter a las leyes y usos de la Nación”, declaro Roca siendo ya presidente del país en 1880. Al año siguiente, ordenó la última etapa de la campaña, movilizando a 1700 hombres organizados en tres brigadas, que fueron dirigidas por el Coronel Conrado Villegas. “En el territorio comprendido entre los ríos Neuquén, Limay, Cordillera de los Andes y Lago Nahuel Huapi; no ha quedado un solo indio (…) Al sur del río Limay, queda del salvaje los restos de la tribu del Cacique Sayhueque, huyendo, pobre, miserable y sin prestigio”, informó Villegas el 5 de Mayo de 1883.
    ¿Integración o reconocimiento?
    Muchos historiadores argentinos casi justifican el genocidio de Roca al decir que “es lo que la gente pensaba en esa época”. El rasismo y la intolerancia eran valores de una sociedad argentina que se jactaba de ser la más cristiana. El responsable máximo de miles de muertes, fue electo presidente del país por dos periodos (1880-1886 y 1898-1904). Hoy en cada ciudad de Argentina existe un monumento de este “prócer” y el billete mas importante ($100) tiene de un lado su rostro, y del otro, la terrorífica imagen de la victoria contra el pueblo Mapuce.
    “Hoy no hay reconocimiento por parte de la sociedad, lo que sí hay es tolerancia en diferente escala. Pero creo que son tolerantes por esfuerzo nuestro, porque nunca dejamos de insistir y proponer una nueva relación entre pueblos diferentes. A la sociedad argentina y neuquina, a pesar que ha dado muestra de velar por los derechos humanos, les cuesta mucho aceptar que los pueblos originarios fuimos los primeros que sufrimos la dictadura militar. Con ese gesto, uno se da cuenta que ven solo lo que quiere ver”, dice Maria Piciñam sosteniendo que “si reconocen que la primera dictadura militar la sufrimos nosotros, tienen que reconocer que son parte de aquella sociedad que avalo esa masacre. Se debe entender por qué Julio “asesino” Roca no es el héroe de la Argentina”, y con esperanza afirma que “ese entendimiento es un proceso lento, porque lamentablemente la gran mayoría no quiere”.
    Desde el año 1992, cuando se cumple el 5º centenario de la invasión, el pueblo Mapuce de Neuquén comenzó a proponer un cambio en la sociedad con respecto al reconocimiento y defensa de sus derechos políticos-culturales. Esa propuesta es la interculturalidad, la que se entiende como el desarrollo de dos, o más pueblos que viven en un mismo territorio, basándose en el reconocimiento en formas de vivir y derechos diferentes. No superiores, tampoco inferiores.
    El concepto de interculturalidad atraviesa a toda la estructura en la que se organiza la sociedad, no se reduce solo a la educación, aunque esta sea un pilar fundamental. “Jamás en la escuela me hablaron sobre la otra versión de la historia, siempre me enseñaron que a partir de la llegada de Colon comenzó a existir la vida y el desarrollo. Y me enseñaron que los Mapuce venían de Chile” afirma el kona Ariel Waykiantv.
    La escuela sin dudas, ha sido reproductora del famoso “ser nacional” y creadora de prejuicios hacía los mapuce, utilizando los conceptos como “indio y aborigen” de manera despectiva. “El cambio no se lo podemos pedir a los maestros, a pesar de tener ellos responsabilidad en reproducir la historia oficial, porque el sistema educativo es quien los moldea como agentes monoculturales. De manera que si el sistema no cambia, es muy difícil que un maestro enseñe otra cosa” explica la kimeltucefe Maria.
    Para el joven Waykiantv, de 23 años, reafirmar su identidad “fue un proceso arduo en el que tuve que luchar contra mis propios prejuicios, mas aun cuando mi familia, que por lógica es mapuce, no acompaña. Y saber que mi pueblo no fue salvaje, que la lucha se dio para resguardar nuestra esencia y nuestro gvbam”.
    Para que la interculturalidad sea un hecho, debe ser entendida como derecho de ambos pueblos, mapuce y neuquino. Una sociedad intercultural reconoce la existencia y los conocimientos del otro diferente, tanto en lo rural como en la ciudad. “Y sabemos que tenemos mucho para aportar”, dice la Pijañ Kuse Lucia.
    Cada 12 de octubre se despierta cierto interés en la sociedad por conocer al pueblo Mapuce o como algunos nombran, “los descendientes de aquel pueblo vencido”. Para Maria, del genocidio al pueblo Mapuce, “no vamos a culpar a la sociedad argentina, pero sí la vamos a responsabilizar de intentar olvidarnos”.
    La Nación Mapuce no vive solo cada un año y tampoco toma feriado celebrando las miles de muertes. Esta cultura milenaria lucha a diario por un futuro en el cual, el kimvn circule libremente en un territorio digno, como las nubes danzan arriba. Donde las brisas del viento acaricien las montañas tronadas y donde la voz de la naturaleza sea respetada.
    Se les quita a las madres sus hijos
    En 1880 el diario El Nacional informa: “llegan los indios prisioneros con sus familias, la desesperación, el llanto no cesan. Se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos. A pesar de los gritos, los alaridos y las suplicas, que hincadas y con los brazos al cielo, dirigen las mujeres indias. En aquel barco humano unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo. Las madres indias aprietan contra el seno al hijo de sus entrañas. El padre se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”.

    Por Kvrvf Nawel

    Glosario de términos en Mapuzugun
    El idioma originario mapuce si bien es ancestral, comenzó a escribirse hace sólo unas décadas atrás, como una estrategia más de garantizar la supervivencia de su lenguaje, su memoria y su pasado. La escritura de sus vocablos no está aún determinada taxativamente, y se espera que para el año entrante se publique el Grafemario Ragileo, el cual estipula el sonido del Mapuzugun sin perder su pronunciación original. Debido a que somos conscientes de que la interculturalidad debe ser necesariamente bidireccional (es decir, por parte de mapuce y no mapuce), y que muchos lectores y lectoras de (8300) no son mapuce, transcribimos aquí un breve glosario de términos que pueden ayudar a comenzar a entender el idioma de este pueblo milenario. (La palabra Mapuce sin la “h” no es error de redacción, es tomada del mismo Grafemario)
    Mapu: Tierra
    Ce: Gente-persona
    Zugun: palabra-habla
    Kimeltucefe: Educadora
    Waj Mapu: Territorio mapuce-cosmos
    Puel Mapu: Tierras del Este (Argentina)
    Gulu Mapu: Tierras del Oeste (Chile)
    Pijañ Kuse: Autoridad filosófica
    Ixofij Mogen: Diversidad de vidas
    Mapuzugun: El habla de la Tierra-Idioma Mapuce
    Newen: Fuerza-Vida
    Kona: Joven guerrero
    Lofce: Comunidad
    Logko: Autoridad política
    Werken: Mensajero, vocero
    Maci: Quien conoce las artes curativas.
    Kimvn: Conocimiento
    Wigka o winka: Invasor-ladrón
    Rakizuam: Pensamiento
    Norgvbamtuleayin: entre todos nos educamos.
    Gvbam: consejo
    Piciñam: águila pequeña
    Kañiwkura: sonido de las piedras en el agua.
    Waykiantv: fecha dirigida al sol

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