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    El anuncio de quiebra y luego del cierre definitivo de la textil Bellavista Oveja en Tomé, desató una explosión social que ha sacado a la gente a las calles y que tiene a los trabajadores con la incertidumbre de no saber el destino de su fuente laboral, la que alimenta a cerca de 800 familias. Los gritos contra el gobierno y el empresariado son la melodía predilecta que por estos días suena en la ciudad del Bío Bío.



    Algo especial (o ese qué sé sho’ de los Argentinos) había en el ambiente de Tomé ese jueves 29 de noviembre. Rodeaba las 9 de la mañana y cuchicheos de por aquí y de por allá comenzaban a marcar la pauta del día, en una jornada quizás histórica para la comuna. Los distintos estamentos comerciales, laborales, sociales y culturales decidieron romper su rutina y salir a las calles para levantar pancartas solidarizando con los trabajadores en virtud del tema que por estos días se ha robado la atención en la comuna: la solicitud de quiebra por parte de la Textil Bellavista Oveja y con ello un despido masivo de cerca de 800 trabajadores.
    “Todo Tomé se para mañana, tanto los sistemas de salud, que van a quedar algunos sólo de emergencia, y todo los colegios, y quienes están en los turnos en las fábricas tuvieron la autorización para salir desde las 10 de la mañana”, anticipaba David Landaur, dirigente del sindicato Nº 2 y uno de los organizadores de aquel paro comunal. El resultado de lo anterior lo grafica otro dirigente, el presidente del Sindicato 1 Seathiel Matamala: “Siento que el corazón ya no me cabe en el pecho por ver hoy día el apoyo de la comunidad de Tomé. Desde que empezamos este movimiento, la gente ha sido incondicional y para nosotros es un honor contar con un apoyo incondicional”.

    LA QUIEBRA Y SU COSTO SOCIAL

    Y el tema, considerando que el 7% de la fuerza de trabajo local lo da la industria, es que se ha visto una unión comunal en Tomé. Esto, en todo caso, desencadenado el 19 de noviembre cuando acreedores de la textil decidieron solicitar la quiebra ante la Corte de Apelaciones de Santiago por insolvencia económica. Y es que la firma adeuda una cantidad cercana a los 25 millones de dólares a 259 inversores, cuestión que tiene preocupados no sólo a los dueños sino también a los mismos trabajadores y a todo el contexto socio-económico del sector.
    “Muere esta empresa, y también muere Tomé. En Tomé se mueven mensualmente 300 millones de pesos, y con eso el comercio sin Bellavista ya está teniendo problemas porque estamos sin pago, entonces eso repercute en toda la comunidad”, sostiene Rodolfo Basoalto, primer director del sindicato Nº 1.
    “Hubo personas a nivel regional y nacional que no creyeron en la crisis que les habíamos advertido… Hay una sensación de desaliento, se invirtió mucho tiempo en evitar que esto pasara. Tomé tiene un 13,1% de cesantía, con las cercas de 800 personas que perderían su trabajo la cesantía en la comuna se acercaría al 20%”, agrega el alcalde, Eduardo Aguilera.
    No hay que olvidar que esta textil aporta $ 225 millones mensuales en remuneraciones a la economía nacional. Por lo mismo, es que estaban pidiendo una intervención estatal para ayudar a que la empresa no desaparezca, cosa que finalmente no se pudo impedir. “Pero ojo, nosotros no estamos en este caso por ayudar al empresario, sino por defender la fuente de trabajo”, señala Basoalto.
    En este sentido, según los dirigentes, lo urgente era frenar la quiebra. “Nosotros necesitamos dos respuestas: primero, que si se llega a ejecutar la quiebra, ver qué rol va a jugar el estado. Y como eso no se ha desarrollado, nosotros pretendemos colocarle un freno a la quiebra. Ahora, el rol subsidiario en la que pueda participar el estado, es netamente cuando el tema se haya desarrollado. El tema principal es que ahora el gobierno está participando directamente en las posturas que tiene la empresa con la solicitud que está haciendo y las respuestas que está dando la entidad bancaria. Creo que ahí el Estado tiene que jugar un papel preponderante en eso”, afirma el presidente del Sindicato Nº 2, Mario Sanhueza. En otras palabras, se le estaba pidiendo a BancoEstado que otorgue una especie de crédito especial para intentar subsanar la deuda y así impedir que la textil desaparezca.
    Por lo mismo es que tuvieron que realizar diversas manifestaciones para hacerle saber al gobierno que su intervención era vital para la solución del conflicto: “Antes de que se iniciara todo este movimiento, tanto el gobierno regional como el gobierno central en Santiago, miraban el tema desde afuera. Hubo que hacer manifestaciones fuertes que se dieron para colocar el tema en el gobierno. A raíz de eso, se le tomó la importancia que nosotros esperábamos”, añade Sanhueza. Aunque fue el sector privado finalmente quien anunció el deceso de la textil.

    UNIFICACIÓN TOMECINA

    Bajo esta consigna, es que todos los sectores de la sociedad tomecina encausaron sus labores en solidarizar con esta situación. Fue así como a mitad de noviembre miles de personas acompañaron a los dirigentes en una marcha desde esa ciudad del Bío Bío hacia La Moneda, para hacerle saber a la Presidenta Bachelet lo complejo del tema. Los estudiantes secundarios tampoco estuvieron ausentes, haciendo hace unas semanas atrás potentes manifestaciones, considerando que muchos son hijos de los obreros que quedarían desempleados. “(la protesta de los estudiantes) es digna de alabar, creo que si me tomaron preso y me dieron algunos palos fue por haber sacado un alumno, y es compensatorio saber que hay un grupo de alumnos que está dispuesto a dar la lucha junto al obrero. Esa es la desesperanza que ven, pues sus padres van a quedar sin trabajo, es la desesperanza de sus estudios, de alguna posibilidad de trabajo, es la reacción a una expresión de ver cómo cae una empresa que solventa mediante los padres hacia sus hijos para poder seguir estudiando y poder desarrollarse y proyectarse en la vida”, comenta Sanhueza.
    Y ni hablar del paro comunal del 29 de noviembre, donde se estancaron todos los estamentos tanto públicos como privados, quienes haciendo caravanas, cantando y hasta imitando a la Presidenta, dejaron sus labores y marcharon por la ciudad con banderas negras, pancartas con los “no al cierre”, “no más cesantía”, “Tomé despertó”, entre otras consignas.
    “Realmente todo el pueblo tenía guardado algo que ya lo traía de muchos años. Estuve en una olla común hace 25 años atrás y también tuvimos algo parecido, mucha gente tenía algo dentro de su corazón cuando las empresas comenzaron a sucumbir”, expresa Landaur, quien además es dirigente de la Confederación Textil Nacional.

    HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS

    Aunque como se conoció a última hora (justo antes del cierre de esta edición), las soluciones nunca llegaron. Los 27 millones de dólares que se prometieron por parte del Ministro de Economía, Alejandro Ferreiro, en acuerdo con la empresa y BancoEstado, se durmieron cuando Miguel Otero, ex senador RN y presidente del directorio de Bellavista anunció el cierre definitivo de la textil, motivado por la huida de uno de sus principales clientes, Brooks Brothers, que representaba cerca de un 20% de las ventas de la fábrica y que dijo no más a los tomecitos por la situación financiera en la que se enfrenta la empresa.
    Ante este escenario, los trabajadores se reunieron junto a sus hijos a la entrada de la textil cantando consignas contra la inoperancia del gobierno y del empresariado.
    ¿Qué se espera con esto entonces?, más allá de la tensión cuando la cesantía en la comuna se acerque al 20%, los trabajadores han dicho que no bajarán los brazos y están dispuestos a todo, desde tomarse la textil hasta incluso derramar sangre: “Yo quiero ser muy responsable, y lo quiero volver a decir, como se lo dije a la gerencia, en el caso de que eso ocurriera (la quiebra o cierre que anunciaron ya los directivos de la empresa), no hubiese ninguna respuesta positiva, téngalo por seguro que nosotros, personalmente yo, voy a ser uno de los que va a conversar con mis compañeros trabajadores para la toma de la empresa, y no entregar nada hasta que no haya una respuesta concreta, y no para destruir sino que para cuidar, que no se ingrese a destruir nada y que queden las maquinarias intactas y que se pueda solucionar porque lo que nosotros queremos es una fuente de trabajo. No queremos que venga un síndico y que después venda la empresa por pedazos”, amenaza Sanhueza.
    “Yo quiero a Bellavista, es mi casa, con ella he criado a todos mis cabros, y sin Bellavista yo ya no tengo posibilidades de trabajo, sobre todo por mis 61 años” (…) por lo mismo, si no hay solución, nosotros nos tomamos la empresa para que nadie saque nadie de adentro. La gente está tan decidida, en los primero movimientos desarrollados aquí en Tomé la gente demostró que está dispuesta a todo, incluso a que corra sangre”, puntualiza Basoalto.

    Julio Sánchez

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