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    Un estudio realizado en mujeres concluyó que, en una relación saludable, cuando la interacción física -violencia sexual- forma parte “de la fantasía”, no se considera maltrato, mientras ellas la aprueben.

    Existe una diferencia entre el comportamiento en la cama y fuera de ella, ya que en la intimidad la mujer se permite dejarse llevar por su instinto animal, apartando su raciocinio para desinhibirse.

    Claro está, existen límites y el tema del consentimiento es muy importante. Sin embargo, a algunas personas les cuesta entender este concepto y se dejan llevar demasiado, y a veces terminan con moretones y rasguños.

    En este caso, citaremos las Cincuenta Sombras de Grey, un best seller en el que el protagonista tenía el permiso o consentimiento a regañadientes de su pareja para usar cierto tipo de juegos rudos, que más  adelante su compañera empezó a disfrutar. Al principio experimentar el dolor no era algo que le hiciera gracia, por tanto ¿era maltrato?.

    Ahora, con esta reflexión estaríamos entrando en un jardín complicado, ya que para la opinión de muchos, la relación que mantienen Christian y Anastasia es muy tóxica.

    Basándonos en el punto de vista de que a cada persona le gustan cosas diferentes, es comprensible que existan filias tan curiosas como la de excitarse viendo a gente durmiendo, tener relaciones con personas disfrazadas, entre otras conductas.

    El tema de la de la violencia física se mueve entre el placer y el dolor. Si bien es cierto que hay personas a las que una nalgada, cachetada, tirón de pelo o pellizco -en un momento concreto- puede resultarle el desencadenante de excitación, por otro lado hay personas que opinan lo contrario.

    En este sentido, la clave está en el consentimiento. Por esta razón, la recomendación es pedir permiso, porque en este caso, es mucho mejor que pedir perdón.

    En conclusión, el sadomasoquismo es maltrato cuando no es consensuado y cuando la persona que recibe el dolor no lo disfruta. Mientras el dolor sea aprobado por ambos, puede ser una práctica agradable para ambos, siempre y cuando tenga límites claros de los alcances y limitaciones.

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