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    Rojos, azules, amarillos y sobre todo verdes –el color de la esperanza- son los principales pigmentos que decoran los murales de la Brigada Ramona Parra. Durante el gobierno de Salvador Allende y la dictadura de Pinochet trabajaban al margen de la ley, huyendo de la policía. Tenían que hacer cosas buenas y rápidas.
    A través de una clara alusión a los derechos humanos, represión social, marginación de los pueblos originarios y la disconformidad con el sistema imperante; las brochas de este colectivo han decorado Chile por más de cuarenta años.


    Todo comenzó en el Sexto Congreso de las Juventudes Comunistas de 1968, evento en el cual se llamó a externalizar el mensaje sociocultural a través de esta brigada, cuyo nombre es en homenaje a una joven militante asesinada en la Plaza Bulnes de Santiago en las manifestaciones de abril de 1947, durante el gobierno de Gabriel González Videla.
    Así se comenzó un estilo de muralismo social que pretendía inundar las calles con propaganda y mensajes iconográficos que alcanzó su apogeo durante las elecciones presidenciales de 1969 para apoyar la candidatura de Salvador Allende, representante del Frente de Acción Popular (FRAP).

    Uno de los principales murales que realizaron por esos años fue el que pintaron junto a Roberto Matta en la Piscina Municipal de La Granja en 1971. En extracto de la conversación con Luis Guastavino y Guillermo Torres para la primera edición de la Revista Araucaria de Chile en 1978, Matta cuenta que era una especie de manifestación de solidaridad, de amistad mutua que se formó con la brigada: “Quizás puede ser, que yo les haya dado un poco de humor, y con ese humor, que es la parte suplementaria de la poesía, se despierten para ver ciertas cosas. El trabajo de la brigada era de ese tipo (…) nuestra relación era dirigida a despertar en cada uno de ellos un yo vivo, de hecho, en vez de un yo aprendido y un yo imitador o un yo miedoso, sino representarse en un yo como un aferrar con los ojos muy abiertos todas la relaciones que tienen las cosas y todo lo que está pasando en la selva de la suciedad en que uno vive. Así es como yo hablaba con ellos”.

    Aunque sus comienzos fueron muy rústicos, ya que sólo contaban con materiales básicos como brochas de carpintero, tierra de color y pintura al agua, lograban plasmar el deseo de cambios sociales y la reivindicación de la clase popular.

    Tal como recuerda Juan Tralma, coordinador de la Brigada Ramona Parra, una vez que se organizó el colectivo se realizaban reuniones para coordinar cómo sería el trabajo de ilustración: “No era lo mismo escribir un mensaje para un automovilista, un obrero o un niño… dependiendo del mensaje que se quería transmitir, se acordaba el tipo de diálogo, los colores, texto que acompañaría y el tipo de letra… se buscaban las mejores ubicaciones para realizar el mural… en lo posible las calles más transitadas”.

    De acuerdo a lo que señalan Paloma Abett de la torre y Marcela Acuña en su Tesis de Grado de la Universidad de Chile “El Arte Muralista de la Brigadas Ramona Parra (1967-1973), las consignas de la brigada se organizaban en tres tipos: Murales Nacionales; cuyo mensaje debía ser divulgado por todo el país, ya que hacían mención a algún acontecimiento de incidencia nacional. Murales Internacionales; donde su asidero estaba destinado a hacer patente la realidad mundial y los Murales Locales, que estaban dirigidos a un público local, específico de nuestro país y sus temáticas.

    Además dentro de la misma organización se dividían las funciones, ya que existían los trazadores, quienes planificaban y esbozaban los dibujos en la muralla con lápiz o pintura negra. Los fondeadores que se encargaban del fondo de las ilustraciones de manera que fueran lo más llamativas posible. Y por último estaban los rellenadores, quienes remarcaban con negro los bordes de los dibujos.

    Y PINTAREMOS HASTA EL CIELO…

    Juan Tralma -más conocido como “Chin Chin” dentro de los brigadistas- es uno de los fundadores de esta agrupación. Él junto a cinco amigos que solían apoyar con escritos la candidatura de Allende, acogieron el llamado del Partido Comunista y comenzaron a trabajar colectivamente en graficar el pensamiento político del partido.

    “El movimiento como tal nace luego del triunfo de Salvador Allende. Las calles de Santiago y en gran parte de Chile estaban muy sucias con rayados de todos los candidatos e inclusive con insultos de alto calibre, por lo que a nuestro juicio, era necesario una inyección urgente de color y de esta manera, perpetuar en los muros el sentimiento de alegría”, señala Tralma.

    Es así como se preparó una serie de murales para el cuatro de noviembre de 1970, día en que Allende asumió como Presidente. Tralma añade: “Desde Pudahuel y hasta la Alameda se pintaron banderas flameantes y es aquí donde aparecen los primeros íconos de la BRP, como la mano-paloma y la bandera-paloma para recibir a las delegaciones internaciones que viajaron a la ceremonia de cambio de mando y de esta manera, hicimos que la ciudad tuviera otra cara, una cara de alegría”.
    Otro punto de partida considerado por la BRP como una necesidad de expresar su pensamiento, se produjo en la marcha por Vietnam en 1969 –más conocida como la marcha por las tres “A” (Anticapitalista, Antioligárquica y Antifacista). Aquí más de tres mil jóvenes marcharon desde Valparaíso a Santiago para denunciar los abusos que estaba cometiendo Estados Unidos en el país asiático. De esta manera, los muros, rocas y hasta el camino fueron el tapiz para una serie de consignas que denunciaban la “agresión yankee”

    Poco a poco fueron también despertando la atención de los medios de comunicación. Fue así como el periódico El Siglo publicó el 10 de marzo de 1970, “las Brigadas Ramona Parra han tapizado el país con rayados de la UP. Causaron impacto los letreros pintados en la población José María Caro, en donde se escribió “El Masacrador de la Caro no debe ser presidente”.

    El objetivo se estaba cumpliendo, su mensaje era percibido por la población. Cada vez eran más los interesados en participar en el trabajo de dibujar y pintar. Recibían la ayuda de vecinos, quienes fueron incorporándolos a la identidad de sus barrios y haciéndose partícipes de la mantención y restauración de los murales.

    PUÑO EN ALTO PERO CON RESGUARDO

    A partir de este punto, el PC desplegó por todo Chile el mensaje propagandístico e incentivó a los pobladores, vecinos y jóvenes a participar y a aprender a pintar.

    “Chin Chin” Tralma remarca que una vez fortalecida y articulada la BRP, se plantea que los compañeros brigadistas tenían que estar dispuestos a la entrega total por la causa: “Para los jóvenes comunistas era un estímulo ingresar al colectivo BRP, ya que involucraba estar permanentemente en riesgo de ser detenido, golpeado o simplemente ser descubierto pintando”.

    En la misma línea sostiene que “era un honor formar parte de la brigada, ya que difundir la voz del pueblo y plasmar en los muros la expresión de nuestra rabia, alegría o tristeza era único”.

    Los enfrentamientos con Carabineros no estuvieron ausentes durante el gobierno de Salvador Allende. Como en todo orden público, el rayar o pintar en la vía pública es un delito; por lo que debían arrancar o simplemente –para evitar mayores problemas- aceptaban irse.
    Tralma subraya: “Nosotros nunca fuimos agresivos o reaccionamos con violencia. Por concepto de la brigada, cada vez que la fuerza pública nos enfrentaba debíamos simplemente evitar la confrontación, ya que nuestra postura no era protestar. Existía siempre el temor de ser descubiertos e inclusive estábamos concientes de tener problemas, pero siempre actuamos tranquilamente. Muchas veces estábamos autorizados por los vecinos para pintar sus casas y muros, sin embargo llegaban los carabineros y nos pateaban los tarros o tiraban la pintura a los muros para arruinar el dibujo. Pero a pesar de eso, siempre mantuvimos la calma”.

    De esta forma para evitar ser descubiertos o actuar con mayor cautela los brigadistas se reunían por las noches para coordinarse sobre las próximas obras que llevarían a cabo: lugar, diseño, colores y lo más importante de dónde sacarían el financiamiento de la pintura. “Nosotros no recibíamos platas de nadie. Ni del partido ni de la Jota. A través de nuestros aportes, de la apretura del cinturón de nuestras familias y de gente amiga que quería cooperar. Así obteníamos recursos”, señala Tralma.

    Otro punto que debían discutir era sobre cómo actuarían. Era muy importante que existiera siempre alguien alerta por si aparecían los Carabineros, ya que si eran detenidos quedaban totalmente identificados ante la Policía Política (PP), imperante durante esos años.

    LA EXPRESIÓN DEL LLANTO TRAS EL GOLPE DE ESTADO

    Durante el gobierno de Salvador Allende los mensajes que entregada la brigada fueron tomando un matiz más politizado. La polarización que se instaló durante esos años provocó que se volvieran a sus orígenes, es decir a las consignas. Junto con elaborar los dibujos, éstos estaban acompañados por frases como “No a la Guerra Civil” o a evitar un “Golpe de Estado” y a acabar con la amenaza fascista; agitando aun más los ánimos.

    Tras la irrupción de los militares en La Moneda el 11 de septiembre de 1973, la cultura popular impuesta por la BRP cayó junto al derrocado gobierno.

    No fueron pocos los compañeros, amigos y vecinos que perdieron o desaparecieron en manos del nuevo régimen, pese a ello la ilusión de ser la voz plasmada en las calles no había muerto.
    “Era necesario para nosotros retratar en los muros lo que se estaba viviendo. Una verdadera masacre, represión y por sobre todo, querían hacernos desaparecer. Pero nosotros –siempre resguardándonos de no provocar a la fuerza- realizamos los primeros murales que denunciaban los crímenes que se estaban cometiendo”, señala “Chin Chin”.

    Junto con acallar sus voces, el nuevo régimen destruyó gran parte de la iconografía emblemática de la BRP. Los murales fueron destruidos o pintados de color gris o simplemente, fueron derribados. Esto provocó que durante el resto de la década de los setenta no se pintara en lugares ampliamente concurridos.

    Muchos de los gestores partieron al exilio, desde donde continuaron realizando gráficas que denunciaran la realidad que estaba asolando a Chile. De esta manera se dio a conocer esta experiencia internacionalmente.

    Fue a partir de los años ochenta que las poblaciones emblemáticas de Santiago volvieron a estar tapizadas por los murales. Actuaban en forma clandestina, ya que la fuerza policial disuadía cualquier tipo de manifestación o expresión popular. Aunque con mayor resguardo, los brigadistas buscan retratar los abusos cometidos por el régimen imperante, sin embargo, también son tema de ilustración la cesantía, el hambre, la tortura y represión callejera y por sobre todo, la falta de justicia.

    Villa Francia, la Victoria, la Granja y muchas otras se convierten en voceras de la expresión de la clandestinidad. Los comités brigadistas de cada población entablaron sólidas redes de contacto que buscan imprimir en las calles pequeños atisbos de colores, abriendo así la esperanza de la libertad.

    Ya en camino del Plebiscito de 1988, la BRP toma con fuerza la ilustración de la oposición a la continuidad del gobierno militar. Desde el impuesto silencio aparecen artistas, estudiantes, trabajadores, niños y mujeres que fueron partícipes de la difusión del mensaje. Se formaron nuevas brigadas de muralistas que buscaban propagar con mayor fuerza la expresión popular e incorporar a la comunidad en la ilusión de la victoria.

    Es así como surge en 1989 la Coordinadora Metropolitana de Talleres y Brigadas Muralistas, cuyo fin era la recuperación y organización del espacio público para pintar y por ende, unificar el sentido de los retratos.

    Sin embargo, esta organización no pudo actuar libremente, ya que no siempre contaron con el financiamiento debido y la autorización por parte de las autoridades, quienes no dispusieron los lugares adecuados para estampar los murales. Pocos años más tarde se desarticula provocando que muchas de las brigadas desaparezcan junto a ella.

    Una vez conseguido el triunfo del NO y la posterior elección presidencial de Patricio Aylwin en 1990 muchas brigadas desaparecen, sin embargo, la BRP volvió a tomar un lugar protagónico para manifestarse en contra del nuevo sistema que no incluía al Partido Comunista, como también acogieron la vocería de la relegación de los pueblos mapuches, la destrucción de la naturaleza y los problemas sociales.

    Éste ha sido el pulso que la brigada ha mantenido hasta la actualidad traspasando incluso fronteras, ya que han sido acogidos en gran parte de Sudamérica el estilo de expresión popular que impone la izquierda chilena, llegando incluso a ser reconocido internacionalmente.

    Venezuela, la ex Yugoslavia, Cuba, Inglaterra y Holanda han sido algunos de los países que han invitado a los brigadistas a exponer o a colaborar en murales en importantes centros urbanos.

    Actualmente la BRP se alista para participar en la exposición del Museo de Eindhoven de Holanda, donde expondrán sus más emblemáticos murales y afiches que representan la historia urbana y popular de nuestro país. Como también acudirán próximamente a Iquique a pintar la Escuela de Santa María con ilustraciones y dibujos afines a la cantata que lleva su nombre.

    Claudia Pedreros

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