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    Amanece con frío y desolación. Gran parte de las santamarías de los negocios se quedan abajo y con más candados que de costumbre. La mayoría de las personas que salen regularmente a sus trabajos y a llevar a sus hijos a los centros educativos no están. Es mitad de semana, no domingo, ni 1° de enero, días en que es normal percibir tanta tranquilidad en el centro de la fulgurante avenida Fuerzas Armadas, misma que guarda en su seno a uno de los sistemas de transporte público con mayor peso de la capital venezolana, el Bus Caracas.

    En sus cercanías, por la avenida Panteón, muy cerca de las sedes del Panteón Nacional, la Biblioteca Nacional, la Sociedad Anticancerosa, el Ministerio de Comunicación e Información y frente a una escuela pública donde asisten hijos de policías y de funcionarios del Ministerio para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, se observan restos de vandalismo dejados en el camino y que un grupo de barrenderos del Gobierno del Distrito Capital limpian con ahínco para permitir el libre tránsito.

    En el asfalto hay restros de vidrios de botellas que fueron lanzadas, cauchos incinerados, piedras y hasta un teléfono público de la empresa estatal CANTV que pertenecía a la comunidad y que ahora se había convertido en un escombro más.

    Eran poco más de las siete de la mañana del miércoles 23 de enero de 2019. Los restos regados por las calles eran parte de lo que había ocurrido las dos noches anteriores -21 y 22 de enero- días en que “San José de Cotiza” sonó en todos los diarios y webs de noticias, así como en redes sociales, como un punto donde un grupo de militares intentaron comenzar un golpe de Estado al sublevarse a sus superiores y posteriormente ser detenidos y desarticulados por efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

    Desde ese hecho, grupos minúsculos se han dedicado a mantener parte de la avenida Panteón y de las Fuerzas Armadas en condición de toque de queda a partir de que la noche se apodera del día.

    Los actos vandálicos en esa zona no han pasado a más, debido a la actuación de la Guardia Nacional Bolivariana, que ha enfrentado los intentos de mantener la zona como un espacio que busca alentar la violencia, la zozobra y la desestabilización.

    Sin embargo, más allá de aquel kilómetro a la redonda -dos avenidas que se entrecruzan, pues una pasa por encima de la otra- había una Caracas expectante y en tensa calma.

    Una tensa calma

    La avenida Bolívar -la misma en que se ejecutó el intento de magnicidio con drones contra el presidente Nicolas Maduro por parte de grupos extremistas de derecha en 2018- se dejaba ver en toda su plenitud y justo a su final estaba cerrada debido a un cordón de seguridad colocado por la Policía Nacional Bolivariana (PNB) para desviar a los vehículos, pues un kilómetro más allá se realizaría el acto central convocado por el Gobierno y las fuerzas revolucionarias para celebrar el 23 de enero, una fecha que en Venezuela es sinónimo del surgimiento de la democracia, pues puso fin a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, en 1958.

    Y siguiendo el rumbo hacia plaza Venezuela, el ambiente era similar. Calles solitarias, negocios cerrados y una tensa calma.

    Lo mismo ocurría hacia el municipio Chacao, una zona conocida por ser “un bastión” de la derecha y grupos opositores y que hace límite con el municipio Libertador, una localidad que es bastión revolucionario.

    Un kilómetro separaba dos tarimas. La que estaba en Chacaito, final o comienzo del municipio Libertador pertenecía a las fuerzas revolucionarias; mientras que la ubicada en Chacao estaba montada para el acto opositor.

    Una lluvia tenue

    A esa hora de la mañana, una lluvia tenue bañó el asfalto, refresco un poco más el día y abrió paso a un dol radiante que no se escondería sino hasta el final de la tarde.

    Del lado de Chacao, pasadas las diez de la mañana se comenzó a ver una fuerte presencia de simpatizantes de la oposición. Por primera vez en mucho tiempo lograron concentrar una masa importante de personas que lanzaban consignas cargadas de odio, insultos y calificativos contra el Jefe de Estado y todo lo que representa el chavismo.

    “Sacar al usurpador” era lo más decente que se podía escuchar en esa concentración que invocaba a desconocer la constitucionalidad del gobierno de Maduro y los Poderes Públicos constituidos en el Estado venezolano. Sólo se podía reconocer a la Asamblea Nacional que está en desacato desde 2016 pero que cuenta con el apoyo del gobierno de Estados Unidos, mismo que bajo el mandato de Donald Trump pretende ejecutar y promover la creación de un Estado paralelo en Venezuela para derrocar el gobierno de Maduro.

    De hecho, la jornada de este miércoles 23 de enero sirvió para eso. La Casa Blanca anunció que sólo reconoce a Juan Guaidó como Presidente de Venezuela, un extremista miembro de la célula terrorista y sediciosa Voluntad Popular, que se autojuramentó en la tarima colocada en Chacao durante el acto que al culminar se convirtió en un epicentro de violencia, tal y como ocurrió en 2014 y 2017, cuando este mismo grupo extremista que coordina el condenado Leopoldo López y el prófugo de la justicia y protegido por el gobierno de Chile, Freddy Guevara, dejó saldos mortíferos que combinando ambos intentos de golpes de Estado, dejaron a más de 160 personas asesinadas, miles de heridos, mutilados y en condición de discpacidad, así como millonarias pérdidas en patrimonio público y privado a la nación.

    El rojo era alegría

    Del otro lado, donde predominaba el rojo y la alegría, los cantos y vítores eran distintos. Los asistentes invocaban el respeto a la soberanía, a la Constitución, su apoyo irrestricto a Nicolás Maduro y sobre todo el rechazo a la injerencia estadounidense y sus propósitos de adueñarse de Venezuela.

    Todas las fuerzas revolucionarias se conglomeraron en la plaza Oleary, a unos 500 metros del Palacio de Miraflores, sede del Poder Ejecutivo y el Gobierno Nacional. Allí la dirigencia del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) llamó a hacer respetar la Patria, la de Bolívar, la que pretende entregar la derecha y erradicar su nombre.

    En ese periplo se denunció la injerencia de Washington contra Caracas, se reafirmó el conpromiso revolucionario y se dio amplio apoyo al mandato de Maduro, quien junto a su pueblo -la mayoría que lo eligió en 2018 como Presidente para el periodo 2019-2025- dio la orden de cortar en pleno las relaciones diplomaticas con Estados Unidos.

    Fuerzas de choque

    Un poco más allá, hacia la parroquia El Paraíso de Caracas, grupos violentos activaron guarimbas que fueron enfrentadas y repelidas por la GNB. Estos grupos intentaron trancar la autopista Francisco Fajardo y lograron abrir un camión de carga larga para saquearlo, con la mala suerte para ellos, que la unidad de carga pesada iba sin contenido.

    Desde entonces comenzaron las redes sociales a hacer su trabajo. Ya eran más de las tres de la tarde. Los focos de violencia en Chacao, Altamira, El Paraíso y San José persistían, aunque siempre repelidos por los organismos de seguridad. Cada cierto tiempo patrullas motizadas, camionetas y en carro, se movilizaban con algunos vándalos capturados. En las redes ya se hablaba de jóvenes asesinados, supuestamente, por la “represión”, pero nadie puede verificar a los culpables reales de esas lamentables muertes. Lo extraño es que uno de esos jóvenes que fue asesinado en Barinas -una ciudad del llano venezolano y donde nació el líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez- tenía un tiro certero en el pecho, como si lo hubiese hecho premeditadamente un tirador profesional, un asesino a sueldo, un francotirador, quizá.

    La treta en las redes siempre es acusar al Gobierno, eso sí, no hace falta corroborar la información y ese método de la derecha es ampliamente conocido en el país. Acusen primero y averigüen después.

    La jornada seguía, la violencia se focalizaba cada vez más en los puntos de referencia de la extrema derecha: Altamira, Chacao, Las Mercedes, El Paraíso, lugares donde la mediática internacional se despliega con facilidad y puede “documentar” la supuesta lucha contra el “régimen” o “dictadura” que “liberan” estos “héroes”.

    Llegó la noche

    Así llegó la noche caraqueña. En la web y en redes sociales se hablaba de la violencia desatada en Barinas, Bolívar, Delta Amacuro, Carabobo, entre otros estados, como justificando que todo el país estaba paralizado y en una guerra civil sin precedentes. Muchas personas que salieron a trabajar sufrieron para llegar a sus hogares, otros trabajadores fueron retenidos por los organismo de seguridad que en medio de la confusión les exigían papeles para identificarlos y descartarlos como vándalos. La tensa calma de la mañana ya estaba hecha añicos, ahora no había tensión sino violencia.

    En otras partes de la ciudad, la más racional, las personas se resguardaron en sus hogares, se quedaron en familia, incluso algunos se atrevieron a comprar algunas cosas que faltaban en sus hogares, eso sí, en los pocos negocios que de atrevieron a abrir.

    Ya casi al finalizar la noche, algunos puntos de control policial se mantenían activos, eso a pesar que la desolación volvió a adueñarse de la ciudad, sobre todo en el centro de la capital. Hacia la avenida Fuerzas Armadas con la Panteón persistía la quema de cauchos y basura, aunque en pocos minutos llegaron efectivos de seguridad para controlar. La noche sigue y la incertidumbre que reinó en un día caótico amenaza con aduerñarse del próximo despertar.

    El 24 de enero traerá muchas noticias, se confirmarán los asesinatos en Barinas y quizás otras ciudades, algunas familias estarán en luto producto de un nuevo plan sedicioso planeado y en ejecución por parte de la extrema derecha, los patriotas inflarán su pecho y enarbolarán las banderas bolivarianas, reiterarán su lucha por el respeto a la soberanía y celebrarán la expulsión de los yanquis; mientras otros se sentirán orgullosos en creer que el autojuramentado Guaidó es su “presidente” y que Donald Trump lo reconoce como jefe del Estado paralelo no bolivariano.

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