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    En el Parque Nacional Waraira Repano de Caracas, Venezuela, en el sector Palmar del Picacho de Galipán, se encuentra un aviso que dice “Bienvenidos al Parque Museo Dr. Knoche”.

    Se trata de la entrada a un lugar poco conocido por los citadinos que rememora el legado del enigmático médico aléman Gottfried Knoche (1813-1901), a quien se le adjudica la creación de un líquido revolucionario para embalsamar cadáveres, destacó un reportaje de la Agencia Venezolana de Noticias, AVN, titulada “La leyenda del Dr. Knoche es inmortal en Galipán”.

    Se cuenta en la crónica que la edificación, ya muy deteriorada y casi invadida por la vegetación, fue en otrora la casa y el laboratorio del médico, en el que desarrolló su pasión por evitar la descomposición de los cuerpos.

    Experimentaba con muertos de la Guerra Federal

    Cuentan que Knoche experimentaba con los cadáveres no reclamados de los combates en la Guerra Federal de Venezuela (1959-1863), los cuales subía a mula desde La Guaira, uno de los principales puertos venezolanos, hasta su laboratorio.

    También dicen que el primer cuerpo que utilizó fue el de un soldado de nombre José Pérez, cuyo cadáver momificado vistió de uniforme y puso como guardián a la entrada de su morada, que poco a poco se dio a conocer como un lugar tenebroso.

    La edificación, ya muy deteriorada y casi invadida por la vegetación, fue en otrora la casa y el laboratorio del médico. Foto Web.

    Señala la nota que Knoche vivió varias décadas vivió su casa y laboratorio, situado en la hacienda conocida como “Buena Vista” de Galipán. Allí, aparte de su residencia y su lugar de trabajo, construyó un mausoleo donde ponía a descansar los cuerpos momificados que eran resultado de sus experimentos y descubrimientos.

    Hoy en día, el lugar casi en ruinas puede visitarse para que curiosos e investigadores puedan escudriñar sobre la intrigante historia y legado de Knoche.

    Allí se puede conocer lo que queda de la edificación y réplicas de las momias originales que solían estar en los sarcófagos de mármol y vidrio, donde incluso descansaron momificados el propio Knoche y toda su familia.

    De médico bondadoso a científico macabro

    Este lugar, aunque oficialmente no ostenta ninguna declaratoria, se encuentra registrado en el Catálogo de Patrimonio Cultural del municipio Vargas (La Guaira), realizado por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) y el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, por ser considerado emblemático tanto para los lugareños como para la historia cultural venezolana.

    Así, los asiduos visitantes y senderistas que visitan el Waraira Repano pueden buscar la ruta que mejor consideren para llegar a este punto del parque y conocer la casa de Knoche.

    El rockero venezolano Paul Gillman le dedicó un tema al médico alemán en el que cuenta la historia en clave de heavy metal. La canción se titula Doctor Knoche y está contenida en su disco Escalofrío II.

    El rockero también estuvo involucrado en el proyecto de un filme que retrataría la historia de Knoche. La película no llegó a rodarse.

    Gottfried Knoche. Foto Web.

    Gottfried Knoche nació en Alemania el 17 de marzo de 1813. Estudió en la Universidad de Friburgo y trabajó en el hospital del mismo nombre.

    Se dice que emigró a Venezuela en 1840. Hay dos versiones de su traslado al Caribe. Una señala que vino como invitado por miembros de la colonia alemana en Venezuela para ejercer como su médico de cabecera, y por otro lado se dice que llegó este país como exiliado político.

    El hecho es que fijó residencia en La Guaira, donde ejerció la medicina en hospitales públicos, destacando por su humanidad. Allí coincidió y compartió experiencias profesionales con otro galeno que resalta en la historia venezolana: José Gregorio Hernández.

    Construyó su residencia en la montaña porque su esposa nunca logró acostumbrarse al clima de la costa. En las adyacencias de su casa-laboratorio, por sus experimentos, se le llamaba “El vampiro de Galipán”.

    Rumoraban que inyectaba su líquido no solo en muertos, también en moribundos, lo que le valió el repudio de muchos.

    Su revolucionario invento, con el que incluso se momificó a sí mismo, no logró ser estudiado, y al morir Knoche, la fórmula se fue con él.

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