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    Alfonso Mendoza es su nombre de pila, pero todos lo conocen como Alca. Nació sin piernas, el diagnóstico: una génesis femoral o un desequilibrio muscular que le produjeron los intentos de aborto que se realizó su madre biológica estando en pleno período de gestación.

    Su mamá lo abandonó en el mismo hospital donde vino al mundo. “Mi abuela me recogió y nos fuimos a vivir al estado Mérida”, en Venezuela, recordó en una entrevista publicada por el diario El Tiempo de Bogotá.

    “Nacer con una discapacidad es duro y me tocó aprender a vivir así. Nunca salía de la casa, me quejaba sólo: ‘¡Dios mío por qué a mí y no a mi hermano o un amigo!”, decía hasta con egoísmo. Vivía muy deprimido y pensaba en suicidarme, hasta que me di cuenta que el que estaba encerrado era yo”.

    Alca dice que la patineta y la música fueron su salvación. Foto Web.

    La historia con su abuela, lamentablemente fue corta. Estuvo con ella hasta los nueve años. Recuerda que una noche ella lo llamó y le hizo prometerle que iba a estudiar, que saldría adelante, que no podía sentirse menos que los demás.

    Cuando se levantó a la mañana siguiente le dieron la noticia que su abuela había muerto. Su fallecimiento le dejó un gran vacío. “Ella era mi resguardo, me protegía por sobre todas las cosas”, contó.

    La circunstancia lo obligó a irse a vivir con un tío materno, quien pese a que le brindó todo, asegura que fue una casa en la que hubo mucho maltrato. “No era el ámbito familiar que tenía con mi abuela”, recordó.

    En el colegio fue víctima de acoso escolar (bullying, como también se le conoce) pero también hubo mucha protección de compañeros.

    Sintió la necesidad de tener amigos y entendió que tenía que aceptarse primero para que los demás lo hicieran. “Hoy llevo una vida normal, como cualquier persona y es lo que quería demostrarme. No hago las cosas para demostrarle nada a nadie, sino para ratificarme a mí mismo que tan independiente soy”.

    La música y la patineta como salvación

    Vivir la adolescencia no fue fácil para Alca, la depresión y el suicidio lo perseguían. En esos días, cuando no le encontraba sentido a nada, escuchó un tema del rapero Canserbero  que fue como una revelación.

    El tema se titula “Mañana será otro día”. Desde entonces comenzó a ver las cosas de otra manera, decidió vivir como una persona normal. “En la música encontré una puerta de escape”, aseveró.

    Sus días los dedica a varias actividades: cantar música urbana, practicar skate y surf. El skateboard o monopatinaje lo realiza con gran destreza, se desliza sobre la tabla con ruedas en la que exhibe diversos trucos, gran parte de ellos elevando la tabla del suelo, haciendo figuras y piruetas con ella en el aire.

    En esta tabla se siente libre, independiente y rueda por el mundo con la fuerza y alegría que le impulsan a cantar y componer letras sobre la vida y sus adversidades. Ha recibido propuestas para colocarse prótesis, sillas nuevas, pero no le gustan, se siente muy cómodo en la patineta.

    Su vida y testimonio ha sido publicado en revistas y periódicos. También fue plasmado en el documental “El Plan de Dios”, que ganó reconocimientos en Venezuela, y le dio a Alca la oportunidad de viajar por varias ciudades de México, Ecuador y Colombia, a dar charlas y contar su experiencia.

    “Es una producción que llama a la motivación y se basa en los deportes que practico”, dijo Alca sobre el documental, Ópera Prima del realizador venezolano Gustavo Sulbarán, producido por María Isabel Lorenzo.

    Pese a los retos Alca asegura estar tranquilo, al confiar y repetirse todas las mañanas que “el propósito de Dios conmigo es dar a conocer que las limitaciones están en la mente”, Foto Web.

    Alca sale todos los días del barrio “Mequejo” de Barranquilla, Colombia, en su patineta, con una mochila cruzada en la que lleva la cartera y una libreta en la que anota las letras y composiciones cada vez que se le aparece una idea.

    Allí vive con su esposa, Mileidis Dayana Peña Meza, a quien conoció desde niño, y se reencontraron hace un año. Con ella tendrá una niña que llevará por nombre Auralis Mairin.

    “En Venezuela trabajaba como diseñador, me defiendo en el diseño, aprendí de manera autodidacta y estoy capacitado para sentarme frente a una computadora y ser creativo”, dijo.

    Pese a los retos Alca asegura estar tranquilo, al confiar y repetirse todas las mañanas que “el propósito de Dios conmigo es dar a conocer que las limitaciones están en la mente”, y entonces se siente un hombre completo.

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