Los Nuevos Señores Feudales
Para la gente que disfruta de caminar por los campos de nuestro bello país, no hay impresión más hermosa que sentir el aroma rural en su nariz; el barro bajo sus zapatos y la vista de los verdes colores característicos de la provincia. Las laderas lecheras de nuestra zona, las praderas sembradas de alimentos y los huertos cultivados, nos entregan una grata sensación de libertad. Sin embargo, como todo bien raíz, la tierra por la que caminamos no nos pertenece, pues es propiedad de unos pocos. Es decir, cualquiera que tenga el poder adquisitivo para hacerlo. Esto sin perjuicio de que el Estado pueda aplicarle impuestos, si así lo estima.
TIERRA, PODER Y SUBORDINACIÓN
Para introducirnos en este problema, es necesario hacer una sintética revisión histórica, que dé a comprender la manera en que se ha resuelto el fenómeno de la posesión de la tierra, permite entender de una forma mucho más amplia las relaciones de poder y subordinación que sacuden a nuestra sociedad hoy en día. Ocioso resulta señalar que los más perjudicados con el asunto de la tenencia de la tierra y las relaciones laborales que en ella se establecen, han sido las clases más desposeídas: obreros, campesinos y pequeños agricultores y, paralelamente, los pueblos originarios. Ya sea entre mapuches y españoles; agricultores y latifundistas; obreros y empresarios, la historia de la expropiación de los suelos va de la mano con la realidad política, social y económica chilena. Desde la llegada de los españoles al continente, los indígenas juegan un rol protagónico en las actividades vinculadas al mercado de tierras, debido a que ellos eran los dueños originales de este bien. A causa de la frustración que se produjo en los conquistadores por la escasez del oro buscado, la explotación derivó hacia las labores agrícolas. Ello implicaba apropiarse de las tierras indígenas, empresa que fue emprendida con entusiasmo y sin limitaciones por los primeros encomenderos y por las oleadas de aventureros inescrupulosos que llegaban a buscar fortuna en estas lejanas tierras. No obstante, la información sobre la posesión de las tierras en las poblaciones huilliches es más bien escasa, hasta la refundación del fuerte Valdivia, en 1645. Según un artículo escrito por Javier Lavanchy, periodista experto en el tema de pueblos originarios, tras varios levantamientos, los huilliches firman el “Tratado de Paz de 1793”, el que disponía que los españoles tomarían algunas tierras desde Osorno a la Cordillera de los Andes, mientras que los indígenas conservarían el resto del territorio, hasta el litoral. Pero en 1796, Osorno comenzó a ser repoblada y con ello surgió una nueva etapa en la usurpación de las tierras indígenas. Hasta 1824, cuando se dictó una ley sobre las tierras indígenas y comienzan a entregarse a las comunidades “Títulos de Comisario”, concedidos por las autoridades gubernamentales. Luego las usurpaciones se convertirán en pan de cada día, dando cuenta, una vez más, de los abusos de poder ejercidos por los poseedores de la tierra, en este caso colonos nacionales y foráneos. De hecho, al dictarse la primera ley de colonización extranjera, en 1844, los primeros colonos procedentes de Alemania, se instalan en las cercanías del río Valdivia, lo que nuevamente produce que las tierras huilliches se vean comprometidas por los expansionistas inmigrantes. En 1866, se favorece la comercialización de tierras en “territorios indígenas”, generándose un efecto directo en el mercado. Entre Valdivia y La Unión, los cambios en la legislación demoraron en aplicarse, más que nada por problemas de interpretación de las leyes. Es a partir de 1870 que se aplican restricciones al negocio en los terrenos originarios. Junto a algunos compatriotas, hubo inmigrantes alemanes muy activos en la compra de tierras indígenas o que terminaron siendo beneficiados por las compras de los nacionales. “Un heterogéneo grupo humano participa en estas transacciones; chilenos establecidos previamente en la zona, entre los que destacan los indígenas, junto a chilenos y extranjeros (mayoritariamente germanos) que migran a la región”, señala Fabián Almonacid, académico del Instituto de Ciencias Sociales de la UACh, en una de sus publicaciones. En esa época, era normal que los títulos de propiedades rurales no estuvieran regularizados, si es que existían. La venta de acciones y derechos sin límites específicos o de una ambigüedad que originaba grandes confusiones, generaba enormes diferencias en el valor de las tierras.
PROPIEDAD CONCENTRADA
Desde mediados del siglo XIX, el precio de la tierra tuvo un aumento sostenido en nuestra provincia, principalmente por el incremento de la población, una economía creciente y el interés que generaba en los inmigrantes. Según Theodor Kórner, yerno de Karl Anwandter, al arribo de los primeros colonos alemanes, sólo con cuarenta mil pesos se podría haber comprado toda la provincia de Valdivia. Con ello proliferan los litigios, las adquisiciones fraudulentas o con títulos de propiedad inconsistentes. El aumento de las transacciones agudiza el carácter conflictivo que tiene la propiedad de la tierra en la zona, por lo que es común que usualmente ellas terminen en los tribunales de justicia. A principios del siglo XX, asistimos a un fenómeno que será común hasta nuestros días: la seguidilla de transferencias de latifundios y la posterior concentración de ellos en pocas manos, por lo general de influyentes personajes. Sólo por mencionar un ejemplo: entre 1905 y 1907, el abogado Juan Modesto Ide Martínez logró obtener un total de 8 fundos colindantes entre sí, en el sector de la cordillera de la costa, cerca de Osorno. Dichos predios fueron vendidos en 1910 a su hermano Eduardo, quien los conservó hasta la década de 1960. En lo que respecta a los pueblos originarios, recién en 1927 se aprueba una ley que establecía que, a los indígenas que no tuvieran títulos de merced, se les consideraría como colonos nacionales y se les radicaría en terrenos fiscales. Sin embargo, en la práctica, este proceso nunca fue aplicado. En 1928, se dicta la Ley de Propiedad Austral que facilitó la creación de numerosos fundos fiscales de gran extensión. El Estado, sin tomar en cuenta a las comunidades huilliches, no reconoció la validez de sus títulos. Más allá del tema indígena, la crisis mundial de 1929-30 destrozó la economía agrícola nacional. Hasta 1936, con Pedro Aguirre Cerda, la oligarquía logró un pacto sobre la cuestión agraria, por lo que el presidente nunca tocó la propiedad rural ni permitió la sindicalización de los trabajadores del campo. Esto permitió que la situación con los dueños de los terrenos no se modificara.
REFORMA Y CONTRA-REFORMA AGRARIA
Hasta que, en 1964, Eduardo Frei inició una reforma agraria, la que fue radicalizada por Salvador Allende. Esta ley establecía que el Estado podía expropiar predios privados con el fin de dividirlos, parcelarlos y entregarlos a los campesinos. Además se estableció que eran expropiables todas las tierras en manos de corporaciones o sociedades, sociedades por acciones, sociedades anónimas, etc. En el plano indígena esta reforma tuvo un impacto limitado, ya que fue estructurada pensando en el campesinado no indígena.El efecto nocivo para ellos surgió del hecho de que se entregó sólo el usufructo de la tierra y no la propiedad legal sobre la misma, quedando expuestos a ser considerados ocupantes sin título. Durante la dictadura militar, en 1979, se dictan decretos leyes que revierten los avances anteriores, para restablecer el latifundio, en una etapa conocida como “contra Reforma Agraria”. Se propician medidas tendientes a favorecer el individualismo productivo de las tierras; se eliminan los asentamientos y se reducen los predios, por temor a la organización de los campesinos. El “regreso a la democracia” en 1990, aporta una nueva concepción, de apoyo al desarrollo de la agricultura familiar campesina, tanto de quienes soportaron la contra reforma sin vender, como de los pequeños propietarios tradicionales.
GRANDES AMOS DE LAS TIERRAS DEL SUR
Sin embargo, las fracturas legales que dejó el régimen anterior, facilitaron el hecho de que los terrenos quedaran en manos de unos pocos. Peor aún, durante los gobiernos concertacionistas, las cosas no sufrieron una modificación significativa. En la actualidad, los señores feudales siguen siendo los grandes empresarios, que muchas veces ocultos en el anonimato, son los verdaderos “capos” del suelo. Avalados por el sistema neoliberal en que estamos enterrados, la ambición de pocos sigue siendo la carga de muchos. Es un hecho que los empresarios están mirando al sur para crecer. Las tierras entre la VIII y la X regiones han ido subiendo de precio gradualmente. Es que la actividad ganadera y lechera tiene buenas perspectivas a futuro y el ecoturismo está emergiendo con fuerza. Eso sin considerar el desarrollo forestal en esta parte del país, donde las productoras CMPC y Celulosa Arauco -que suman un patrimonio superior a 1,5 millones de hectáreas-, tienen la mayoría de sus asentamientos. Exceptuando a Douglas Tompkins, con las 300 mil hectáreas que comprende su parque Pumalín, en la X Región, el mayor terrateniente es el norteamericano Jeremías Henderson, dueño de casi el 20% de la isla de Chiloé; es decir, de 120 mil hectáreas en Quellón, las que compró en 1995 a un aristócrata francés. Su propósito original fue desarrollar un negocio maderero y acuícola, pero la burocracia y la ofensiva de los grupos originarios y de presión contribuyeron a que cambiara de rumbo. Por eso, hace unos años redefinió el proyecto y quiso reorientarse al ámbito inmobiliario, loteando parte de sus campos Quinio, Quilantar, Asasao y Yaldad, para luego venderlos con fines turísticos. Recibió ofertas de grupos chilenos interesados en esos terrenos que no llegaron a concretarse y, en la actualidad, tiene una sola propuesta sobre la mesa: la de Sebastián Piñera, que quiere crear su propio parque nacional. En la comuna de Puerto Octay, la Hacienda Rupanco constituye un gigantesco asentamiento agrícola, ganadero y lechero. Son 48 mil hectáreas de praderas cultivadas, bosques vírgenes, lagunas, una península de 1.200 has., 45 kilómetros de orilla de lago y caminos interiores que suman 600 kms. Una presa apetitosa que durante el régimen dictatorial fuera “administrada” por el entonces yerno del dictador, Julio Ponce Lerou, que actuó –procedimiento habitual, como hoy todos sabemos- como “palo blanco” del clan Pinochet. La estancia desde 1997 se encuentra en manos de las familias Abumohor, Saieh, Kauak, Díaz y Gutiérrez y es la principal productora nacional de leche, con cerca de 30 mil cabezas de ganado. Pero hay otros terratenientes en la lista de los más grandes. Agustín Edwards tiene en Futrono la segunda mayor lechería después de Rupanco, a la que suma distintos campos. Marco Cariola, también en la X Región, ha hecho de Puyehue su lugar de desarrollo, con campos crianceros, de engorda y con parte de la propiedad de la Feria de Osorno, segundo centro industrial de carnes en Chile. Y Liliana Solari, a través del holding Bethia, destaca por el fuerte crecimiento experimentado en los últimos años, esta vez en Los Ángeles, donde funciona su haras Don Alberto. En total, se calcula que a la fecha, ya controla 10 mil has. entre la VIII y la IX regiones. Hay más aún. La familia García, compuesta por los hermanos Mario y Leonardo García Sabugal, es una de las más importantes tenedoras de tierras en la IX Región, participando en negocios agrícolas, forestales y ganaderos, con centro en el fundo Argentina, en Vilcún. Sus negocios controlan enormes extensiones de tierras desde Melipeuco hasta algunos sectores de Argentina. Al norte de nuestra provincia, el grupo Matte, con su forestal Mininco, es dueño de 7.604 has. de plantaciones para explotar. Angellini y compañía, con Forestal Valdivia y sus 35.549 has., durante los 15 años que han acumulado territorio, se han traspasado como vendedores y compradores entre Bosques Arauco S.A., Forestal Celco; Celco Mariquina; Forestal Pedro de Valdivia a Forestal Valdivia S.A. y Celulosa Arauco y Constitución S.A. Los otros dueños de la tierra provincial son la forestal Tornagaleones y el ciudadano austríaco Niklas Salm Reifferscheidt, que compró terrenos en Lanco a su nombre, para después traspasarlos a Forestal Natalhue, de su propiedad. Existen formas de protección a los nombres de los dueños de las tierras y algunas artimañas para lograr que éstos no sean rastreados. Frente a esto, es una tarea de más largo aliento poder establecer quiénes son todos los amos, económicamente hablando, de nuestra Ñuque Mapu o Madre Tierra. Tarea también ardua -que comenzamos a emprender- es la de documentar el abismante y vergonzoso despojo a que fueron sometidos muchos de los ancestrales propietarios mapuche-huilliches, de las tierras que hoy conforman la provincia de Valdivia. Equipo El Ciudadano







Daniela (10 años) comentó el 27 de Junio, 2006 a las 7:47 pmme gusto la noticia o reportaje mejor dicho. yo buscaba información sobre los huilliches, pero esto me pareció entrete y quice leerlo hasta el punto de terminarlo.
creo que es super importante escribir estas noticias y tan bien redactadas , así no solo se informa el periodista sino también el lector.
además creo que uno debe ser muy valiente para escribir estas cosas debido al temor de fracasar como reportero .
si lo estas leyendo te deeseo mucha suerte en tu futuro y una vida llena de felicidad como la persona que eres o quieres ser.
muchas gracias por tu tiempo , el que le has dado a todos

ANGIE PAOLA comentó el 22 de Abril, 2007 a las 2:09 pmme gustola publicacion es my interesante estaba trtada con el tema que estaba buscando y me parese que es muy chevre que los jovenes leeamos estos archivos

JAIME AGUILERA comentó el 24 de Abril, 2007 a las 7:00 amLoable de promover la historia , pero hoy en dia para tener credibilidad hay que ser correcto con la informacion que se publica. La ley de Reforma Agraria corresponde al Gobierno de Jorge Alessandri y NO al Gobierno de Eduardo Frei. Espero la rectificacion sea bien recibida.
Solo con veracidad se puede tener un dialogo conducente a un futuro mejor.

Pepe comentó el 28 de Septiembre, 2007 a las 3:39 pmSe murió Angellini, y nadie dijo nada al irse el depredador más grande de cisnes del sur de Chile

Pepe comentó el 28 de Septiembre, 2007 a las 3:39 pmSe murió Angellini, y nadie dijo nada al irse el depredador más grande de cisnes del sur de Chile

hipolito moreno sepulveda comentó el 13 de Julio, 2008 a las 7:23 pmmuy interesante la reseña historica de nuestra tierra, pero lo que hay que lograr es que nuestro gobierno de una vez por todas termine de dar luz a unos pocos para que se hagan ricos a costa de muchos,saben el daño que se produce al plantar pino y eucaliptos en nuestras tierras, se erociona la tierra , se pierden los causes de agua,las vertientes, un terreno donde se planto pino no sirve para reforestar con maderas nativas, ojala que el ministerio de medio ambiente que pretender crear vea los abusos de estos grandes holding en desmedro de los legitimos dueños que son nuestros antepasados indigenas. gracias

pansho comentó el 2 de Agosto, 2008 a las 6:16 ammuy completa la reseña historica
como estudiante de historia de la universidad de los lagos justamente me toca hacer un trabajo de la reforma agraria, pero en la provincia de osorno y sera de mucho valor si acaso me pudieras enviar informacion acerca del tema de la sindicalizacion campesina en los alrededores de la ciudad de osorno
se te agradeceria
flaqiitoh@hotmail.com

Felipe V. comentó el 12 de Agosto, 2008 a las 12:23 pmFe de erratas:
Javier Lavanchy no es un periodista, es un gran antropologo ;)

walterio bollmann comentó el 14 de Agosto, 2008 a las 10:31 pmSolo deseo información referida a dónde puedo encontrar título de merced de tierras o escrituras de comisario de fines del año 1800.
desde ya gracias.

bo comentó el 10 de Abril, 2009 a las 8:07 amMarzo de 2009, Melipeuco, Araucanía Andina
Señor Director, se me ha encargado hacer público que:
Desde junio del año 2008, en Melipeuco, Chile, diversas orgánicas sociales como comunidades indígenas, organizaciones de empresarios de turismo, grupos de jóvenes y personas que individualmente concurren, se encuentran en un proceso de diálogo y organización, con el objetivo de participar e incidir en los lineamientos de inversión local, los mismos que se promueven globalmente por los gobiernos de turno, desde el Estado y desde el libre flujo de los capitales, que ya se traducen en proyectos y negocios del gran empresariado especulador, que para variar ( o para no variar), han dejado consecuencias devastadoras para el medio ambiente, ríos contaminados, paisajes invadidos, inestabilidad laboral.
Se trata, entonces, de agotar las instancias de participación que, al parecer por defecto, se encuentran a disposición de los vecinos y comuneros, así la organización social ha ido dilucidando formas de incidir y fiscalizar de manera ciudadana, en base a una comprensión crítica del sistema administrativo y de control público, que está operando sobre los proyectos de desarrollo comunal en ejecución y en carpetas de aprobación.
En Melipeuco, a pasos para nada tímidos, el flujo inversionista se despliega con amplia observancia a los principios de plena libertad económica, haciendo y deshaciendo; además a paso firme, se vale del principio de la autonomía de la voluntad aplicado con la vieja lógica de la bilateralidad de la relación privada, muy importante para hacerse de los recursos naturales, que son transables, por lo tanto, en la esfera del libre mercado y donde la gran empresa, claro, actúa con ventaja para hacerse de derechos de agua y tierras ricas en biodiversidad, del suelo y del subsuelo, lo que se traduce en una fórmula de desarrollo comunal planteada desde los directorios anónimos para una comuna que ha elegido claramente otro camino.
El clima de precariedad económica con que a menudo se caricaturiza a la “realidad social” de los “países pobres” o “en desarrollo”, según se expresa oficialmente, desencadena la necesidad virtualmente insoslayable de conferir la mayor soltura sistémica administrativa ante cualquier posibilidad de inversión privada a gran escala, entendiéndose esta última, como la forma que la sociedad se ha dado estructuralmente para encarar sus necesidades básicas o de consumo. Por su parte, las empresas que se observan en despliegue, viviendo el mito de su imprescindibilidad, en la zona de Melipeuco, sencillamente les toca llevar adelante el rol impulsor del desarrollo productivo, y lo hacen, se nota, sin respeto a plan estratégico comunal de desarrollo alguno.
Luego, la saturación medioambiental y el desorden inversionista se tornan la tónica. Resulta obvio, de acuerdo a la parásita filosofía de la libre empresa, se hace cuanto se pueda para rebajar costos, sacrificando de pasada, el nivel de vida, la cultura y el patrimonio ambiental de los habitantes naturales del sector, agreguemos la paz social. De tal manera se desconocen, cuando no se niegan, en la práctica, derechos anteriores y superiores a la libertad económica. Un punto pic, radica en que se lesionan derechos esenciales de ejercicio cultural, como lo hizo la piscicultura Los Fiordos, que devuelve el agua al río Peuco en condiciones que en menos de cuatro años obligó a cambiar formas de vida y ejercicios culturales ancestrales a vecinos y comunidades pehuenche, aún lo hacen.
Debiera asumirse desde la autoridad, digamos desde los tres poderes del Estado, más el poder contralor, que se está frente a una comuna con enorme presencia mapuche, se trata de un territorio ancestralmente muy vivo.
En Melipeuco, felizmente se ha levantado una posición de participación ciudadana, frente proyectos de pisciculturas termo e hidroeléctricas, la organización hasta la fecha intenta hacerse cargo de una conciencia colectiva informada sobre las consecuencias nefastas para el medioambiente que la inversión foránea ha tenido, el formado “Concejo Comunitario de Melipeuco”, interpreta a gran parte de las organizaciones del pueblo, que saben de los supuestos y tangenciales beneficios para la localidad y que se siente inconforme con la desigualdad que involucra la enorme ganancia para los accionistas anónimos, por cierto, que se instalan en el territorio con el favor legal y administrativo del gobierno de turno.
Resulta entonces totalmente lógico que sean en última instancia los afectados, los habitantes y vecinos del lugar, quienes soberanamente han de proceder a través de los recursos legales, jurisdiccionales, administrativos, y todos los que la organización promueva en pos de obtener garantías para asegurar el ejercicio de los derechos humanos amagados por los inversionistas.
Con todo, los espacios constitucionales de impugnación, garantizados por el propio Estado de Derecho, no se aprecian asumidos como instancia de prioridad pública. El tratamiento de los derechos en discusión cuenta con un mínimo ideal de equilibrio, en todo Estado de Derecho se requiere una ecuanimidad administrativa que marque hacia una discutibilidad justa a la hora de los pronunciamientos, por el momento sin embargo, se advierten casi puros oídos sordos de parte de los estamentos de Estado competentes.
Mientras, los pueblos originarios en general, avanzan a paso firme en sus procesos internos de reposicionamiento cultural, felizmente impulsados por una conciencia ambiental y pluricultural que recorre las naciones y el planeta.
La realidad palpable a nivel mundial, relativa al super valor que los recursos naturales adquieren crecientemente, es parte de lo que anima a la comuna de Melipeuco a ir más allá del aseguramiento “económico” a corto plazo.
Mientras, desde el gobierno se plantea un discurso, que fortalece un desarrollo para la Araucanía Andina sustentable y amparado preferentemente en un turismo que ha de aprovechar los intereses especiales que la comunidad se ha manifestado dispuesta y en condiciones de desarrollar ampliamente, pero que sin embargo se contrapone al comportamiento anchamente permisivo que se observa en los mismos organismos públicos con competencia ambiental, a la hora de pronunciarse durante la etapa de calificación de los proyectos productivos de grandes empresas dispuestas en el mismo territorio, y que son definitivamente incompatibles.
La necesidad de un comportamiento fiscal a la altura de la legislación ambiental y especial indígena, de la igualdad cultural y económica constitucionalmente consagradas, en fin del comportamiento activo que han asumido las comunidades y habitantes de la comuna en cuestión, no es sino la posibilidad que el aparato público tiene para hacer legitimar su propuesta económica para los ciudadanos, y para hacer carne las garantías constitucionales ampliamente superiores a las invocadas normas de Aguas, de Minería y de libre empresa, que sustentan la inversión especulativa en la comuna. Desde luego que la incorporación al derecho interno, de normas que reconocen una dimensión clarificada del derecho natural, como lo es el convenio 169 de la OIT, que ha de entrar en plena vigencia en septiembre de este año en Chile, son señales que pueden quedar truncas sino se hace vibrar el espíritu soberano que vive en esa legislación, que ya debiera estar gobernando la actividad pública en miras de justicia y paz social.
Deberá asumirse entonces, que la actividad de poderes fácticos que desde las sombras levantan bochornos para el camuflaje fácil de los abusos, o pretendiendo la neutralización de la organización, son expresiones que debemos leer, con otra óptica que la que porfiadamente el aparato estatal y de los medios, tienden a hacer permanecer en ese nivel de la conflictividad, cuando es disfrazable de pobreza, delincuencia o terrorismo.
Las organizaciones sociales de Melipeuco, que han atendido a su propia necesidad de resolver la conflictividad planteada, hoy se ha proveído de información a los organismos públicos que se mostraban incapaces de fiscalizar y de poner en regla a las empresas en funcionamiento a expensas de los ríos de la zona, y para la calificación de nuevos proyectos de inversión que esperan aprovechar la calidad y pureza de los recursos hídricos que abundan en la comuna cuyo nombre en mapuchedungun significa “junta de cuatro aguas”, ello sin mediar participación ninguna de la comunidad.
ULTIMA HORA, a 20 de marzo de 2009: Quizás hubo que decir en el artículo anterior, que relata como va hoy, la dignidad del pueblo de Melipeuco, que la diseñada prontitud de sus asambleas, elaboración de informes, cartas a las autoridades locales y regionales, mails, actividades y reuniones varias, ha despertado también la desesperación de quizás, quienes atentando contra los bienes e instalaciones de los voceros del Consejo Comunitario y de la Radio Arcangel de Melipeuco, y sembrando finalmente violencia y confusión, quieren devolvernos su propia manera de ver el mundo, que sencillamente rechazamos.
Fresio del Estero
Comunicaciones, Consejo Comunitario de Melipeuco.

alvaro huiquiruca comentó el 29 de Julio, 2009 a las 10:32 amme parecio una noticia muy interesante y con un enfoque bastante bien planteado por parte del escritor de este articulo, felicitaciones, andaba buscando informacion respecto a la ley de propiedad austral, pero esto sin duda, contribuye , en cierto grado, para mi investigacion personal.
nuevamente felicitaciones.