Las paradojas del porno

· 22 June, 2013 04:06
Salud

Un texto de ficción sobre porno, violencia, lógicas, normas, masturbación, feminismos y ciberponzoña.

Necesito masturbarme. Como siempre, me pongo delante del ordenador y me pajeo con lo que tengo más a mano. Redtubes, Freeporns, Mega­porns, Porntubes. No investigo demasiado, elijo bastante random. Sólo intento evitar vídeos con caca, animales o violencia extrema. Tampoco me va el porno gay ni BDSM.

Abro una web porno cualquiera y clico en el primer vídeo. Una felación. El hombre sujeta con una mano la cabeza de la mujer y con la otra le aprieta el cuello, tiene las venas tensas, parece que se ahoga y tiene arcadas, pero él le incrusta más y más la polla en la garganta. Me aburro y clico en otro vídeo. Una mujer se la chupa a un hombre mientras otro se la folla a cuatro patas y le dice: “I know you little slut like my huge cock ramming up your tight ass”. Lo que veo me excita, pero no sé si me gusta. Qué más da, me estoy haciendo una paja, no quiero pensar, lo que quiero es correrme Parece que esto se anima. El de la mamada saca la polla de su boca y le eyacula en la cara llenándole los ojos de semen.

Lo que veo me excita, pero no sé si me gusta. Qué más da, me estoy haciendo una paja, no quiero pensar, lo que quiero es correrme. Noto un alivio extraño, como cuando tienes un grano repleto de pus que te duele y que te explotas pero, un rato después, persiste cierto escozor. No quiero jugar al póquer online ni conocer zorras maduras cerca de mi casa. Gracias. Cierro los popups que invaden la pantalla de mi ordenador.

El porno que consumo es una mierda y lo sé, pero entonces, ¿por qué me palpita la entrepierna? ¿La pornografía controla y educa mis deseos o me ofrece lo que en el fondo quiero? Estoy en contra de los discursos machistas pero me excito con una doble penetración a una rubia de silicona. ¿Peco de cinismo? A lo mejor soy gilipollas.

Hay mucho trabajo hecho desde los movimientos queers, el postfeminismo y el postporno Este texto es un intento de reflejar mi deriva para comprender por qué nos excitamos con algo que en teoría representa unos valores como la misoginia, la violencia, el sexismo y la prepotencia. Sin embargo, cualquier cosa que quiera enunciar sobre este tema ya se ha dicho de forma mucho más lúcida y mejor argumentada, hay mucho trabajo hecho desde los movimientos queers, el postfeminismo y el postporno.

Yo también he ido a manifestaciones feministas. El feminismo me ha ayudado a comprender cosas importantes. Pero me acabo de hacer una paja viendo cómo dos negros le revientan el culo a una tía. Y quiero tener esas tetas de silicona. Y la polla XXL del Mandingo que se la está follando. El de la cadena de oro no, el otro, el de la nariz rota.

Continúo escarbando, ahora ya por aburrimiento

En mi adolescencia temprana no había internet ni colonias de loros verdes en los árboles de la ciudad. Pero ya casi no me acuerdo de cómo era el mundo entonces. Me cuesta saber si toda la ciberponzoña que he consumido me ha inmunizado, si mis niveles de tolerancia me han convertido en un ser acrítico, si la ironía y el humor para lidiar con el sinsentido existencial silencian mis quejas antes de que puedan ser articuladas. Una de las cosas importantes que el feminismo me hizo comprender es que los sistemas de dominación y subordinación naturalizan sus fundamentos como si estuvieran fuera de modificación o crítica

No hay ningún conflicto en la pornografía que consumo porque no rechazo la crueldad ni la violencia. Vivo en una sociedad violenta. La economía es violenta, la industria alimentaria y sus cadenas de producción son violentas, la educación es violenta, la televisión es violenta. El capitalismo es violento. La naturaleza es violenta.

¿La violencia es natural? ¿Una violencia sistemática de los hombres hacia las mujeres es natural? Una de las cosas importantes que el feminismo me hizo comprender es que los sistemas de dominación y subordinación naturalizan sus fundamentos como si estuvieran fuera de modificación o crítica. Si los blancos son más tenaces y virtuosos, la supremacía blanca es inevitable. Si los ricos son más trabajadores que los pobres, la injusticia económica es inevitable. Si los hombres son por naturaleza más fuertes e inteligentes, el patriarcado es inevitable. Si los hombres son sexualmente más activos y dominantes, la sumisión de las mujeres es inevitable. Uno de los rasgos que conforman una cultura de la violencia es que está tan interiorizada que una víctima y un verdugo, a menudo, no son capaces de reconocerse como tales

Con mi vecina de la infancia a veces sacábamos a pasear a mi perro por el parque cerca de casa, allí estaban los mayores, uno de ellos siempre le decía “el año que viene en las fiestas del barrio te voy a violar y si todavía no tienes la regla mejor para mí”, y ella se ponía toda contenta y yo le tenía envidia porque la verdad es que estaba bien bueno.

Uno de los rasgos que conforman una cultura de la violencia es que está tan interiorizada que una víctima y un verdugo, a menudo, no son capaces de reconocerse como tales. Si vivimos bajo la lógica de un capitalismo depredador que fomenta la desigualdad y la dominación, la pornografía no sería una desviación de la norma, sino que representaría los valores generales de la sociedad. Podemos gastar mucha energía discutiendo a favor o en contra de la censura de ciertas prácticas, pero es posible que termináramos encallados en un debate sobre el relativismo de los valores morales que distraiga nuestra atención. Hay que afinar el tiro. La pornografía sólo es un síntoma más de esta enfermedad sistémica que tumoriza en muchos otros lugares.

Porque, ¿seríamos capaces de ponernos con otras pornografías radicalmente diferentes? Imáge­nes más estimulantes para nuestra maquinaria crítica y nuestra imaginación, que exciten nuestra mirada y nuestra mente. ¿Existe eso? ¿Y si, en lugar de censurar la pornografía, la utilizamos como espejo? ¿Nos gusta lo que nos muestra? ¿Qué nos dice de nosotros mismos? ¿Dónde estoy yo ahí?

 Materia Oscura

La Diagonal

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