El (o)caso UDI

Entre la crisis y la oportunidad, un paso: para la UDI, la democracia chilena, sustentada en la estafa del sistema binominal, en los aportes reservados, con una sociedad despolitizada, con un monopolio grosero de los medios de comunicación, enmarcado todo en una Constitución ilegitima, ha sido la vía perfecta para alcanzar el poder político.
El Ciudadano
10 January, 2015 14:01
#Política

PRECANDIDATO PRESIDENCIAL SE REUNIO CON SENADORES UDI EN COMEDOR DEL SENADO.

Mientras los chilenos hacen largas filas para subirse al Transantiago, varios miembros de la UDI, Jovino Novoa mediante, hacen fila a las afueras del grupo Penta esperando financiar sus campañas. Lo que llaman “aportes reservados”, son sólo reservados para los votantes y la opinión pública. Alguna vez, un mendigo me pidió “una monedita para un litro de pan”. Dicen que en pedir no hay engaño, el engaño viene después. Lo que sí que hay son estilos: el estilo de Felipe Kast, por ejemplo, que condiciona la defensa a empresarios en el Congreso a cambio de unos pesos:

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O el estilo Ena Von Baer, víctima de repentinos ataques de Alzheimer, que niega lo que escribe:

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O el estilo atlético-cocineo de Iván Moreira, el más patético de todos:

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Si, hay “raspado de la olla”, dicen del otro lado, pero mándame una boleta.

Vale preguntarse: ¿puede agotarse la democracia en la renovación de una elite que, financiada hasta el despropósito, repleta las calles con sus rostros en cada elección?, ¿Qué interés puede defender un partido político si compromete su accionar al financiamiento de los grandes grupos económicos?… ¿Es la democracia chilena una licitación más de los grandes grupos económicos?…

Hace un tiempo, el diputado Giorgio Jackson dio a conocer un documento llamado “Los 11 Principios de la Comunicación Política”, elaborado por jóvenes de la Fundación Jaime Guzmán en el marco de un Taller de Servicio Público. Esto aprenden los jóvenes de la UDI:

-Principio de Transposición: “cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.

-Principio de Exageración y Desfiguración: “convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave”.

-Principio de Vulgarización: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuando más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su compresión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

Las mismas técnicas de la propaganda nazi.

A pesar de todo, y esto es lo paradójico, las masas populares siguen votando por la UDI. Sus estrategias son evidentes: repletar de propaganda las calles en cada campaña (“toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida”), y ofrecer la inmovilidad de todo un sistema que, insisten, premia al que agacha la cabeza, trabaja como esclavo y se desahoga mirando al Kike Morande.

Hitler escribió: “Durante el día el poder de voluntad del hombre se revela con la máxima energía contra cualquier intento de imponerle la voluntad y la opinión de otros. Por la noche, sucumbe ante la fuerza dominante de una voluntad más vigorosa”.

Entre la TV y las deudas, la masa de este país, esa misma que la política instrumentaliza con el apelativo de pueblo, está preocupada de sobrevivir, de alivianar el espíritu con una risa después de pasar 4 horas entre metro y micros, más otras 8 horas en la pega, no de revisar el detalle en los programas políticos.

La despolitización nace de la desilusión: según datos de la Fundación Sol, el 70% de los trabajadores chilenos gana menos de $426.000 líquidos, mientras el 1% más rico acumula el 31% de todos los ingresos. En Chile, una profesora que trabaja 40 años termina recibiendo una miserable pensión de 140 lucas (¡ese sí que es raspado de la olla!). El 78% de los chilenos tiene empleos de baja calidad. Y mientras la masa trabajadora, evidentemente despolitizada, trabajando para las marcas y el retail, suplica un trabajo digno, arriba se coluden para vender fármacos y alimentos, se privatizan los derechos de pesca y los suelos.

Siguen ganando las isapres, las afps y los súper ricos al tiempo en que pierden los que siempre pierden (¡¿desaceleración para quién?!).

Todos hijos, y víctimas, de este anarco/capitalismo que ofrece la esperanza de la deuda al final del camino, el único medio, dicen, para acceder a una mejor calidad de vida. Chile y su moral del “sálvese quien pueda”, que confunde el nivel de vida con el nivel de consumo. De política, entendida como las grandes ideas que consensuamos para vivir y convivir (vivir con) en sociedad, bien poco.

Al final de cuentas, el mejor candidato es el que saluda en la feria, el que regala más calendarios, el que cuelga más carteles con su rostro (mucho mejor si es bonito/a o se ríe harto), o el que pone más cancioncitas pencas en la radio. Como escribió Galeano: “a nadie molesta mucho, al fin y al cabo, que la política sea democrática, siempre y cuando la economía no lo sea. Cuando cae el telón, una vez depositados los votos en las urnas, la realidad impone la ley del más fuerte, que es la ley del dinero. Así lo quiere el orden natural de las cosas”.

Entre la crisis y la oportunidad, un paso: para la UDI, la democracia chilena, sustentada en la estafa del sistema binominal, en los aportes reservados, con una sociedad despolitizada, con un monopolio grosero de los medios de comunicación, enmarcado todo en una Constitución ilegitima, ha sido la vía perfecta para alcanzar el poder político.

Hoy, sin embargo, pierden el financiamiento del Grupo Penta, no tienen el apoyo militar que tuvieron, su faceta religiosa está cada vez más desacreditada (casos Karadima y luego O´Reilly), y mientras el resto de la derecha revisa sus principios, dejando de apoyar la violación de derechos de humanos, por ejemplo, la UDI insiste en atrincherarse en su pragmatismo. Chile, afortunadamente, está cambiando: hay cada vez más fiscalización, una ciudadanía más educada y por sobre todo más acceso a la información. La UDI, y una casta hasta ahora intocable, encerrada en su torre de marfil, no lo está percibiendo.

La pregunta es: a este paso, ¿llegará el día en que esa masa que ellos consideran de “limitada capacidad receptiva” deje de convertirlos en el partido popular y los transforme en el partido populista?…

Aldo Torres Baeza
Politika – El Ciudadano

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