Acuerdo Transpacífico negociado en secreto por el gobierno

Con el TPP, Chile entregará su soberanía a las multinacionales

El TPP, que se negocia en estos días en absoluto secreto, es la última versión de los tratados de libre comercio y obliga a los estados firmantes a cambiar sus leyes para resguardar las inversiones extranjeras. Acceso a recursos naturales, propiedad intelectual, internet y áreas financieras, entre otras, se verán afectadas para beneficio de las grandes corporaciones. Activistas llaman a exigir transparencia en las negociaciones.
El Ciudadano
2 August, 2015 12:08
#Economí­a, #Portada

TPP MundoChile había pasado un tiempo sin acuerdos de libre comercio tras el déficit financiero que sufrió en 2008 Estados Unidos. Sin embargo, a partir del 2010 parece haber superado el recelo y abrirse incluso a tratados que transa a espaldas de la ciudadanía.

El Acuerdo Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), es un contrato económico entre doce países que tiene 29 capítulos, liderado por Estados Unidos y que, según ese gobierno, “busca proporcionar un nuevo y significativo acceso a mercados para los productos y servicios estadounidenses”.

El TPP es uno de los tratados más oscuros y secretos que está suscribiendo nuestro país en los últimos años y del que hemos sido advertidos mediante organizaciones sin fines de lucro y hackers a nivel mundial. Todo lo que sabemos de él, es lo que se ha filtrado a través de WikiLeaks y que ha podido difundirse a través de medios independientes.

Este tratado multilateral es considerado peligroso porque se negocia en secreto y otorga un poder nunca antes visto a las grandes corporaciones. En los tratados de libre comercio, los únicos que siempre salen beneficiados, son las grandes economías y sus corporaciones, más allá de lo que anuncien las distintas páginas gubernamentales de los países involucrados.

El TPP ha sido suscrito por doce países que incluye a Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Canadá, y en América, además de Estados Unidos, lo han hecho México, Perú y Chile.

Sara Larraín, directora de la ONG Chile Sustentable, declaró que “este es un tratado tremendamente peligroso ya que a diferencia de los tratados anteriores, en que al menos los personajes de gobierno podían dar a conocer las minutas de negociación, este es un tratado casi absolutamente secreto y, por lo tanto, ni los sectores ni menos la ciudadanía saben lo que se está negociando. Los capítulos no se están dando a conocer antes de la negociación y todo lo que conocemos de las negociaciones del TPP es porque ha habido filtraciones de algunas organizaciones que se han conseguido a través de algunas personas los borradores de negociación y los han filtrado vía WikiLeaks. Eso es lo único que conocemos del TPP. Este tratado es el símbolo de una negociación a espaldas de la ciudadanía y de las naciones. Nosotros creemos que algo que no es transparente, algo esconde y, por lo tanto, implica una negociación absolutamente autoritaria que obviamente va en beneficio de los negocios y de los inversionistas y no de los ciudadanos “. Para Larraín “es absolutamente inaceptable que Chile se haya prestado para una negociación de este tipo”

 

Chile es el país de la región más integrado a la economía de EE.UU.

La directora de Chile Sustentable agrega que es fundamental que la ciudadanía tenga en cuenta que el TPP es una iniciativa principalmente impulsada por el gobierno de Estados Unidos con el objeto de abrir su comercio hacia la zona asiática del Pacífico y para ello está utilizando a Chile, Perú y México con los cuales ya tiene acuerdos anteriores: con México tiene el NAFTA de la década de los 90 y con Chile tiene un acuerdo bilateral bajo el mismo modelo de acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica que se extendió a Canadá y México y a través del cual están todos vinculados a la economía norteamericana. Chile dentro de la región es el país que está más integrado a la economía de Norteamérica.

Hacia una liberalización total del comercio de servicios

Asimismo, aclara. “Estados Unidos con este acuerdo está incluyendo doce países particularmente de la zona del Asia-Pacífico y en América latina México Perú y Chile y el objetivo de fondo es extender una liberalización total del comercio en las inversiones de los servicios, que no solamente están vinculados al agua y la electricidad, sino también los financieros y legales profesionales, además que a través del TPP se está tratando de incorporar las capacidades y servicios de recursos naturales y de propiedad intelectual de los países que lo están suscribiendo para que sean funcionales a la economía norteamericana”.

Para la directora del programa Chile Sustentable “es absolutamente inaceptable que el gobierno de Chile se haya prestado para una negociación de este tipo además sin dar ninguna cuenta a los países de la región y por lo tanto generando un bloque que obviamente va ser absolutamente pernicioso para la economía nacional. Es decir esto es muy bueno para Estados Unidos y pésimo para nosotros, Perú y México”.

Lo más incómodo de este acuerdo, para la activista, es que es una estrategia en la cual Estados Unidos quiere ingresar por una vía “multilateral” a Asia porque obviamente, ese continente tiene una tremenda desconfianza con Estados Unidos y no quiere abrir la puerta a su política interna.

Por tanto, agrega que “el TPP tiene dos problemas muy graves: el primero, es que finalmente va obligando a cambiar la legislación nacional, vinculada al acceso de recursos naturales, propiedad intelectual y todo lo que tiene que ver con derechos del inversionista que son los capítulos más brutales, ya que implican, incluso, que el inversionista no sólo entra como si fuera inversionista nacional, sino que tras cualquier desacuerdo con la política de Chile, puede recurrir al tribunal internacional y, por lo tanto, hay una pérdida absoluta de soberanía en relación a las reglas que se han establecido en nuestro marco legal y constitucional.

 

Un nuevo colonialismo

El segundo, creemos que es tremendamente serio y tiene que ver con el ámbito de servicios ya que fomenta una apertura total del Estado, el cual deja de ser autónomo  contra ofertas internacionales. En el caso de la salud, los medicamentos y  los distintos servicios tendrán que estar abiertos a las empresas trasnacionales y obviamente, eso significa un golpe brutal, no sólo para la industria de los recursos naturales o agricultura, sino que también para la salud, la educación, la medicina y los medicamentos. Eso significa colonialismo, no solamente en el ámbito de los recursos territoriales sino que también en el marco de tener que cambiar la legislación vigente para que sea funcional a la competitividad de Estados Unidos”, sentencia.

Así las cosas,  en relación a los inversionistas privados, el TPP expresa que estos tienen derecho a exigir un marco regulatorio que se ajuste a sus expectativas, además de otorgarle a las empresas extranjeras la misma categoría que un gobierno nacional en cuanto a la expedición de leyes y la conformación de tribunales para la solución de controversias. Aun así, esto no es lo más preocupante de este acuerdo.

El TPP se vuelve espeluznante  en su capítulo sobre propiedad intelectual: los informes filtrados revelan la intención de “proporcionar protección más extensa” en patentes, al tiempo que se refuerzan las medidas que restringen el acceso a medicinas, internet, y diseños industriales. Se otorgan derechos de autor hasta por 70 años y se toman decisiones en contra de la posibilidad de asimilar y transferir tecnología para el desarrollo industrial en los países subdesarrollados y en contra de la libertad de expresión, con consecuencias civiles y penales.

María Isabel Manzur, parte del directorio de Chile Sustentable, especialista en temas de biodiversidad y propiedad intelectual, destaca que a través de este acuerdo “nos quieren imponer patentes sobre plantas y animales, lo cual es inaceptable y un atentado a nuestra agricultura. Al mismo tiempo, nos exigen implementar UPOV 91, que otorga sistemas de patentes muy estrictos para proteger las variedades nuevas de las compañías semilleras, y todo eso atenta contra los derechos de los agricultores quienes se verán limitados a la hora de usar, intercambiar y comercializar libremente las semillas como lo han hecho siempre.  Por otro lado, Chile no ha resguardado su patrimonio de semillas tradicionales para darle alternativa a los agricultores a usar semillas no patentadas, por lo que los obligas a comprar semillas patentadas a mayor precio y con prohibición de usarlas en la temporada siguiente; deben comprar semillas año a año.”

María Isabel destaca que “al aumentar el comercio con once países, es obvio que el medio ambiente y los recursos naturales van a estar más exigidos, por lo que es completamente insuficiente exigir que cada país cumpla sus propias normas ambientales; se requiere mucho más resguardo. Además con las normas existentes ya tenemos situaciones ambientales muy difíciles, como las contaminaciones, la sobreexplotación y el colapso  pesquero, especies y ecosistemas amenazados, la escasez de agua, etc. Nos faltan normas ambientales para proteger nuestros recursos naturales y el proyecto de ley de biodiversidad, o de glaciares, por ejemplo, no avanzan”.

El TPP está imponiendo sistematizar lo que Estados Unidos ya ha hecho con los tratados bilaterales que han firmado los países involucrados en este acuerdo, pero además, trata de cerciorarse de que las leyes nacionales estén en comunión con el tratado internacional. Eso significa que Estados Unidos estaría, sin hacerlo directamente, redactando nuestras propias leyes para ajustar la interpretación de la ley a lo que el acuerdo necesita.

Para Manzur esto permitiría que “Estados Unidos pase a llevar nuestro Congreso Nacional y nuestra democracia”. Agrega que “ el TPP está imponiendo un tribunal internacional ISO. Eso significa que, por ejemplo, si una trasnacional quiere vendernos algún alimento tóxico y nosotros tenemos una ley que prohíbe ese alimento transgénico, la trasnacional puede llevar al país a un tribunal internacional con jueces fuera del país y multarlo, es decir, esto daría una posible entrada a Monsanto” y aclara que “ esto sería  un atentado a nuestra democracia ya que tiene que ver con la alimentación y la calidad de alimentos. Este tratado está interpretando un estándar para poder vender alimentos de cualquier calidad. ISO significa que también corremos el riesgo de ser obligados a importar alimentos tóxicos o de baja calidad” . El TPP no promueve los alimentos orgánicos porque serían un estorbo al comercio.

¿Beneficios para Chile con el TPP?

Para Manzur y Larraín, pensar en qué beneficia a Chile este tratado es una gran pregunta que no encuentra respuestas específicas y claras. No hay nada que salte a la vista en los archivos desclasificados que muestre un beneficio que ya no tenga con los tratados firmados con anterioridad. De hecho, es tal la peligrosidad que ven en este acuerdo que han dirigido la pregunta a los parlamentarios quienes convocaron a Heraldo Muñoz para que diera las explicaciones al respecto y cuya respuesta fue: ”Tengo confianza en los negociadores y sabemos bien lo que están haciendo y cuáles son los beneficios para Chile con este tratado”

Chile tiene acuerdos de libre comercio con cada uno de los once países que son miembros de este esta negociación. Para las activistas, este acuerdo no va a tener beneficio para Chile, sino que por el contrario, solamente va a significar más obligaciones por sobre la obligación que ya sostiene con los tratados que ha firmado con los otros países suscritos al TPP. María Isabel destaca. “Dudamos mucho que exista un beneficio directo para el país; al contrario pensamos que este tratado, que no está transparentado y que no conocemos sus textos, sólo implica abrir nuestro sistema de leyes y nuestra economía aún más, para recibir todos los productos tóxicos que nos quieran vender”

Desde la organización declaran: “Nos preocupa que Chile pudiera estar efectuando concesiones adicionales a aquellas ya efectuadas en los tratados bilaterales ya firmados y pudiera estar aceptando imposiciones abusivas que perjudiquen a los ciudadanos”

Andrea Peña El Ciudadano
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