Tres cineastas y colectivos con focos estilísticos totalmente diferentes, encabezarán la lista de cineastas internacionales que estarán presentes en el 24º FICVALDIVIA, que se realizará entre el 9 y el 15 de octubre próximo.

 

El objetivo no es sólo la difusión y la puesta en contexto del trabajo de creadores que se mantienen alejados de los circuitos comerciales, sino además generar instancias de reflexión y discusión con el público en torno a las diversas formas de entender la creación cinematográfica.

 

En virtud de la riqueza temática de su filmografía, Sion Sono (Toyokawa, 1961) es probablemente una de las figuras más exuberantes que ha estado presente en el festival. Dueño de una filmografía extensa que incluye una treintena de títulos para cine y también televisión. Sono ha decantado en una aproximación a los géneros más extremos y a la hibridación de estilos que, en primera instancia, parecen provenir desde las capas menos doctas de la expresión cinematográfica. Así, desde sus inicios en 1990 el soft porno, el cine de explotación y el cine fantástico han alimentado la textura y los temas de buena parte de sus películas y algunas de ellas han funcionado exitosamente tanto en las boleterías japonesas como en el circuito internacional de festivales.

 

La presencia de Sion Sono en Valdivia confirma el interés del Festival por rescatar manifestaciones cinematográficas que no necesariamente se vinculan con la cinefilia culta. En Sono hay un rescate de la serie B y de la autorreferencia a los códigos audiovisuales, amparado en un gusto por la desmesura expresiva y por el revisionismo de la tradición cultural nipona.

 

En ese orden de intensiones, Suicide Club (2001), registro psicótico de una ola de suicidios masivos, es en parte una muestra perfecta de sus intenciones y también la película más exitosa de toda su carrera. Este filme será parte de la retrospectiva que el Festival le dedicará al cineasta y que incluye otras cinco películas realizadas en los últimos quince años: Love exposure (2008), Guilty of romance (2011), Why don’t you play in hell (2013)

Love and peace (2015) y Tokyo vampire hotel (2017), esta última es la versión para cine de una miniserie que Siono realizó este año para la televisión japonesa. FICValdivia realizará la premiere internacional de la película.

 

Identidad sudamericana

Una de las sorpresas de la Competencia Internacional del 23º FICVALDIVIA, fue el largometraje Viejo Calavera (2016), de Kiro Russo (La Paz, 1984). El filme –sobre un grupo de mineros en la región altiplánica de Huanuni que ya venía con un buen desempeño en IndieLisboa–, obtuvo acá el Premio Especial del Jurado y puso en el contexto del público masivo el trabajo de su productora, Socavón Cine, colectivo creativo que ha hecho de la observación identitaria y de búsquedas formales coherentes con ese intento el sello de sus propuestas cinematográficas.

 

Socavón Cine estará presente a través de Kiro Russo (jurado de la Competencia Internacional), Carlos Piñeiro (jurado de la Competencia Cortometraje Latinoamericano) y Pablo Paniagua, que además de cortometrajista es el director de fotografía del colectivo. Junto a ellos viene una muestra casi completa de los cortometrajes que esta comunidad ha realizado desde su creación: Martes de Challa (2008), Max Jutam (2010), Uno (2010), Enterprisse (2010), Juku (2011), Plato Paceño (2013), Despedida (2015) y Nueva Vida (2015), La Bestia (2015) y Amazonas (2016).

 

Todas ellas son películas que hablan sobre la pobreza, la pérdida de expectativas, el registro de la memoria, la identidad y la precariedad económica. Igual que en Viejo Calavera, la búsqueda formal pasa necesariamente por evitar cualquier intento de embellecimiento de la pobreza. Lejos de ser una estética que decora la reflexión sobre la miseria, rescata de manera hiperrealista la esencia de los padecimientos de sus personajes.

 

La forma visual en Deborah Stratman

En el mismo nivel de hallazgos expresivos, la estadounidense Deborah Stratman (Chicago, 1967) ha desarrollado un proyecto creativo muy personal y autoconciente ligado a la tradición experimental y del video arte que ella supervisa prácticamente en todos los detalles: cámara, montaje y diseño sonoro de todas sus películas.

 

Con ese mecanismo construye obras pequeñas, pequeñas cartas visuales pobladas de imágenes muchas veces cotidianas y pedestres cuyas relaciones internas operan por contacto y desde allí la autora comienza a penetrar en zonas más perturbadoras.

 

La simpleza de su sistema expresivo funciona le permite desligarse de lo narrativo y abordar conceptos como el poder y la libertad que, en su caso, ha podido desplegar en la estética del documental y también desbordarse hacia otras áreas de las artes visuales.

 

Su trabajo ha sido objeto público en galerías con fuerte orientación al audiovisual, y también en festivales de cine, desde New York a Sundance, de Toronto a Rotterdam. En el marco de su visita a FICVALDIVIA se organizó la exhibición de un programa con cinco de sus obras, y todas ellas serán exhibidas en 16mm: Untied (2001), In order not to be here (2002), The magician’s house (2007), These blazeing starrs! (2011) y The Illinois parables (2016).

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