El viaje al futuro de Andrea Zárate

Andrea Zárate, cantante de la banda internacional LaSmala, lanza el primer single de su trabajo en solitario, que busca develar un mundo interior desde sus líricas, en una búsqueda musical minimalista y con vocación de simplicidad. Tras años de música y viajes, Andrea comienzan a desenredar las historias en una madeja a su medida.

Andrea Zárate es una creadora chilena de una generación que no le tiene miedo a nada. Nacida entre un mundo de contrastes -donde convivían la poesía análoga de los atardeceres sin filtro y el milagroso universo del bit-, hoy conjuga con lucidez su historia, su momento presente y una mirada futurista del oficio. Andrea es cineasta y vocalista  de LaSmala, una de las agrupaciones multiculturales y nómade más prolificas entre las herederas del movimiento musical iniciado por Manu Chao, con quienes ha girado por Italia, Alemania, España, Francia, Suiza, Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina, Uruguay y , por supuesto, Chile. Y como buena nativa de su época, va por todo.

Después de 7 años con LaSmala, de la vorágine del viaje, la fiesta y los escenarios, Andrea comienza una búsqueda de nuevos horizontes en su mundo interior, como complemento del camino que transita con su banda. La primera ventana a ese mundo está dada por “Zara Tustra”, el primero de los dos singles proyectados para el primer semestre del 2017, antesala de la grabación de su primer disco solista el segundo semestre del año.

“Zara Tustra” comenzó su rotación el 7 de mayo de 2017, con la liberación en youtube de su video clip, que estuvo bajo la dirección de Juan Millán y con Paola Latus en la actuación. El video relata la historia de una mujer absorta de la realidad que está en la búsqueda de la divinidad. “Todos buscamos la divinidad y las respuestas de la vida aferrándonos a falsos ídolos o personas falsas. Pero a veces están en las cosas más sencillas, en la gente menos pensada o, quizás, en uno mismo”, explica Andrea.

¿Qué te motiva a iniciar una búsqueda solista?

Toda la experiencia del viaje externo, que ahora se vuelve interno. Todas las experiencias se recogen y empiezas a armarte como persona, con tus pensamientos y opiniones.

Ese lado me interesa mostrar, el viaje interno, que quizás está mucho más lleno de poesía, sonidos más eclécticos y mensajes mucho más etéreos, donde nada es tan concreto. Y también desde un lado súper femenino. Por ejemplo, yo nunca le había escrito canciones al amor, porque en viaje eres una persona que va y viene, y el desapego es natural, pero estando en una vida establecida, el desapego no es natural y vas construyendo relaciones, y te vas cuestionando desde tu lugar de ser mujer esas relaciones. Por ejemplo, el qué es lo que quiero hablar como mujer, si quiero decir que sufro, lloro y digo “nadie más te va a amar como yo te amo a ti”, o realmente quiero hablar desde que yo estoy empoderada y desde mi lugar me cuestiono mi realidad, y desde ahí me vinculo con el resto. No al revés, cachai.

Ese mensaje de cuestionamiento desde un lugar femenino -y a veces feminista- me parece súper interesante en mí, porque es un descubrimiento personal. Yo no tengo la verdad de absolutamente nada, pero sí una visión, entonces estoy como en un punto de relativizar las cosas: “¿qué soy?”, “¿qué quiero?”.

¿Y qué quieres?

No me interesa cantar canciones como de noticiario: “loco te están cagando, loca te están cagando”. No me interesa hablar desde ahí, sino de qué es lo que a mí me nace construír, que de repente son cosas sencillas en verdad, que no tienen ninguna complicación política o moral. Esa simplicidad es la que quiero mostrar. En el fondo, con el tiempo he entendido que la búsqueda o el encontrar la felicidad no pasa por éxitos tan tangibles, pueden ser cosas muy sencillas, y esa sencillez yo creo que es con lo que me estoy encontrando.

¿Cómo sientes que se expresa esa simpleza en tu música?

Encuentro que he ido por un camino más minimalista haciendo música. Yo vengo de una banda de diez integrantes, con diez instrumentos, donde hay batería, timbaletas, conga, djembe, guitarra, bajo, tres vientos, tres voces: una especie casi de orquesta. Ahora hice un formato ultra minimalista, donde me interesan las intensiones y los estados emocionales que produzca, más que su complejidad musical. Es música más narrativa, por decirlo de alguna manera. Por eso he ido buscando otros lugares de sonidos, porque son otras emociones las que siento y porque quiero que la lírica sea protagonista de la música, por eso he buscado el sonido más eléctrico, me he ido a lo más minimal de la música. Y yo creo que es un proceso en que no sólo yo estoy, que somos varios, que el pop lo usa mucho más, pero que es esto de hacer esa mezcla entre el urbano y la electrónica.

Roberto Mundaca El Ciudadano
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